Los amigotes de Israel

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Hallamos un efecto nada colateral de la crisis política criolla —aún en vías de desarrollo, con guion abierto, por momentos tragicómicos— en la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Paraguay e Israel, anunciada esta semana.Habían sido interrumpidas por el país europeo, fundado sobre territorio palestino con determinante voto paraguayo en 1947, cuando el recién investido presidente de la República, Mario Abdo Benítez, ordenó el regreso de la Embajada paraguaya en Jerusalén —a donde la había trasladado como deferencia política su predecesor y enemigo, Horacio Cartes— a la frecuentada por las demás legaciones del mundo, Tel Aviv. Solo Paraguay siguió entonces a los Estados Unidos de Donald Trump en esa provocadora mudanza diplomática a la ciudad considerada santa por cristianos, judíos y musulmanes, ocupada de hecho por el Estado israelí, a pesar del plan que ordenaba su partición para árabes y hebreos.El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, celebró también ahora la paralela decisión del Ejecutivo paraguayo de incluir a Hamas y Hezbollah entre las organizaciones terroristas internacionales, a pesar de que el vicepresidente Hugo Velázquez es señalado por tener vínculos, por lo menos, con quienes a su vez tendrían vínculos financieros con aquella última organización. Es claro que ambas decisiones —relaciones retomadas y calificación terrorista a medida; a la que se suma la presencia en nuestro territorio del Grupo de Operaciones Especiales de los Estados Unidos, hasta el 11 de setiembre, aprobada por el Parlamento en plena crisis— tienen la marca de agua de la Embajada norteamericana, decisiva en la desactivación del juicio político al presidente. Aun así Yoed Magen, embajador israelí concurrente con oficina en Montevideo, calificó de “independiente”la postura de Paraguay. Habrá quien le crea.Mimado por Benjamin Netanyahu como “amigo de Israel”, Cartes fue invitado al festejo oficial de sus fiestas patrias en mayo. Estuvo sentado al lado del primer ministro israelí, como si siguiera siendo un mandatario. Como tal había visitado antes el país, acompañado de su “amigo del alma”, el también “amigo de Israel” Darío Messer. El 30 de julio pasado, como presidente de HC Innovations, presentó en un hotel de la capital Nexus Israel, un proyecto que convertiría a Paraguay en “un centro tecnológico y de innovación regional”. Esa relación empresarial privilegiada con el sionismo formaba parte del proyecto de continuidad de Cartes en el Palacio de Gobierno.El diario británico The Independentpublicó hace unos días un artículo del activista judío Rafael Shimunov, a propósito de la negativa de Israel a permitir la entrada de la congresista norteamericana Rashida Tlaib, de origen palestino. Shimunov emigró a los Estados Unidos cuando era niño, escapando desde Usbezkistán de lo que denominó la “supremacía blanca soviética”. En 2017 participó protagónicamente en las protestas contra la Orden Ejecutiva de Donald Trump, que endurece los controles aeroportuarios, con énfasis explícito en ciudadanos de determinados países y determinada religión: la musulmana.Shimunov recordó que Israel dejó entrar para una conferencia a Sebastián Gorka, parte de la organización filonazi húngara Vitezi Rend; también al canadiense Gavin McInnes, de la neofascista Proud Boys, quien dijo que en Israel hay un “miedo paranoico y quejumbroso hacia los nazis” y antes un decálogo sobre las “cosas que odio de los judíos”. Entre otros visitantes ilustres. Citó qué líderes de la ultraderecha racista europea han sido por políticos israelíes.Pero Shimunov, sobre todo, concluye que la máquina propagandística ha trocado el sentido de lo que aprendió como refugiado: que la solidaridad entre musulmanes y judíos abre puertas, no las cierra. A despecho de una palestina que quiere visitar a su abuela, escribió, “hoy los antisemitas son quienes disfrutan de irrestricta libertad” para viajar a Israel. Como nuestro mandamás en las sombras.

Fuente -> http://www.ultimahora.com