Dólar en Brasil

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Los fundamentos más permanentes están relacionados al cambio del mix de política macroeconómica en el Brasil, bajo el Gobierno de Bolsonaro y su equipo económico, que apunta a consolidar la estabilidad macroeconómica como la base para un crecimiento sostenido de la economía brasileña. La política monetaria de metas de inflación redujo exitosamente la inflación, inicialmente con tasas de interés muy altas, incompatibles con una estrategia de crecimiento que impulse la inversión privada, pero necesarias para atraer inversionistas en renta fija que demandaban mayores rendimientos para financiar el elevado déficit fiscal y las necesidades de financiamiento emergentes de ella. Estos flujos de capitales, en un régimen de tipo de cambio flexible, provocaban una apreciación del real como parte del mecanismo de ajuste macroeconómico. Esta combinación de políticas se volvió insostenible por el creciente riesgo país percibido por los inversionistas a medida que se incrementaba la deuda pública brasileña, que alcanzó niveles del 80% del PIB en 2018. Ante este escenario, el ministro Paulo Guedes y su equipo económico vienen encarando una política de ajuste fiscal gradual, con una reforma del sistema previsional en proceso de implementación, además de una reforma administrativa y tributaria con el objetivo de alcanzar y sostener un equilibrio en las finanzas públicas a mediano plazo, pero minimizando los costos económicos colaterales en el corto plazo. En la medida en que el proceso de reformas ha venido ganando credibilidad, el Banco Central del Brasil ha avanzado más agresivamente en la reducción de las tasas de interés de referencia y otras reformas que apuntan a mejorar la eficiencia del sistema financiero con el objetivo de reducir los costos de financiamiento para impulsar el consumo y la inversión privada y la consecuente reactivación de la actividad económica y del empleo. Los resultados vienen notándose gradualmente en los indicadores de actividad y las expectativas han mejorado sustancialmente. Sin embargo, el nuevo mix de políticas macro también requiere un mayor protagonismo de la iniciativa privada y una mayor inserción del país en el comercio internacional para que sea sostenible a largo plazo. Por ello, el ministro Guedes ha insistido en la necesidad de una mayor apertura comercial del país y últimamente ha demandado una moneda más depreciada en términos reales que mejore la posición de los productos brasileños en el comercio internacional. Por lo tanto, un dólar más alto en Brasil es deseado por las autoridades económicas de manera permanente. Por otro lado, la relación riesgo-retorno para los inversionistas internacionales se ha modificado sustancialmente. Aquellos atraídos por altos rendimientos han recalibrado sus portafolios, lo cual ha provocado una salida de capitales de corto plazo desde mediados del 2019 generando presiones alcistas en el dólar mitigados por intervenciones del Banco Central para evitar picos. En la última Acta del Copom (Comité de Política Monetaria del Banco Central) mencionan que con una cotización del dólar en R$ 4,25 la tasa de inflación proyectada se encontraba en la meta, indicando cierta comodidad de las autoridades con esos niveles de tipo de cambio.El nuevo mix de política macroeconómica del Brasil requiere un tipo de cambio real más depreciado. Las autoridades económicas lo declaran como deseable. La recomposición de los portafolios de renta fija de inversionistas extranjeros ha provocado una salida de capitales y una presión alcista del dólar en los últimos meses. En consecuencia, es razonable esperar un dólar relativamente más alto en Brasil en adelante, debemos estar muy atentos e ir acomodándolo lo mejor posible, buscando minimizar sus impactos negativos en la actividad económica y el empleo en nuestro país.

Fuente -> http://www.ultimahora.com