avances a flor de piel

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Tratamientos biológicos

La psoriasis fue la primera de las enfermedades dermatológicas que se benefició de los tratamientos biológicos. “Ocurrió hace ya quince años”, recuerda Lluís Puig, director del Servicio de Dermatología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Barelona). Enfocadas a estimular, reponer o modular las defensas, este tipo de terapias recibe ese nombre porque se basan en células vivas. En su mayoría, tienen como actor principal a las inmunoglobulinas –anticuerpos– que bloquean moléculas que, en este caso concreto, intervienen en las vías inflamatorias de la psoriasis. Las inmunoglobulinas actúan solo sobre el factor de necrosis tumoral alfa –citocina que estimula la fase aguda de la reacción inflamatoria– en lugar de suprimir el sistema inmunológico completo, y no tenían los inconvenientes de los tratamientos sistémicos entonces disponibles, aunque se asociaban con cierto riesgo de infección y de reactivación de infecciones latentes, como la tuberculosis.

Un problema de algunos de estos agentes biológicos es la pérdida de eficacia en un porcentaje significativo de pacientes que desarrollan anticuerpos frente al fármaco. Años más tarde se produjo un gran avance: la introducción de un agente biológico dirigido contra la interleucina 23, el principal regulador de la activación de los linfocitos Th17. Aunque también inhibe la citocina proinflamatoria IL-12, el perfil de seguridad de este fármaco es excelente, puede administrarse cada doce semanas y produce anticuerpos en muy pocos pacientes.

El siguiente desarrollo fue la introducción de fármacos dirigidos contra la IL-17, el principal activador de los queratinocitos y determinante de la respuesta inflamatoria en la psoriasis. Estos anticuerpos monoclonales –proteínas producidas en el laboratorio que, como misiles teledirigidos, se unen a sustancias diana del organismo– se caracterizan por la rapidez de su inicio de acción, y permitieron conseguir por primera vez una mejoría de un 90 % en más de dos tercios de los pacientes, y un blanqueamiento completo de la piel en el 40 % de los casos a partir de las doce semanas, que se mantiene en la mayoría al continuar el tratamiento.

El regulador de la producción de IL-17 es precisamente la IL-23, por lo que al actuar específicamente sobre esta última consigue un efecto más persistente; los agentes biológicos de esta nueva familia se administran cada ocho o doce semanas, y son capaces de inducir la remisión de la enfermedad –es decir, que tarda muchos meses en reactivarse aunque se suspenda el tratamiento– en un gran número de enfermos. Por otra parte, “se trata de moléculas muy eficaces que funcionan en la mayoría de pacientes, independientemente de sus características –peso, fracaso de tratamientos previos, etc.–, con un perfil de seguridad excelente”, apunta el doctor Puig. La mayoría de los enfermos alcanzan un blanqueamiento completo de la piel.

Fuente -> https://www.muyinteresante.es