¿Y si hacemos una vaquita para cambiar de chip?

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Cuando el lunes se le preguntó al senador Beto Ovelar cómo solventaría el Partido Colorado la movilización de sus partidarios para que concurran a manifestarse a favor del presidente de la República, el legislador dijo que harían una “vaquita”. Esta práctica tan común que se plantea cuando se busca solventar algo entre todos (desde el tratamiento médico de un amigo hasta un asadito after office) en boca de alguien como el legislador Ovelar no solo suena tan desdibujada, sino que es una tremenda bofetada a la inteligencia. Más aún cuando el grueso de la concurrencia a la manifestación progobierno constituyeron los funcionarios públicos, lo que lleva a la inevitable sospecha de dónde salieron los recursos para contratar los ómnibus, equipo de sonido y montar el escenario. Comprar las banderitas rojas y tricolor, los carteles alusivos al acto, las botellas de agua y comida para sobrellevar varias horas de pie. Todo lo cual tiene su costo. Para estos funcionarios que son tales gracias al partido que sigue tutelando “la democracia” en el país, no rigen las restricciones de la Ley del Marchódromo, ni la prohibición de abandonar sus puestos en horario laboral. La aplicación a rajatabla de estas normas se da solo para los indígenas, campesinos, estudiantes y otros sectores. Ayer el propio Mario Abdo Benítez reafirmó esto. Abandonó el Palacio de Gobierno y concurrió a la plaza para “saludar a su pueblo” (los colorados). Lo hizo en un momento complicado en que todo su empeño debería focalizarse en levantar su desgastada imagen. Cuando ayer veíamos la “demostración espontánea” de apoyo al presidente de la República, terminamos de constatar que si hemos avanzado 5 pasos en calidad democrática y en ejercicio ciudadano, retrocedemos 10, por obra de los dirigentes escombros. Cuando leí lo de “hacer una vaquita”, pensé en qué interesante sería que los Beto Ovelar y compañía destinen mensualmente un porcentaje de sus honorarios, no para actos armados y de supuesta demostración de apoyo al líder de turno, sino a un programa nacional que contenga educación cívica, derechos humanos e historia del pensamiento político, entre otras materias. Además de biografía de los hombres y mujeres ilustres que tuvo el país, que se caracterizaron por su honestidad, intelectualidad, aporte al bien común, y por su patriotismo. Y que se utilicen las redes sociales para educar a los ciudadanos, antes que en pretender vanamente contrarrestar a través de ellas la sabia e implacable definición ciudadana resumida en la expresión: “desastre ko Marito”, que es como se percibe a Abdo Benítez al frente del Ejecutivo. Se imaginan si los partidos y movimientos políticos, las instituciones educativas y organizaciones de distintas índoles comenzaran a hablar de valores como la honestidad o de los principios que deberían observar los servidores públicos. O si como sociedad avanzáramos más aún recuperando el significado a conceptos como patria, soberanía, pueblo e interés común, tan manoseados, y que los materiales que ayuden a lograrlo se hallen disponibles en todas las plataformas y formatos posibles… Es a este tipo de acciones que deberían destinar sus “vaquitas”, como expiación, todos aquellos personajes devenidos a políticos que bastardearon y bastardean la política. Se trata de intentar resarcir el daño hecho, aportando a una campaña ciudadana que represente un verdadero cambio de chip, y cuyo primer escenario de aplicación sea el Congreso Nacional. Esa sí sería una patriada y no la triste y denigrante práctica de destinar recursos para movilizar a funcionarios públicos o a ciudadanos en situación de vulnerabilidad. Compatriotas estos que, como la gran mayoría del país, en más de una ocasión se ven obligados a recurrir a las “vaquitas” porque no están garantizadas las oportunidades para atender sus necesidades básicas.

Fuente -> http://www.ultimahora.com