Tropezar con la misma piedra – Opinión

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Muchos de los lectores recordarán aquella estrofa de la canción que hizo famosa Julio Iglesias “Tropecé de nuevo con la misma piedra…”. Para toda una generación es una de las melodías que cada tanto regresan a nuestra memoria para recordar tiempos pasados… Pero conductas aún muy presentes.

16 de noviembre de 2020 – 10:55

Daniel Kahneman en su libro “Piensa rápido, piensa despacio” nos dio cierto alivio al explicar los dos sistemas que operan en nuestro cerebro. El “automático” que realiza las tareas básicas de la rutina, y por lo tanto es muy útil para las tareas fáciles generando lo que él llama “anclaje” – por el peso en nuestra vida de este sistema – y por el otro, un sistema complejo que exige mayor sacrificio y por lo tanto un mayor esfuerzo.

La mayoría de los seres humanos operamos casi todo el tiempo en el sistema uno. El sistema fácil. En donde las asociaciones simples nos ayudan a resolver en corto tiempo nuestras decisiones. Por lo que básicamente la persuasión es una herramienta para manipular a nuestra propia memoria que saca una conclusión rápida para escoger aquello que de manera eficiente nos ayudó en el pasado para volver a tomar la misma decisión.

Ante la complejidad del mundo, nos cerramos dentro del sistema uno y decidimos interpretarlo ajustando la visión del mundo para explicar los hechos como causales. Desconfiamos de los expertos y de aquellas explicaciones complicadas sobre los eventos económicos, que hasta hace unos pocos años eran solo explicados por una supuesta racionalidad de las teorías predominantes.

Toda esta introducción, amable lector, es para que podamos comprender porqué en nuestro país hace cuatro décadas pagamos por un sistema de alcantarillado que no existe en un 70% del área urbana, porqué aceptamos estoicamente que los cortes de luz se extiendan 12 horas, porque el sistema educativo no ofrece soluciones que mejoren sustancialmente las oportunidades de los niños, o porqué seguimos votando opciones políticas que son abiertamente corruptas, ineficientes y engañosas, aún cuando seamos supuestamente conscientes de tal realidad. La verdad es que el ser humano no siempre toma decisiones que lo beneficien, tal como nos engaña el cerebro. Por lo general, tomamos decisiones en base a una complicada red de estímulos mentales que terminan decantando por lo “fácil y conocido”.

Debemos replantear la forma de encarar nuestra vida política y nuestra participación en sociedad. La “comprensión retrospectiva” ha demostrado científicamente que todos estamos mucho más dispuestos a pelear por no perder lo poco que tenemos antes que luchar por las grandes conquistas que podemos lograr si abandonamos nuestra zona de confort.

¿Pero cómo lograrlo? No es sencillo, tampoco imposible. Debemos construir narrativas. Hoy, por ejemplo, podemos hablar con mucha facilidad y ligereza sobre los grandes problemas de la “igualdad” y la gran tendencia – sobre todo en grupos de gente más joven – a considerarse “socialistas” ya que lo que conocieron es la gran cantidad de riquezas en el mundo de manera a que esta pueda ser dividida entre quienes no lo tienen pero sin considerar como se generaron esos bienes. Ese desconocimiento del proceso de construcción de que estas riquezas se dio en el medio de periodos de tremenda escasez y en base al enorme esfuerzo de grupos humanos que construyeron esos bienes con enorme sacrificio y esfuerzo colaboran para el conocimiento parcial de la historia. Ejemplo local, las colonias menonitas que se asentaron en el país hace 90 años. Dentro de estas colonias por ejemplo, por el conocimiento de su propia historia, no pueden concebir que alguien reciba algo sin que sea generado a través de su propio esfuerzo.

Es importante volver a leer y enseñar historia y filosofía. Es urgente. Nos ayuda a “pensar despacio” y validar nuestras fuentes para una decisión. El conocimiento de la historia de nuestros propios abuelos, por ejemplo, nos revelará aquellos periodos de “las vacas flacas” cuando los hermanos racionaban sus comidas diarias y redoblaban los esfuerzos para llegar a fin de mes. Es de las historias más emocionantes que podemos escuchar. Y es la mejor forma de comprender que no existe éxito sin trabajo, ni riqueza sin producción. Al fin y al cabo es nuestra propia historia, si no tomamos decisiones correctas.

Porque así como decía el propio Julio Iglesias: “Porque es sabido que el que amor entrega, De cualquier manera tiene que llorar…”. Contemos el final de la frase a las nuevas generaciones: Alguien siempre corre con la cuenta del banquete.

Fuente -> http://www.abc.com.py