Tarde, como siempre… – Opinión

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La “hora paraguaya”, que hace que los eventos inicien siempre con una hora de atraso, es fiel reflejo de una vieja costumbre nacional: llegar tarde a todos lados. Si esto se aplicara sólo al horario en que comienzan las actividades públicas no sería tan duro como el hecho de que también estamos llegando tarde como sociedad –y en particular el Gobierno y sus instituciones– a situaciones que ya sabíamos que ocurrirían y que, por no preverlas, se han convertido en catástrofes.

Estamos entrando a una sindemia, tendremos este verano las amenazas del dengue y el covid-19 al mismo tiempo. Son enfermedades que nos dejaron ya varios muertos y que requieren de una importante capacidad de internación y atención médica en los servicios públicos de salud.

A la vez, el sol se tiñe de naranja, sopla el viento y el cielo se cubre de una densa humareda, las cenizas manchan el suelo, se impregnan en la ropa y ni el tapabocas que ya usamos para evitar el covid, es suficiente para protegernos de la toxicidad de las partículas suspendidas en el aire. Los incendios se esparcen por todo el país –muchos provocados, otros accidentales– ante la ola de calor, con 42 grados centígrados al mediodía, y la falta de lluvias. Añejos árboles, pajaritos en sus nidos, monos, aguaras guasu, fauna y flora de todo tipo muere con el paso de las llamas; que también nos cuestan vidas humanas.

Con la sequía tampoco hay agua potable; el hilo de líquido que sale de las canillas no es de fiar y terminamos en el hospital con vómitos y diarreas.

Pero las “señales” del “fin del mundo” que vivimos, en gran medida pudieron evitarse, o por lo menos mitigarse. No nos puede sorprender que llegue el verano. Las campañas de fumigación y recolección de basuras para prevenir el dengue pudieron hacerse durante todo el año. Si bien es cierto que el covid-19 es una enfermedad nueva, ya en enero sabíamos que llegaría al Paraguay, pero cuando lo hizo debimos entrar en cuarentena y darle tiempo al sistema público de salud para que se prepare. Siete meses después, no está listo del todo.

La sequía no se podía evitar, pero en enero se sabía que llegaría en setiembre y se podían haber tomado medidas preventivas. De hecho, hace más de 20 años estudios científicos advierten que la deforestación desmedida y el uso irresponsable de químicos dañan al medio ambiente. Pero las normas ambientales existen sólo para quienes no tienen poder y dinero. Y si los sistemas públicos de recolección de basura funcionaran, se prevendría el dengue y a la vez se evitaría que 700.000 familias quemaran sus desechos como forma de eliminarlos. El Estado es permisivo, corrupto, negligente. Y llegamos tarde, como siempre…

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Fuente -> http://www.abc.com.py