¿Se alquilan bicis? – Bienestar

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La primera vez que alquilé una bicicleta fue en la ciudad de los rascacielos, hace ya unos años. Era una hermosa mañana de otoño en la que con mi eterna compañera de aventuras caminábamos por el Bajo Manhattan. Durante nuestro recorrido, recuerdo que pasamos aceleradamente la tienda de Tiffany & Co. sobre la Wall St. y que nos detuvo brevemente el despliegue de golosinas en un negocio de la Fulton pues, por cosas del hado -misterioso e insondable en sus designios-, nuestro destino era una discreta vidriera de la South desde cuyo interior un par de bicis nos guiñaron el ojo; alquilarlas, montarnos en ellas y rodar por el distrito financiero neoyorkino, hasta atravesar el Brooklyn Bridge -una fabulosa obra de ingeniería cuya construcción la comenzó un hombre, en 1870, y la terminó una mujer, en 1883-, fue todo uno. ¡Fue una experiencia inolvidable!

17 de diciembre de 2020 – 07:07

Esa tienda de alquiler de bicicletas tenía un encanto especial, del que carecían las bicis del CITY BIKE (el sistema de intercambio de bicicletas públicas que, bajo gestión privada, cubre gran parte de la ciudad de Nueva York), y no porque fueran feas, o porque ese servicio sea malo (pues no lo es, aunque las bicicletas deben ser devueltas a los 30 minutos de prestadas y eso puede llegar a ser inconveniente), sino por algún motivo que no sé explicar.

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La posibilidad de acceder a una bicicleta, si es que uno no la tiene; no puede, o no quiere adquirir una, es algo invalorable, y su utilidad salta a la vista. Con esa fantástica vivencia en mente me pregunté, ¿será que en Asunción tenemos esa opción, fuera de los puestos que solían verse en la Costanera en la era pre-covid?

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Como soy curioso, indagué en varios grupos de ciclistas y activistas y me pasaron los datos de cinco tiendas que, según mis informantes todos del ámbito, se dedicaban al alquiler de bicicletas. Con mucho entusiasmo les escribí a los responsables de cada una de ellas preguntándoles sobre si efectivamente prestaban ese servicio, en qué condiciones, de qué tipo de bicicletas disponían y cuánto costaban. Mi objetivo era compartir esa información con los lectores de esta humilde columna, siempre ávidos de saber más sobre este apasionante mundo. Hasta el día de hoy sigo aguardando una respuesta, aunque más no sea algo tan simple y cortés como un NO.

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Sé que en la Costanera las alquilaban por hora, y también las había disponibles en paseos masivos. Pero por ejemplo ¿Es posible en Asunción alquilar una bici por una tarde para hacer unas diligencias y luego devolverla? En una ocasión, un amigo que vive en un country estaba indeciso acerca de comprar o no una bici y pensó en alquilar una por un mes, para ver si le tomaba el gusto (yo ni dudé de que lo haría, pero el que tenía que probar era él). ¿Se puede? ¿Qué pasa si viene alguien de otra ciudad o país para quedarse una o dos semanas y quieren moverse en bici? ¿Se la alquilan por ese lapso?

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¿Será que las microempresas a las que contacté no sobrevivieron a la pandemia? Escuché y leí historias acerca de gente que alquilaba las bicicletas con cédulas falsas o robadas, y que nunca las devolvía. ¿Eran mitos urbanos o una cruel verdad?

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Aquí caí en cuenta que lo que contaba al principio sucedió en una gran nación, la que precisamente es grande porque se nutre del esfuerzo, tenacidad, voluntad, creatividad e ingenio de sus habitantes que, a diferencia de lo que ocurre en otras partes del mundo, no están a la espera de que sea el Estado el que se ocupe de satisfacer sus necesidades.

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Las bicicletas se merecen ganar presencia en las calles y ocupar sus espacios y los emprendedores que se vinculan con este ámbito tienen en ese sentido una gran responsabilidad. Tal vez no les vaya lo suficientemente bien en su negocio. ¿Cuánto de ese destino se puede atribuir a la calidad de su gestión?

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En conclusión, como lo vengo sosteniendo, el facilitar infraestructura y medios para la movilidad en bicicleta es una cuestión que a todos incumbe y beneficia (incluso a aquellos que ni siquiera saben pedalear); y, puedo agregar que, la oferta privada resulta muchas veces, por modesta que sea, más atractiva, necesaria y efectiva que la pública.

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Fuente -> http://www.abc.com.py