Política Pública – Opinión – ABC Color

0
13

Hace 20 años Joan Prats, entonces director del Instituto Internacional de Gobernabilidad de Cataluña, en coincidencia con una visita suya al Paraguay, señalaba en un artículo que hasta hoy tiene plena vigencia que “América Latina tiene malos resultados en sus cifras de desarrollo porque tiene malos gobiernos (…) entonces lo que necesitamos son buenos gobiernos”. Es tan difícil de aplicar dicha brillante idea como fácil es pronunciarla.

12 de octubre de 2020 – 06:49

En el resto de su memorable artículo “Ética del Oficio Político”, Prats desarrolla ocho habilidades que debería tener cualquier líder que pretenda hacer un buen gobierno. Si bien la “ética” está desarrollada en las 30 páginas del artículo, se explica detalladamente porqué esta virtud tan reclamada de nuestros líderes, no es suficiente para llevar a cabo las transformaciones que necesitamos en los gobiernos de nuestros países.

Necesitamos una “política pública” para desarrollar nuestros países. ¿Pero qué es? Por simplificación esquemática digamos que existen dos tipos:

Existe una “política de gobierno” que es la que desarrolla un grupo político cuando gana una elección y está basada – muy pocas veces – en su plataforma o programa que presentara al momento de lanzar su candidatura. Y por el otro lado, existe una “política de Estado”, que es la que desarrollan las instituciones públicas sin importar qué partido político o coalición gobierne y es aceptada por la sociedad como una práctica de poder conveniente para el desarrollo o al menos tendiente hacia un mejor estado de bienestar.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos que la “política de Estado” es seguir las improvisaciones de quien asuma el poder ya sea a nivel nacional, departamental, partidario o incluso dentro de las internas de los movimientos cuando los cambios en algunas posiciones oficiales obedecen a la necesidad de “consensos” internos dentro de las nucleaciones políticas.

Es decir, no tenemos “políticas públicas” entendidas estas como el conjunto coherente, sistémico y armónico de decisiones emanado desde la autoridad y que pretenden desarrollar sectores diversos de un Estado como la Economía, la Política Exterior, el Desarrollo Social, la Política Tributaria, solo por citar algunos de los temas que un Estado debe atender para su bienestar.

Lo interesante de este interesante material de Joan Prats es lo claro en las características que deberían tener los líderes para poder – cuanto menos – hacer un análisis preliminar de cuán propensos serán a gobernar hacia políticas públicas que al tiempo que se desapeguen de los personalismos generalmente abrasivos y corruptos, predispongan a la transparencia y a la participación ciudadana en la construcción de riquezas para todo el grupo social.

¿Tenemos una política pública energética? ¿O de desarrollo industrial? ¿O de producción agrícola ganadera? ¿Tenemos una política educativa? ¿Tenemos una política de seguridad? ¿Y una política de defensa nacional? ¿Y una de desarrollo científico? ¿Y una de innovación para el desarrollo?

Espero que el lector, especialmente los servidores públicos, no se sientan tentados a responder con el conjunto de acciones enumeradas en la última presentación de la memoria anual de la institución pública donde prestan servicios. Lastimosamente esas no son políticas públicas. Son acciones hechas con muy buena intención pero que están desconectadas, no alineadas y hasta muchas veces contradictorias con otras muchas acciones que obran en otros anuarios de otras instituciones.

No es para amargarse. Tampoco para estar orgulloso. Pero de algo podemos estar seguros para alegrarnos: ¡tenemos mucho por hacer! En el 2008 en una encuesta realizada por consultores chilenos que vinieron a hacer el bosquejo de lo que quería ser la primera agenda digital (sí, hace doce años, no cuenten más) el 80% de los funcionarios no supieron responder a la pregunta “¿Cuál es su función en la institución donde desarrolla sus servicios?

¿Qué pasó desde aquel entonces hasta ahora? Tampoco desesperen estimados lectores: No pasó nada.

Porque como dice el Profesor Bernardo Toro tener una política pública es tener una pasión desde el titular de una cartera de estado hasta el niño que se beneficia de la acción de dicha institución. Tener una política pública es estar apasionados por lograr una meta social conjunta desde el presidente de una república hasta los padres de una familia. Tener una política pública finalmente es – como señalara el profesor Toro en Argentina y al ministro de educación de aquel país en su momento – que “nos interese el servicio público como nos interesa nuestra selección de fútbol”.

En la semana que pasó el gol de cabeza de Perú sobre los 85′ contra nuestra selección y que significó el empate con los incaicos, logró mas atención, preocupación, bronca y sufrimiento que la decisión tomada por 47 diputados de suspender a una colega por 60 días por denunciar que hay candidaturas pagadas por las mafias dentro del congreso nacional…

Sería tan interesante que cada día, tomemos una sola noticia del área que se relacione con nosotros – educación, deportes, inversión extranjera, industria, comercio internacional, impuestos, leyes, justicia – y dedicáramos 5 minutos a alternarnos, y conectar con algunas personas que estén igualmente indignadas para hacer algo…

No se cuánto llevará 5 o 20 años, pero es el único camino para elegir mejores gobiernos que realicen mejores políticas públicas. El otro camino es seguir haciendo lo mismo y pasar otro siglo de atraso y puro plagueos. ¿Qué camino elegimos?

Fuente -> http://www.abc.com.py