Nuevas máquinas para desvelar los secretos del cosmos

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El 20 de julio de 1969, el astronauta de la NASA Neil Armstrong, que comandaba la misión Apolo 11, hizo historia con su “pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”. Había pisado la Luna. Han pasado más de cincuenta años desde aquella gesta, pero hoy, en 2020, no contamos con un cohete capaz de enviar a una tripulación al satélite. Es más, los espléndidos planes que hace medio siglo contemplaban mandar exploradores a Marte o más allá quedaron en un cajón y, desde la misión Apolo 17, en 1972, nadie ha dejado la órbita de la Tierra.

No obstante, todo está a punto de cambiar. “Estoy convencido de que una nueva era de la exploración espacial tomará forma en lo que me queda de vida”, escribe Buzz Aldrin –compañero de viaje de Neil Armstrong–, en Space 2.0, un ensayo en el que el escritor Rod Pyle aborda este asunto. La NASA está trabajando a marchas forzadas en el programa Ártemis (hermana de Apolo), cuyo objetivo es enviar a una mujer y a un hombre a la Luna en 2024. Esta vez, la idea no es solo pisar su polvorienta superficie, sino quedarse, buscar agua y sentar las bases para poner en marcha una empresa todavía más ambiciosa: enviar humanos a Marte en algún momento de la década de 2030. Por delante, quedan muchas incógnitas y desafíos técnicos; entre ellos, preparar a los miembros de esa expedición para pasar varios años aislados en el espacio.

Mientras tanto, se ultiman varias misiones robotizadas que nos permitirán escudriñar el universo como nunca antes. Con la nueva generación de telescopios espaciales quizá podamos por fin determinar la existencia de vida en otros mundos, dentro de nuestro vecindario o fuera de él (desde que se localizaron los primeros exoplanetas, en 1992, se han detectado casi 4.200 de ellos). Hoy sospechamos que en el subsuelo de Marte y en los océanos que se esconden bajo las cortezas heladas de algunas lunas de Júpiter y Saturno podría haber prosperado vida microscópica. “Cada vez contamos con más pruebas que confirman que la vida puede surgir en entornos durísimos –explica Günther Hasinger, director de Ciencia de la Agencia Espacial Europea (ESA)–. En las próximas dos o tres décadas, descubriremos indicios de su existencia lejos de la Tierra, seguramente sin salir de nuestro sistema solar”.

Antes, los responsables de esta agencia, así como sus colegas de la NASA, tendrán que decidir qué misiones se pondrán definitivamente en marcha. “Estamos en un cruce de caminos”, indica Didier Schmitt, director del programa de exploración humana y robótica de la ESA. Esta institución, que aprobó en 2019 el mayor aumento de su presupuesto en su historia reciente, hasta los 14.388 millones de euros, abordará este año su plan estratégico Voyage 2050, donde se fijará su programa científico entre 2035 y mediados de siglo.

Fuente -> https://www.muyinteresante.es