No solo “rebote”; necesitamos crecimiento sostenido – Económico

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Una fuerte caída viene ocurriendo aquí y en el mundo. Fueron suficientes un promedio de 90 días de cierre para que las economías de los países ingresaran a un shock de oferta y demanda.

Este hecho inédito es peor que la constatada en la conocida Gran Depresión de la década del ’30 del siglo pasado. El shock de oferta y demanda afectó la formación del ahorro, la inversión, la producción, el comercio y el consumo.

A nivel interno de cada país, los efectos son dispares. Según la categoría de sector, como una cadena que se rompe en su parte más débil y que tarda en reponerse, los que más sienten el corte en la cadena de movimientos comerciales y de pagos son los que están en la informalidad, los que viven el día a día. Ahí no hay red de contención crediticia y de seguridad social.

El caso de Paraguay es emblemático. La alta informalidad hace que las ayudas lleguen hasta donde se tiene cierto control, los formales; luego, quedan los verdaderos pobres que siguen sumidos a su suerte. Este escenario llega a más de la mitad de la población económicamente activa, lo que supone que de cada diez trabajadores, apenas tres tienen alguna red de “protección”, si se le puede llamar así aún con el importante esfuerzo que hace el Gobierno.

El país no estaba preparado ni por asomo para algo como lo que ahora enfrenta. El estatismo lacerante quedó al desnudo. Y aunque sigue siendo el paradigma de muchos, los hechos prueban que en nuestro país se ha construido un Estado como un gigante de pies de barro, que ni tan siquiera puede dedicarse a sus faenas constitucionales como la seguridad, la educación y la salud, como se puede notar en estos días.

Multimillonarias sumas de dinero siguen otorgándose a ese Leviatán. El presupuesto público crece en desmedro de la gente, en especial del hombre y la mujer corriente de las ciudades y el campo. Estamos ante una tragedia, si se toma en cuenta una población de 7 millones de habitantes (una ciudad en otros países) en una nación con tantos activos estratégicos desaprovechados por las malas ideas y prácticas en las que enseñorean la corrupción, la ineficiencia y las riquezas mal habidas.

Solución a la tragedia

Solo hay una solución para esta tragedia: el crecimiento económico. Y no se trata solo de seguir con el mismo discurso del famoso efecto “rebote”, que ciertamente se puede dar el próximo año, puesto que si ahora se producen 3 en pandemia, pues es lógico que pronto se volverán a producir 7 y 9, lo que inexorablemente provocará aquel rebote. Pero precisamente esto muestra el poco, exiguo y hasta lastimoso poco sentido aspiracional para mirar hacia adelante y para empezar una era de prosperidad en el Paraguay, como nunca antes se tuvo en su historia.

Una de las causas de esta falta de mirar con un amplio y fuerte sentido aspiracional está precisamente en subestimar y hasta desconsiderar el valor de los habitantes de este país. En efecto, los paraguayos que van a Estados Unidos o a Europa, llegan a tierras para ellos muy extrañas porque provienen de familias carenciadas y hasta con poca preparación; sin embargo, pronto cuentan con mejores condiciones de vida a base disciplina, trabajo y dedicación, donde algunos ni tan siquiera tienen un fin de semana.

Es esta idea predominante del estatismo mercantilista el que empobrece al país. De ninguna manera es la cultura, la raza o cualquier otro pretexto el que está causando que solo estemos a la espera del efecto “rebote”, sino el estatismo donde el Estado se ha convertido por obra y gracia de sus malos y de escasos luces dirigentes, en aquel gigante de pies de barro, ineficiente, derrochador.

Hasta tienen la “cancha” libre para seguir malgastando más del 4% del Producto Interno Bruto (PIB), suma que llega a mil seiscientos millones de dólares, tirados a un barril sin fondo, pero que termina ahí donde unos pocos siguen beneficiándose del trabajo, el esfuerzo diario y de los impuestos de unos pocos que siguen pagando aquel despilfarro.

Sin ideas de progreso

Ni tan siquiera nuestros gobernantes miran lo que ha ocurrido en otros lugares que habiendo estado en peores situaciones que el Paraguay, consiguieron el crecimiento sostenido de sus economías concitando un “milagro”, expresión desde luego que significa libre mercado, imperio de la ley, seguridad y garantías a la vida, la libertad y la propiedad; bajos impuestos, desburocratización, desmonopolización y otras medidas harto conocidas y exitosas, pero que aquí siguen siendo desconocidas y mejor dicho deliberadamente dejadas de lado porque permitirán terminar con la sociedad del privilegio de algunos que prefieren seguir así, total los mismos de siempre pagan el endeudamiento e impuestos y ¡pronto pagarán todavía más!

De llevarse a cabo ciertas reformas que no pueden tardar más de dos meses en ponerse en ejecución, como reducir todos los impuestos, desregular el mercado laboral y de este modo aprovechar la formalización de amplios sectores sin acceso al crédito y sin seguridad social, desmonopolizar el sector eléctrico, aplicar un programa de austeridad en todo el estamento estatal desde el gobierno central hasta los municipios sin excepción así como eliminar toda la burocracia para crear nuevas empresas, se puede iniciar aquel milagro.

Desde luego que lo expresado es apenas el comienzo de otras reformas a llevar a cabo; pero el solo hecho de iniciar las mencionadas más arriba emitirá señales positivas al mercado nacional y extranjero, que en semanas se podrá notar un cambio trascendental debido a lo expresado en la teoría de las expectativas racionales, teoría que también es profundamente pragmática. El atraso, la corrupción y el desempleo se deben a la falta de crecimiento económico bajo el amparo y resguardo del Estado de Derecho. Paraguay no sufre maldición alguna y así como pudo levantarse como pocas naciones del mundo de dos guerras internacionales, también puede levantarse en crecimiento económico, dejando de una vez por todo el populismo, la politización, las malas leyes y la obsesión de unos pocos por seguir apostando por un modelo que solo sigue multiplicando pobreza entre las familias paraguayas que se merecen un mejor porvenir en su propia tierra.

Más que “rebote”, necesitamos crecimiento económico real y sostenido a lo largo de varios años y las medidas están para ponerlas en práctica y se las debe hacer antes que sea tarde.

(*) Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

Fuente -> http://www.abc.com.py