Nefasto cuoteo político en el nombre de la gobernabilidad

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Una de las cosas que necesitamos cambiar –y en lo cual podemos dar un paso importante en estas elecciones municipales– es acabar con el famoso “cuoteo político”, que significa llenar las instituciones públicas, en este caso las municipalidades, de personas que tienen como único mérito haber “trabajado” por el candidato ganador.

Vemos, por ejemplo, que en la administración del intendente Miguel Prieto, al asumir, llenó la institución de vasallos, amigos y demás deudos políticos. Lo mismo, en la Junta Municipal, que se llenó de operadores políticos, a pedido de los diferentes ediles, con lo cual el intendente se aseguraba la famosa “gobernabilidad”.

Este nefasto sistema se tiene que acabar. Se trata de un viejo modus operandi, de presionar desde el legislativo al ejecutivo de turno, en el nombre de la tal “gobernabilidad”. Lamentablemente, el prebendarismo y el cuoteo político, que redundan en una descarada repartija de cargos públicos, ya han causado muchísimos daños a nuestro país, quedando relegada la famosa “meritocracia”.

Suele justificarse cínicamente esta práctica del “cuoteo político” con la necesidad del control recíproco o con la de proveer de cargos a quienes podrían impedir la gobernabilidad. Aunque así fuera, el resultado es que los concejales o partidos beneficiados cuentan con funcionarios que retribuyen a sus dirigentes el favor recibido. Es previsible que sea muy complaciente quien sabe que fue designado por su afiliación y no justamente por sus merecimientos. El perverso sistema, que por supuesto no se limita solo a la Municipalidad de CDE, sino se extiende a todos los entes del Estado, de los tres poderes e incluyendo a las binacionales, beneficia a los dirigentes políticos y a sus clientelas.

Perjudica a la inmensa mayoría de los paraguayos, que tienen que padecer a tantos funcionarios, fiscales y magistrados ineptos y corruptos, cuyo único merecimiento para ejercer un cargo es tener un respaldo partidario. No solo resultan excluidas de la función pública las personas honestas e idóneas que no están afiliadas a ningún partido, sino incluso aquellas que, estando afiliadas y reuniendo esos atributos, carecen del apoyo del sector dominante dentro de su partido. En efecto, las nocivas consecuencias del cuoteo se agravan aún más por el hecho de que los partidos no promueven a sus mejores miembros, sino a aquellos que saben adular a los personajes influyentes. De más está decir que si un cargo corresponde a cierto partido, su candidato se impondrá sobre el afiliado a otro, aunque carezca de todo mérito.

El cuoteo destruirá a nuestra democracia si no se le pone fin. Un sistema de partidos colapsa cuando la corrupción y el manejo prebendario de la cosa pública son insoportables. Hace falta que los partidos orienten la política nacional, como quiere la Constitución, en vez de dedicarse al repugnante tráfico de cargos. La distribución de prebendas es una faena vacía de contenido político real. El cuoteo nada tiene que ver con el buen Gobierno, sino con las ganas de aprovecharse del dinero público. Un buen Gobierno requiere el concurso de personas idóneas y honestas. Pero no son ellas, precisamente, las favorecidas con el infame cuoteo.

Ojalá se pueda empezar a cambiar esta situación y la ciudadanía castigue en las urnas a los intendentes que ceden a este sistema, priorizando el cuoteo político y contratación de “amigos”, por encima de la meritocracia. Ya es hora de empezar a cambiar.

Fuente -> http://www.laclave.com.py