Navidad con mascarillas

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No será así. Al menos, no como lo esperábamos con ilusión. El ministro de Salud, Julio Mazzoleni, y las autoridades del Gobierno han vuelto a protagonizar un bochornoso episodio de falta de comunicación y claridad política. Tras anunciar la prohibición de viajes desde Asunción y Central al interior del país durante Navidad y Año Nuevo, ante el alarmante aumento de casos de contagio de Covid-19, apenas horas después, secundado por el ministro del Interior, Euclides Acevedo, Mazzoleni se desdijo, avisando que no se iban a prohibir los viajes, aunque sí se mantienen las prohibiciones de bailes, playas, balnearios, fútbol, con limitación de asistentes a la cena navideña y despedida del año. Uno probablemente tiene derecho a equivocarse y a rectificar lo que antes había asegurado en vivo y en directo a todo el país. El problema es que, entre uno y otro anuncio, centenares de personas que habían hecho reservaciones previas en hoteles, posadas, restaurantes y lugares turísticos, para pasar las fiestas de fin de año en lugares más distendidos, decidieron cancelar los compromisos, golpeando duramente a sectores que intentaban recuperarse de las millonarias pérdidas por meses de paralización. Las irresponsables dudas y reculadas de los gobernantes le cuestan mucho dinero al país, pero es bastante más lo que se pierde en credibilidad y en la necesaria confianza de creer que están haciendo lo correcto ante la grave emergencia. A esta altura, quienes inicialmente se tatuaron el rostro de Mazzoleni por la admiración inicial a su gestión deben estar gastando lo poco que les queda para borrar al capitán de un barco que parecía firme ante la tormenta, pero se reveló como un navío pirata zozobrando ante el mar de la corrupción. Aun así, con dudas y vacilaciones, con pérdidas de confianza, no nos queda más que cuidarnos y protegernos mutuamente. La pandemia sigue al acecho, aunque muchos le hayan perdido el miedo, al menos hasta que algún caso grave o alguna muerte querida toque de cerca. El 2020 fue un año muy duro y probablemente el 2021 también lo será, pero aún en medio de la crisis, de los penosos casos de corrupción y autoritarismo, de las caídas, de las muertes, de las ausencias, de los momentos de soledad y desesperación, también ocurrieron historias maravillosas de solidaridad y dignidad humana, de belleza y ternura, de magia y poesía, de música y luminosidad. Aún en los momentos más oscuros siempre hay destellos de luz que ayudan a construir un tiempo mejor. Esta será una Navidad diferente, quizás triste, quizás solitaria y dolorosa para muchas familias, pero es siempre un signo de renacimiento, de superación, de redención, de reencuentro aun en la distancia. Hemos vencido tantos momentos duros en nuestra historia como pueblo, que uno más es apenas una anécdota. A cuidarse, a protegerse, pero a no hipotecar la alegría, a seguir construyendo la esperanza. No conseguirán arrebatarnos el derecho a la felicidad. ¡Que tengan todos y todas una feliz Navidad!

Fuente -> http://www.ultimahora.com