los chips llegan más lejos que las manos

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¿Vamos hacia un Gran Hermano con mascarilla? Ahora que estamos en época de desescalada y vivimos preocupados por la contención de posibles rebrotes de la COVID-19, cabe preguntarse qué papel puede jugar la tecnología en la salud pública durante la denominada nueva normalidad o, yendo más lejos, la era pos-COVID. Por ejemplo, a la hora de posibilitar los movimientos de la población con suficientes condiciones de seguridad sanitaria. En este sentido, estamos viendo iniciativas algo extravagantes –o más bien inquietantes–, como los ya famosos perros robóticos que patrullan los parques de Singapur para asegurar la distancia social. Tienen más visos de convertirse en algo cotidiano la utilización de drones para vigilar que no haya grandes aglomeraciones, los circuitos de cámaras con sensores para comprobar el uso de mascarillas en determinados espacios o redes de transporte –un sistema similar al que ya existe en las carreteras españolas para controlar el uso del cinturón–, la instalación de arcos de control de temperatura corporal en los accesos a locales cerrados…

En el caso de los arcos térmicos, hay dudas sobre su fiabilidad. Su uso parte de la premisa de que la temperatura corporal de una persona es un síntoma de que puede padecer la COVID-19 y por tanto transmitir el virus que la causa. Pero como dice Miguel Ángel Lucas del Amo, abogado del Departamento de Protección de Datos de COFM Servicios 31 (una empresa de servicios de consultoría profesional al sector sanitario), “esa conclusión es precipitada, ya que nos encontramos ante un criterio no probado científicamente. No es una medida que garantice la no trasmisión del coronavirus, dado que el número de pacientes asintomáticos es alto”.

Los arcos de temperatura suscitan otra preocupación: ¿cómo se compatibiliza su uso con la privacidad y la intimidad? Según el criterio de la Agencia Española de Protección de Datos, el gestor de un lugar público no puede tomar datos relacionados con la salud de una persona y tratarlos sin más. Por esta razón, Lucas del Amo considera que “estos sistemas no deben registrar la información obtenida asociándola a un dato que identifique a los individuos. Estos equipos han de estar homologados y la toma de temperatura debe hacerse siempre por personal cualificado. Y hay que informar a los usuarios de que se les va a hacer este control”.

Telemedicina sí, pero sin excesos 

La COVID-19 está transformando el modelo asistencial, ya que exige nuevos enfoques en los tratamientos, por ejemplo los que permite la telemedicina. Diversos estudios apuntan que durante el estado de alarma las consultas telemáticas se han incrementado en España más de un 20 %. El objetivo es –en aquellos casos en los que resulte posible– dar continuidad a este tipo de asistencia más allá de esta crisis, a fin de reducir las visitas a los centros sanitarios.

Para eso es imprescindible eliminar ciertas barreras en la regulación. Pero los expertos advierten: una excesiva virtualización puede mermar la calidad de la atención a los enfermos.

Fuente -> https://www.muyinteresante.es