Locura final – Opinión – ABC Color

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Muchos siglos atrás, durante las grandes guerras de conquista y expansión de la “civilización”. O cuando ya hacia finales del siglo XIX el mundo se sorprendía con inventos y descubrimientos o porque emergían nuevas corrientes estéticas y de pensamiento, pudo parecer que una sociedad mejor era posible. Aunque tenaces y persistentes en sembrar el mal, los humanos nos empachábamos con cerca de 30 millones de muertos al inaugurar la primera guerra colectiva en los inicios del siglo XX. Para que después, con el sueño de terminar las confrontaciones, nos diéramos mañas para ejercer represalias o gestar acuerdos, dividiendo territorios y pueblos. O para invadirlos … eliminando culturas y sometiendo por la violencia a naciones enteras. Todo, con el amparo de organismos internacionales que también creamos para dirimir nuestros conflictos.

26 de diciembre de 2020 – 06:22

Muchos siglos atrás, durante las grandes guerras de conquista y expansión de la “civilización”. O cuando ya hacia finales del siglo XIX el mundo se sorprendía con inventos y descubrimientos o porque emergían nuevas corrientes estéticas y de pensamiento, pudo parecer que una sociedad mejor era posible. Aunque tenaces y persistentes en sembrar el mal, los humanos nos empachábamos con cerca de 30 millones de muertos al inaugurar la primera guerra colectiva en los inicios del siglo XX. Para que después, con el sueño de terminar las confrontaciones, nos diéramos mañas para ejercer represalias o gestar acuerdos, dividiendo territorios y pueblos. O para invadirlos … eliminando culturas y sometiendo por la violencia a naciones enteras. Todo, con el amparo de organismos internacionales que también creamos para dirimir nuestros conflictos.

Se pensaba todavía que tal vez en esos momentos, había tiempo y espacio para “jugar a la guerra”, pretendiéndose que ignoráramos que tales juegos contaban con el auxilio de “juguetes de destrucción” que superaban siempre en eficacia y precisión, a los que acabábamos de incinerar en homenaje a la paz conquistada.

Y con otros más de 60 millones de muertos tras el final de una nueva guerra mundial en la mitad del siglo XX, los hombres retornamos a las esperanzas frustradas. Con un futuro presumido como venturoso, que fuera dominado por un colectivo de personas altruistas y llenas de sabiduría que enarbolaran el emblema de la Paz con el arbitrio de la razón. Pero las que retornaron sin embargo, fueron nuevas épocas de desolación y muerte, más carrera armamentística y una guerra fría que congeló de miedo a media humanidad. Y hasta nos atrevimos a competir entre naciones por el dominio del espacio, como si necesitáramos aire para nuestras inacabables ambiciones de grandeza.

Hoy ya no habrá tiempo ni lugar para semejantes delirios. Enfrentados a una pandemia que nos impone un ensayo general del fin del mundo, por lo que deberíamos considerar que nos queda -apenas- la misión de arreglar algunas cosas antes del final. Las que sean posibles de remediar o las que todavía estén al alcance de alguna solución. Ordenar las cuentas para que podamos padecer la espera sin otros quebrantos, rodeados del reducido ambiente natural que se hubiera conservado y con los humanos que llegaren a sobrar.

Pues lo que tenemos golpeando nuestras puertas, es ahora la guerra final y de paso, planetaria. El combate contra un enemigo que no cuenta con ojivas nucleares o rayos que nos disuelven en el aire. Uno, misterioso pero temible, que no tiene banderas ni uniformes. Que no lanza comunicados ni amenazas. Sólo avisa con enfermos y muertos. Para colmo, un enemigo invisible … contra el que no tenemos defensas y está ahí, agazapado en el aire que infestamos o en el torrente sanguíneo de un murciélago o de un insecto, esperando que sigamos cometiendo el error -pecado de soberbia- que siempre cometimos: ignorar que en el planeta no estamos solos. Que nunca estuvimos solos.

Es posible que ya no nos quede tiempo para reparar lo mal hecho, ni reparar o reponer siquiera parte de lo destruido. Aunque no debería descartarse que algún “líder predestinado” todavía piense que hay lugar para alguna locura más. Y con el mismo delirio de los que provocaron las tragedias de la humanidad en el pasado, quiera constituirse en protagonista de la historia, escribiendo la última página del drama de la existencia. Si es que todavía quedara alguien con la oportunidad de leerla.

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Fuente -> http://www.abc.com.py