‘Las personas que ya han pasado la covid-19 también deben vacunarse’

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¿Qué vacunas proporcionan inmunidad colectiva?

Aquellas con las que estamos erradicando las infecciones de todo el planeta. Por ejemplo, la vacuna de la viruela sí protegía del contagio y producía inmunidad colectiva, por eso se erradicó la enfermedad hace 40 años. La vacuna atenuada de la poliomielitis también protege del contagio y con ella se ha arrinconado esta enfermedad, que solo persiste en un área entre Afganistán y Pakistán. Con la vacuna del sarampión, en España se ha logrado una inmunidad colectiva. Sin embargo, no la tenemos para enfermedades que conocemos menos como la difteria. La vacuna existente no protege de la bacteria que la produce, pero neutraliza la enfermedad al dirigirse específicamente a la toxina que la causa. Por eso (y por la higiene) aquí no hay difteria. Tampoco la vacuna del tétanos nos proporciona inmunidad colectiva, pero hay poquísimos casos porque solo se dan infecciones en accidentes graves con muchas heridas.

Reino Unido ya está utilizando la vacuna de Oxford-AstraZeneca contra la covid-19. Una de sus ventajas es que puede conservarse en el frigorífico, frente a las de Pfizer y Moderna, que requieren temperaturas más bajas. ¿Cuáles son sus otras características?

Si se autoriza por la Unión Europea, la vacuna de Oxford también será segura. En cambio, parece que es algo menos eficaz, eso significa que no todas las personas vacunadas están protegidas. Las de Pfizer y Moderna tienen una eficacia del 95%: si se vacuna a 100 personas, 5 no estarán protegidas y nadie sabe quiénes serán. Con la de Oxford esa cantidad quizá se eleve a 20 o 30. Sin embargo, es una vacuna fácil de mantener y podrá llegar a países con menos recursos en personal sanitario, tecnologías e infraestructuras. Eso es bueno. En una pandemia no sirve que un país esté vacunado, también el resto del mundo debe estarlo por solidaridad y para que podamos recuperar la movilidad. Por otro lado, es una vacuna que se basa en un vector distinto pero que está muy estudiado, concretamente en un adenovirus de chimpancé.

 

En los próximos meses van a seguir desarrollándose otras vacunas. En una entrevista a Lluís Montoliu, él señaló que las primeras que recibamos no serán necesariamente las mejores.

Las vacunas de Pfizer y Moderna no serán necesariamente las mejores, pero son las más rápidas por ser muy sintéticas. Debo decir que una eficacia del 95% es difícilmente mejorable, aunque, como he explicado, quizá esta sea solo a corto plazo. Pero poder proteger ahora y evitar las muertes de los próximos meses no es negociable. En todo caso, habrá más vacunas porque por ahora hay pocas dosis disponibles. Si vamos a vacunar a un 3% de la población de riesgo de mayor edad en tres meses, completar el proceso nos llevaría años. Además, puede haber problemas logísticos que retrasen la llegada de las vacunas. Por otro lado, habrá países que solo quieran sus propias vacunas; en Europa, por ejemplo, hay bastante rechazo a las vacunas de Rusia y China. También puede que acuerdos comerciales o cuestiones geopolíticas favorezcan unas vacunas frente a otras. Habrá vacunas que sean más o menos apropiadas para distintas poblaciones. (Aquí necesitamos que sean adecuadas para una población envejecida con un sistema inmunitario que se va debilitando). Habrá vacunas con un efecto más o menos duradero… Hay que cubrir muchas necesidades, por eso es bueno disponer de varias.

En el CSIC existen tres proyectos de vacunas contra la covid. ¿Cuáles son sus características?

En el CSIC tenemos un grupo que ya había investigado en coronavirus en animales y en humanos, y en concreto en vacunas contra estos últimos. Las vacunas desarrolladas previamente contra coronavirus humanos graves, en particular SARS-1 y MERS, eran esterilizantes, es decir, protegen de la infección y el contagio además de evitar el sufrimiento y la enfermedad. Ese es el tipo de vacuna que está desarrollando el investigador Luis Enjuanes contra el SARS-CoV-2. Puede ser difícil su producción, pero es la mejor. La vacuna que desarrolla Vicente Larraga es de ADN y se mantiene estable a una temperatura ambiente, eso es una gran ventaja. Y la vacuna en la que trabaja Mariano Esteban está basada en el vector de la vacuna de la viruela, que es la mejor que se ha fabricado, la única que ha logrado erradicar una enfermedad de la faz de la tierra. El armazón básico de la vacuna de Esteban ya está autorizado para uso humano, se sabe incluso que puede aplicarse a personas con el VIH que carecen de un sistema inmunitario potente. Cada una tiene sus ventajas y sus velocidades de desarrollo. La que va más rápido es la de Esteban, de hecho, ya se está produciendo a gran escala y preparándose el ensayo clínico.

¿Qué se le pide a una vacuna para que sea de segunda o tercera generación?

Que sea más completa y en lugar de estimular a una sola parte de nuestro sistema inmunitario, estimule a todas las herramientas del mismo. Necesitamos tener el sistema inmunitario listo para que reconozca a los virus infecciosos que están circulando –los que contagian de una persona a otra– y los destruya; eso lo hacen los anticuerpos. Pero además necesitamos un sistema inmunitario que elimine las fábricas de nuevos virus, que son nuestras propias células infectadas. El virus infecta nuestro organismo para multiplicarse, si no desaparecería, porque fuera es absolutamente inerte. Una vacuna de vanguardia estimula la respuesta inmunitaria en ambas direcciones: destrucción de células infectadas mediante los linfocitos T –inmunidad celular– y destrucción de microorganismos infecciosos extracelulares mediante la liberación de anticuerpos –inmunidad humoral–. Es como usar dos ejércitos a la vez, la aviación y la infantería de tierra. La vacuna de Enjuanes iría en esa dirección.

El pasado marzo se creó la Plataforma de Salud Global del CSIC, que coordina usted. ¿Qué papel está teniendo en la búsqueda de soluciones a esta epidemia?

En este contexto de emergencia hacía falta pasar casi simultáneamente de la fase de investigación a la fase de desarrollo de las vacunas. Por eso ya a mediados de abril empezamos a buscar candidatos para su producción y a definir cómo se iban a fabricar. El CSIC, con una implicación muy intensa y decisiva de la Vicepresidencia de Investigación Científica y Tecnológica, ha hecho un esfuerzo inédito. Hemos creado un consorcio con las empresas fabricantes y estamos apoyando la fase de producción de las dosis a la vez que se desarrollan los ensayos de investigación. Además, a medida que hemos visto que no había incidencias en la parte de investigación y desarrollo, se han ido planeando los ensayos clínicos. Esto avanza, pero es necesario que previamente se hayan producido lotes de las vacunas con estándares de calidad suficientes y homogéneos para que cuando haya un ensayo todos los voluntarios reciban exactamente el mismo producto. En la plataforma ha sido clave la colaboración y la implicación de la Vicepresidencia Adjunta de Transferencia de Conocimiento, porque ha habido que patentar inmediatamente, hacer estudios de mercado y negociar con las empresas.

Aunque aún no disponemos de todas las dosis necesarias, la comunidad científica destaca la rapidez con la que se ha desarrollado la vacuna contra la covid. ¿Por qué ha sido posible?

Porque se había investigado previamente. La investigación no se improvisa. Con un virus como el SARS-1, cuya epidemia se contuvo con medidas de cuarentena drásticas en China en 2003, se siguió trabajando, es decir, se continuó investigando cómo hacer vacunas para algo que no existía. Gracias a ello, nada más empezar la pandemia sabíamos que se trataba de un coronavirus y conocíamos su secuencia. Y sabíamos también que había que usar la proteína S en la vacuna contra él. Ese conocimiento viene de la investigación básica.

Desde hace días las cifras de contagios aumentan y la presión hospitalaria crece. ¿Estamos ya en plena tercera ola de la pandemia?

Yo de hecho la llamo la cuarta ola, porque desde el punto de vista matemático ha habido claramente cuatro oleadas distintas separadas por valles: primero sufrimos la de primavera, luego la de verano y, antes de que esta bajara mucho, empezó el otoño y con el frío volvió a subir. La bajada que hubo fue en realidad el solapamiento de dos montañas, la de verano con la de otoño. Ahora ha habido otro valle, pero no hemos bajado tanto la incidencia y ya está empezando otra ola. Para mí es la cuarta sin ninguna duda. Estamos subiendo la oleada de invierno, lanzada por las compras prenavideñas y las reuniones de Nochebuena, Nochevieja y Reyes. Estas están separadas por una semana, el tiempo en el que, si te has contagiado, el virus está multiplicándose para contagiar más fácilmente. El confinamiento de unos días por la borrasca y la nevada del siglo quizá atenúa un poco los contagios, a ver si hay suerte.

Acabamos de despedir 2020, un año marcado por una pandemia global que nos ha alterado la vida y que aún genera incertidumbre y riesgos. ¿Qué mensaje lanzaría a la sociedad?

No nos podemos relajar. Vamos a seguir con las medidas de protección durante meses. Creo que la llegada del buen tiempo coincidirá con un avance suficiente de las campañas de vacunación y la existencia de más información sobre si las vacunas protegen de la infección y por tanto impiden que las personas vacunadas sean contagiosas. En solo 10 meses de investigación hemos avanzado mucho, ha sido una gesta épica, la ciencia se ha enfrentado a un reto enorme y ha respondido de forma espectacular. Yo no esperaba que hubiese una vacuna disponible tan pronto, lo habitual es que muchas vacunas se caigan en las fases clínicas por algún fallo. Esto ha sido una carrera contra el virus. No sé cómo estaremos en seis meses, pero si la colaboración a nivel mundial se mantiene, pueden aparecer soluciones que ni siquiera imaginamos. A lo mejor ya tenemos antivirales [fármacos usados para el tratamiento de infecciones producidas por virus] para quienes no puedan vacunarse a tiempo.

Fuente -> https://www.muyinteresante.es