La renuncia de un senador

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Sucede que padece de una enfermedad autoinmune, por lo cual el coronavirus representa un alto riesgo para él. “Bueno, y ni siquiera me puedo vacunar. Me encanta la política, pero más me encanta estirar la vida todo lo que pueda”, explicó momentos antes de su renuncia.Pepe Mujica no es un político cualquiera; durante su presidencia, en el 2013, The Economist nombró a Uruguay el país del año, por su “receta para la felicidad humana”. El político se hizo famoso con su Volkswagen color celeste, y devino en verdadero fenómeno de masas, una estrella de rock. Famoso por sus frases: “Vamos a invertir primero en educación, segundo en educación, tercero en educación. Un pueblo educado tiene las mejores opciones en la vida, y es muy difícil que lo engañen los corruptos y mentirosos”. Y esta otra: “Hay gente que adora la plata y se mete en la política; si adora tanto la plata, que se meta en el comercio, en la industria, que haga lo que quiera, no es pecado, pero la política es para servir a la gente”.José Mujica nació en Montevideo, en 1935. Se unió al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros; durante la dictadura militar uruguaya pasó 15 años preso, 12 de los cuales de seguido. En Netflix, la película La noche de 12 años relata este periodo de su vida. La última de sus detenciones arbitrarias fue en 1972, tenía 38 años, y cuando salió había cumplido los 50. En un libro sobre Mujica, una especie de biografía novelada de Walter Pernas, se lee que el ex presidente de Uruguay llegó a perder todos los dientes debido a las palizas que recibía en prisión. Que llegó a comer jabón y papel higiénico, que bebió su propia orina y durante años durmió sobre el duro piso de cemento, hiciera frío o calor. Durante meses no veía la luz ni le dejaban hablar con nadie. Se cagaba y orinaba encima; y debido a los golpes y la mala alimentación sufría problemas renales; apenas podía caminar y en sus peores momentos recuerda los militares llevaban a sus propios hijos para agredirlo. En esos doce años, lo mudaban y mudaban de una cárcel a otra, lo sacaban a patadas y le negaban ir al baño. Después de muchos años consiguió, gracias a la insistencia de su mamá, que le dieran un recipiente para sus necesidades. El día que fue liberado al fin, Pepe Mujica salió de la cárcel abrazado a ese orinal, convertido en una especie de plantera con flores.Tras el regreso de la democracia a su país, entró de lleno a la política. Fue senador, ministro de Agricultura y presidente de Uruguay entre el 2010 y 2015. Siendo presidente siguió viviendo en Rincón del Cerro, en una casa muy modesta, con su esposa Lucía, también parlamentaria, y hasta hace unos años con Manuela, la perrita de tres patas. Dicen que donaba casi la totalidad de su salario a un proyecto de viviendas para gente pobre.A pesar de todo lo que vivió, de sus terribles vivencias como preso político, Pepe Mujica se despidió con estas palabras: “El odio es fuego como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye. Yo tengo mi buena cantidad de defectos, soy pasional, pero en mi jardín hace décadas que no cultivo el odio, porque aprendí una dura lección que me impuso la vida, que el odio termina estupidizando, nos hace perder objetividad”.La voz más respetada de la izquierda latinoamericana se retiró de la política y desde acá no podemos menos que seguir envidiando tener políticos con la claridad, la coherencia y calidad humana de Pepe. Seguiremos acá, impotentes como ciudadanos, sosteniendo un Parlamento lleno de figuras impresentables y vergonzantes. Diputados investigados y procesados, sospechosos de diverso tipo de ilícitos, y una Cámara de Senadores que solo blinda a sus compinches.

Fuente -> http://www.ultimahora.com