La policía del escrache

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Existen muchas dudas acerca del origen de la palabra, pero hay varias suposiciones. Hay quien la asocia con un vocablo genovés, scraccé, retrato; o con un término italiano scaracio, escupitajo; y también del inglés scratch, arañar. Pero sin dudas encontró un lugar muy privilegiado en el lunfardo, que es la jerga rioplatense, para desde ahí expandirse al mundo con su significado de: Poner en evidencia a alguien, exponer sus malas acciones o intenciones. Eso es escrachar.Cuenta la historia que el primer escrache habría sido a mitad de los años 90. Una persona que había sobrevivido a las torturas en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), que fue uno de los centros de detención de la dictadura argentina, reconoció casualmente en un sanatorio de Buenos Aires a un obstetra de nombre Jorge Luis Magnacco, quien se encargaba de los partos de las mujeres detenidas en la ESMA. Entonces fue cuando se organizaron marchas, pegaron carteles con su rostro y se detallaron los crímenes del obstetra por todo el barrio. El escrache dio sus frutos y Magnacco no solamente fue despedido, sino que además sus vecinos le pidieron que se mudara del lugar.De ahí, a lo que sucedió en el restaurante en un shopping hay un largo camino. Y según la Policía del escrache aquello no fue un escrache, fue una agresión, porque así no, porque no es la forma, etcétera.Sin embargo, no se puede omitir el hecho de que este episodio dividió a la opinión pública. Por un lado están quienes creen que la airada reacción del empresario agroganadero hacia el jefe de Gabinete representa el hartazgo ciudadano respecto al Gobierno. Pero también están aquellos que sostienen que en realidad se trata de un golpe proveniente desde el cartismo y forma parte del vaivén de la discordia colorada.Poniendo a un costado el debate sobre si el sujeto en cuestión y su acción pugilística nos representan o no a los ciudadanos indignados, a las víctimas de un sistema que no busca nuestro bienestar sino solamente los intereses particulares de la clase política, creo que se debe destacar que es muy saludable que la clase política, tanto los políticos como los funcionarios, así como también sus secuaces del sector privado que están en el negocio, se sientan un poco incómodos.Desde aquel sábado en que la romántica cena de Juan Ernesto Villamayor se viera interrumpida hemos ido pasando de indignación en indignación. Tras la trifulca en el restaurante apareció el muy poco feliz comunicado del Ministerio de la Mujer, y al respecto sí que hubo consenso.La ministra justificó su comunicado en favor de las mujeres que acompañaban al jefe del Gabinete Civil durante el escrache, pero lo más liviano que le dijeron a Nilda Romero fue aduladora y chupamedias, y se volvió a remover el avispero. Que es una vergüenza, que por qué no publican comunicados cuando violan a niñas y las dejan embarazadas o cuando maridos matan a sus mujeres, que esa ministra no nos representa, y que por qué no sale a la calle a ver a tantas mujeres mendigando en las calles y hasta hubo denuncias de personas que intentaron hacer denuncias por casos de violencia y en el Ministerio de la Mujer les dijeron que ya era tarde, que era “mala hora”, que llamen al día siguiente. La policía del escrache puede seguir debatiendo sobre las formas, y sobre los personajes, yo me quedo con que toda la clase política sienta un poco de miedito, al menos un poquitito, de tener que salir del restaurante, corriendo, abucheados, y encima sin haber cenado.

Fuente -> http://www.ultimahora.com