La felicidad de viajar en bicicleta – Bienestar

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Que sean pocos los paraguayos que consideran viajar en bicicleta como una opción turística obedece a una escasa cultura ciclística, así como, a la ausencia de infraestructura y propuestas. Lo deseable es que este concepto de turismo sea un hábito, y que las opciones para vacacionar en bicicleta sean variadas y atrayentes. Es simple: a mayor demanda, mayores ofertas.

Cicloturismo no implica solo desplazarse de un lugar a otro en bicicleta con fines de esparcimiento; tal actividad debe incluir la posibilidad de transitar seguro, de contar con lugares de aprovisionamiento, alojamiento y asistencia, así como, con actividades recreativas de refuerzo, que la hagan atractiva.

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Es preciso destacar que esa forma de turismo es más económica, saludable y amigable con el ambiente que la tradicional; y que, a diferencia de ésta, no se planifica considerando imperiosos gastos de traslado, estadía y alojamiento, que en ocasiones requieren de reservas con meses de antelación; sino que en base al tiempo de que se dispone y, si se quiere, de un día para otro, simplemente se carga la alforja, se prevé una carpa o lugar para descansar, y se reserva algo de dinero para las ocurrencias o tentaciones del camino. En algunos casos, los más temerarios, solo se dejan llevar por los impulsos del momento y van donde los transporta el viento (y sus pantorrillas, claro), con lo mínimo indispensable, confiados en que siempre encontrarán en el camino buenos samaritanos que le faciliten un plato de comida, un techo o un lugar para tender la carpa.

Una cuestión importante es decidir si la travesía se hará solo o en grupo. Ambas opciones tienen sus pros y sus contras. Es algo que se define según las necesidades personales del momento o, simplemente, se resuelve sobre la marcha, de manera fortuita.

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Quienes no tienen mucho tiempo para largas expediciones optan por aventurarse en recorridos de corta o media distancia desde el lugar de su residencia, o por trasladarse con su bici en otro medio de transporte hasta algún lugar que desea explorar con ella. Un ejemplo de esto son las Chicas Biker’s, un grupo de mujeres adultas y jóvenes que, unidas por la amistad y su amor a la bicicleta, a más de realizar regularmente paseos urbanos, pedalean de tanto en tanto por los caminos que conducen a Yaguarón, Paraguarí, Villa Hayes, Benjamín Aceval, San Bernardino, San Antonio, Clorinda (R. A.), entre otros.

Integrantes del grupo Chicas Biker’s, en uno de sus paseos del año 2019.

Ana María Monte Domecq, una de las más activas bikers, nos contó que fue un pionero del cicloturismo en el país, Nelson Fernández, quien indirectamente las motivó, a ella y varias amigas, a formar Chicas Biker’s en 2015. Recuerda que Nelson, con el patrocinio de Ciclovía, organizaba excursiones al interior en un ómnibus súper pullman, al que seguía un camión que transportaba las bicis de los que en ellas participaban, quienes -en su mayoría gente mayor con sus hijos o nietos- deseaban tener la posibilidad de rodar a sus anchas con seguridad y libertad. Algo que también le gustaba de esas excursiones era que, para cada una, se confeccionaba una remera especial que la distinguía; a ello obedece el maillot negro que identifica a las peculiares bikers.

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Otros, con más tiempo y menos compromisos, recorren sobre su bici cientos de kilómetros y destinos, sin ningún apuro. ¿Cómo hacen? ¿Son millonarios? La respuesta a esta última pregunta es no. Gracias a los testimonios de varios cicloturistas sabemos que algunos ahorran por varios años para darse el lujo de vivir una temporada sabática rodando en bicicleta por el mundo con total libertad, otros -ya jubilados o en usufructo de sus vacaciones- establecen un presupuesto bien determinado -al que se ciñen estrictamente-, hay quienes aprovechan la tecnología y realizan trabajos a distancia o encuentran labores temporales en su camino -como las de mozos, artistas a la gorra, agricultores o lo que se presente-, y están los que se embarcan casi a la buena de Dios.

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Hoy en Paraguay, los paseos ciclísticos de larga distancia de los que se tiene noticia tienen por motor una manera de gestionar una crisis emocional de quien lo realiza, más que ser una opción turística como tal. Es un duelo, una ruptura de pareja, el deseo de romper con un modo de vida que no satisface o de escapar de la rutina, el cumplir una promesa, o la necesidad de probarse a uno mismo que se puede, lo que lleva a muchos a devorar con su bici kilómetros de asfalto o terraplén. Por ejemplo, desde hace un tiempo, todos los diciembres, a excepción de este particular 2020, se organizan expediciones en bici desde distintas ciudades hasta Caacupé. Son ciclistas devotos, como estos, que viajan juntos, por varios días, para pagar promesas.

Ciclistas llegan a la Basílica de Caacupé, para saludar a la Virgen. Por efecto de la pandemia , este año está prohibido ir en bicicleta.

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También está el caso de Gustavo Maciel quien, tras leer la columna Redescubrir Paraguay pedaleando, compartió conmigo su experiencia. Con 24 años, desempleado, víctima del mal de amores y convaleciente de una operación reciente de la clavícula (clavos de platino), de un día para otro, decidió que quería recorrer el país en bici. Así se lo informó a su mamá y, con su bendición, al día siguiente ya estaba en camino, con algunas mudas de ropa, herramientas indispensables, una carpa, un botellón de agua, un pedazo de pan dulce y 50.000 guaraníes, rumbo a lo desconocido. Partió de su casa, en la localidad de María Auxiliadora (Itapúa), el 25 de noviembre de 2016, y a ella regresó luego de pedalear unos 925 kilómetros por los departamentos de Caazapá, Guairá, Paraguarí, Cordillera, Central y Misiones (a lo que hay que sumar 275 km de transporte motorizado), en 21 días (17 de ellos en ruta). En esa ocasión disfrutó escalando el Cerro Tres Kandú, refrescándose en el Salto Cristal, o sintiendo la hospitalidad de muchas personas que le ayudaron, alojaron o facilitaron un plato de comida. Llegó reconfortado y feliz. Su historia, contada en primera persona, puede leerse aquí.

Gustavo Maciel montó su carpa en un claro de la reserva Tapyta, en San Juan Nepomuceno, Caazapá. A la derecha su fiel compañera, su bici Renault amarilla, que lo llevó de paseó por los caminos del Paraguay.

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Recuerdo, además, que fui uno de los cientos de internautas que en enero de 2017 siguieron con entusiasmo el recorrido de Jero Buman por las extinguidas vías del tren, desde Asunción hasta Encarnación. Jero, según refiere, enfrentaba entonces una etapa de frustración y desánimo, y ese viaje, tan espontáneo como intenso en su desarrollo, le cambió la vida.

Jero Buman, en un alto de su recorrido de Asunción a Encarnación por el trazado de las vías del tren.

Y más recientemente, exactamente hace un año, leímos en un diario de Asunción sobre la travesía de Roberto Torres -un paraguayo radicado hace 21 años en Argentina- quien, con 42 años, en siete días cubrió a puro pedal los más de 1.000 kilómetros que median entre Buenos Aires y San Ignacio (Misiones), para cumplir un sueño de muchos años.

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Días después, en otro diario, se informaba sobre el proyecto de Alexander Ghiringhelli de recorrer unos 25.000 kilómetros en bicicleta -una Rod, dicho sea de paso- desde Paraguay, pasando por Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, para regresar en más o menos 14 meses al país. Alex, un abogado de 34 años, vio truncarse su desafío a causa del COVID-19. Si bien partió de Asunción -el 26 de enero de 2020 desde el Panteón de los Héroes-, se internó en el Brasil, y llegó a recorrer las costas de su litoral Sur, hasta la ciudad de Porto Alegre, se vio imposibilitado de seguir hacia el Uruguay -como tenía planeado- por el cierre de las fronteras y debió regresar a Foz de Iguazú (Paraná) para poder retornar al país, al que ingresó a fines de marzo, con el primer contingente de compatriotas que cumplió estricta cuarentena en Ciudad del Este.

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Alexander Ghiringhelli, con su bici, junto al lago de Ypacaraí.

Estamos en noviembre y las vacaciones de verano se acercan… ¿Te animás a pasarlas recorriendo nuestras tierras a pedal? Si la respuesta es sí, podés alojarte en tu carpa, buscar casas que te den abrigo en el camino, o quedarte en una posada turística, cuyos datos y números de contacto encontrarás en la página oficial de la SENATUR. No te olvides de sacarte muchas fotos y comentar cómo te fue.

Fuente -> http://www.abc.com.py