La ciudadanía debe movilizarse contra los intentos autoritarios – Editorial

0
18

Nuestro país está enfrentando una alarmante ofensiva autoritaria, sobre todo desde que se concretó la “Operación Cicatriz”, un funesto pacto entre los principales movimientos políticos de la ANR, “Añetete” y “Honor Colorado”, con el lamentable apoyo de algunos sectores de la oposición. Los argumentos que exponen sus voceros para justificar los atropellos a la institucionalidad son de lo más ridículos, y nos recuerdan aquella frase del nefasto ministro del Interior de la dictadura stronista, Sabino Montanaro, cuando la policía impidió el ingreso a una reunión: “El acto está permitido, pero no puede entrar nadie”. Asimismo, hoy, a los voceros del pacto ya no les preocupan las formas, con tal de conseguir el objetivo.

En 1992, el Paraguay adoptó para su Gobierno la “democracia representativa, participativa y pluralista”. Así, en el marco de una libre confrontación de ideas, el pueblo ejerce su soberanía a través de mandatarios electos, del referéndum y de la presentación al Congreso de proyectos de ley. En palabras de la Constitución, “los ciudadanos, sin distinción de sexo, tienen derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus representantes”. En tal sentido, el voto es tanto un derecho como un deber del elector, que ejerce una función pública porque se quiere que colabore en bien del país. La participación ciudadana presupone la plena vigencia de las libertades de reunión y de manifestación, esenciales en todo régimen democrático. Hacer uso de ellas en forma pacífica, sin armas y con fines lícitos, contribuye a fortalecerlo, más aún cuando también tiene un carácter participativo.

Más allá de los mecanismos constitucionales y legales, la movilización ciudadana tiene que ver con la vitalidad del “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. En cambio, el desinterés generalizado por la cosa pública favorece el autoritarismo y la corrupción. Si en los últimos años se pudo evitar que estos males se impusieran o ampliaran, fue porque muchos compatriotas salieron a las calles o se expresaron en las redes sociales y en los medios de prensa. Si hubieran guardado silencio en sus casas, los prepotentes y los facinerosos se habrían salido con la suya, imponiendo su inconfesable interés particular sobre el bien común. Más de una vez, los propios representantes del pueblo se confabularon contra él, de modo que la ciudadanía tuvo que defender por sí misma la honestidad y el orden constitucional.

Ciertos episodios dramáticos de nuestra historia reciente muestran la importancia de las manifestaciones ciudadanas para frenar los intentos autoritarios. En 1996, miles de hombres y mujeres repudiaron frente al Congreso un intento golpista del entonces comandante del Ejército, Lino César Oviedo, que habría prosperado si la ciudadanía se hubiera mantenido indiferente. Diez años más tarde, el presidente Nicanor Duarte Frutos quiso ser reelegido, previa irregular enmienda constitucional, pero tuvo que desistir ante el masivo rechazo, reflejado también en una gran manifestación en la Plaza de Armas capitalina, liderada por quien lo reemplazó tras las siguientes elecciones, Fernando Lugo. Horacio Cartes intentó lo mismo en 2017, con el apoyo del propio Lugo y de los senadores que, en una sesión clandestina, dieron media sanción al proyecto de enmienda constitucional; tuvo que renunciar a su ilegítima pretensión ante la enérgica movilización ciudadana, que desembocó en serios incidentes frente al Congreso y en la muerte del joven Rodrigo Quintana, durante un asalto policial a la sede del PLRA.

La indignación de la gente también se ha dirigido, más de una vez, contra los legisladores que enlodan sus bancas. En 2012, varios senadores huyeron por la puerta trasera del Palacio Legislativo, para eludir a manifestantes que amenazaron con bloquear su salida, en protesta por el rechazo, hasta 2015, de los cambios propuestos a la ley sobre el desbloqueo de listas electorales. Las airadas reacciones ante tanta desvergüenza también se expresan en el mundo “virtual” y en pequeños actos de repudio –vulgo escraches– a ciertos parlamentarios. En su momento, lo experimentaron el diputado José María Ibáñez y los senadores Óscar González Daher, Jorge Oviedo Matto, Víctor Bogado, Dionisio Amarilla y otros. Si dejaron sus escaños fue, en última instancia, porque la opinión pública no se mantuvo indiferente ante sus respectivas inconductas, en tanto que los diputados Miguel Cuevas (ANR, abdista) y Ulises Quintana (ANR, abdista) gozarían hoy de plena libertad, si no hubiera tenido esa actitud.

Claro que en el Congreso aún hay muchos impresentables, que continúan perpetrando barbaridades, como la arbitraria sanción a la diputada Celeste Amarilla (PLRA) por haber ejercido su libertad de expresión. Es así como comienzan los regímenes dictatoriales, suprimiendo las voces críticas, lo que seguramente seguirá con la proscripción o la aplicación de sanciones a algunos órganos de prensa molestos. En este escenario, más que nunca hay que estar vigilantes. Hay suficientes pruebas de que la manifestación ciudadana puede resultar efectiva. No se trata –entiéndase bien– de que se gobierne desde las calles ni de que se haga justicia por mano propia, sino de que la sociedad civil preste suma atención al desempeño de cualquier cargo público y demande que se ponga fin a un desafuero. Por cierto, nunca se debe olvidar que también hay sinvergüenzas entre los ministros y las máximas autoridades de las entidades estatales, lo que recuerda que también las “renuncias” de Édgar Melgarejo (Dinac) y Patricia Samudio (Petropar) fueron atribuibles, en gran medida, a la fuerte presión ciudadana.

Es preciso, en fin, manifestarse “pacíficamente, sin armas y con fines lícitos”, como quiere la Carta Magna. Los paraguayos y las paraguayas ya han aprendido la dura lección que significa vivir bajo el autoritarismo. No deben permitir ahora que aprendices de dictadores, con sus voceros mantenidos con dinero de sucio origen, logren robarles de nuevo sus libertades.

Fuente -> http://www.abc.com.py