Kimberly Ayala, una joven que sabe de derechos

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En los Estados Unidos dos personas transgénero ganaron un escaño para integrar el Congreso Nacional, y el legislativo del estado de Vermont, respectivamente. También se produjo otro hecho histórico: una mujer resultó electa para convertirse en la primera vicepresidenta de los Estados Unidos. Todos los medios resaltaron de esta última su condición de mujer negra y su origen mixto –de padre jamaiquino y madre india– como aspectos que en otra época de la historia del gran país del norte le habrían impedido siquiera candidatarse. Desde enero, Kamala Harris ocupará el segundo cargo más importante de ese país. Guardando la distancia, en Paraguay, una abogada trans, después de cinco años de intentarlo, consiguió que la Corte le tomara juramento el lunes, lo que le permitirá matricularse y ejercer el derecho. Logró cumplir con este requisito manifestando su identidad y expresión de género: Se presentó vestida de mujer, su imagen actual, la que ella eligió y la identifica, aunque asume que legalmente el carné profesional se emitirá con su nombre legal, masculino.De todos modos, con su perseverancia y aún en medio de las burlas, opiniones, actitudes discriminativas y profundos prejuicios hacia la persona, esta joven ha conseguido vencer una situación de injusticia.Según hemos leído, culminó la carrera de Derecho en la Universidad Nacional del Este (UNE) en 2015, formó parte del cuadro de honores e intentó jurar en dos ocasiones expresando su identidad de género, hazaña de por sí intrépida en un país como el Paraguay, donde atreverse a reivindicar derechos es cuanto menos un acto temerario. De hecho, las redes sociales estallaron de manos de personas que se erigen a diario en jueces de los demás, de gente intolerante que sataniza todo cuanto implique salirse de lo políticamente correcto y que no admiten aquello de que todos somos diferentes, pero iguales en términos de derechos. Si la joven abogada cumplió con todos los requisitos para obtener la matricula profesional, como cualquier otro egresado de la carrera de Derecho, no había impedimento para que le dejaran hacerlo, más que un argumento subjetivo de que no podía presentarse vestida de mujer, puesto que legalmente está inscripta en el Registro Civil como varón. Así le truncaron cinco años de la posibilidad de desempeñarse profesionalmente.En medio del tsunami de antiderechos que provocó este tema, es digno de rescatar la actitud del Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho de la UNE, donde estudió Kimberly, que por medio de un comunicado resaltó que “ninguna autoridad puede interferir en la vida privada de las personas” y exigirles vestirse imponiéndoles una personalidad distinta a la propia. No me imagino una toma de posición así del Centro de Estudiantes de las facultades de Derecho de las universidades tradicionales del país. Ahora hay que estar atentos al trato que reciba Kimberly Ayala en sus gestiones como abogada ante los juzgados, en un mundo que exuda machismo y corrupción, donde causa burlas y risas que un abogado vista trajes estampados y de pintorescos colores, pero nadie se escandaliza del tráfico de sentencias, de la falta de honorabilidad e idoneidad de algunos magistrados, de la deshonestidad de ciertos abogados ni de cómo se tuerce la justicia en función de “quién da más” o del padrino político que invoque el procesado. Estamos aún lejos, aunque con jóvenes como Kimberly no tanto ya para que en el Paraguay y el mundo se valore al ser humano, a la persona como tal, independientemente del color, físico, sexo, orientación sexual, religión, origen, opinión política o de cualquier otra índole.

Fuente -> http://www.ultimahora.com