José-Luis Appleyard y su poesía contorneada por la vida

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Los poemas de su primera juventud, de 18 a 26 años, señalan un mundo pleno de experiencias nuevas. Vértice del descubrimiento inicial del gozo compartido, la unidad de dos cuerpos cómplices de la pasión germinada desde el beso hasta la desnudez del alma sin muro que pudiera negarle la libertad total ser ellos mismos en su entrega inaugural. Junto a mí –yo a la sombra de tus labios salados– / mientras solo la noche que nos guarda y nos une / mira el rito sin formas en que dos iniciados /se esconden en el límite más azul de una nube. (Amor en pleno campo). ENTONCES ERA SIEMPRE (1963) Su primer libro, en plena fortificación de la dictadura de Alfredo Stroessner. Un tiempo atrás se recibió de abogado en una sociedad donde la justicia no existía. El empleo en la administración pública y en la educación, en particular, estaba reservado para los partidarios del régimen. Ante estos avatares de la vida, José-Luis se refugia en el recuerdo de un tiempo en que feliz. Entonces era siempre ya prefigura la vida sin compromisos. El poemario es un amplio friso poético que va dibujando hechos, cosas, juegos, animales o los momentos de su niñez. Ya es ayer pero entonces era siempre / un trasegar de horarios inmutables / desde el sol hasta la noche (El tiempo) Una casa, Señor, es una infancia / huyente y malherida de distancia (La casa). Palabras simples, claras, que acrecieron / el verbo de la infancia en nuestros labios. / En balde las buscamos para darles / una vida que ha muerto con los años. (Las palabras). EL SAUCE PERMANECE Y TRES MOTIVOS (1965) Con este poemario José-Luis Appleyard inauguró un nuevo cause poético, no solo de contenido sino por la forma de expresarlo. Dejó atrás la sonoridad del canto, la descripción bucólica o nostálgiosa del mundo para enfrentarse de forma abierta al universo que le rodeaba. Una sociedad conservadora y retrógrada. El hecho de no haber constituido familia, como si fuera obligación de todo varón y mujer. Pierde su empleo como profesor en la Escuela de Policía y de otros establecimientos educativos públicos. Va perdiendo clientela como abogado. Se siente atosigado por falta de ingreso. Logró, en ese tiempo, el cargo de director de la página cultural del diario La Tribuna, donde quedará anclado por muchos años, no solo con ese cargo, sino como periodista de planta, hasta el cierre del diario. Luego terminará como periodista del diario Última Hora, por décadas, hasta su muerte, 1998. Un grito desaforado en que sin ningún amagues expresa el dolor de padecer el extrañamiento en su propio país. “Cárcel de paralelos. / Presidio de un espacio jadeante. / Rejas de asfixia que abruman un encierro / de irrespirable, absurda geografía. (…) Vino el silencio y se apretó a los pechos, / succionó el nacimiento de las silabas puras / y se abrazó a la tierra y cercenó raíces, / encadenó las nubes, desgarro las sonrisas / y convirtió en metales las márgenes de un río”. (Cárcel de paralelos). La lucha cotidiana que lo obliga una situación de precariedad laboral brota como torrente explosivo. Su voz se vuelve puntal, directo. Nada de metáforas. Solo la verdad de su dolorosa experiencia. Buscar el pan. / Correr tras él. / Correr. Dormir. Amanecer. / Volver a ser. / Correr. Buscar. / Comer. Dormir. / Y nada más. (Buscar el Pan). “La vida es muy sencilla, / solo basta ser fiel al cumplimiento de los ritos: / Hay sinónimos claros, transparentes: / ser libre es vegetar sin albedrío, / robar es trabajar, amor es odio / y vivir es morir desguarnecido”. (Hay un sitio). En este trance aterrador, amplía su universo, emerge un nuevo elemento en su tema poético, abandona su expresión de hablar de sí mismo para abarcar el entorno social más amplio, sus versos tallan figuras de trabajadoras humildes con palabras precisas, sin metáfora alguna, como si esculpiera a través de la palabra una mole de hierro con cincel y maso. Una escultura poética como lo hiciera Auguste Rodin, con la materia. “Mujeres que hacen cántaros. / Pies rudos, bastos, tensos, / acero enarenado en una geografía de venas y tendones, / pies deformes, llenando con hartura / la vocación de ser para la tierra, / la vocación de ser sostén y báculo, / la recia y simple vocación de pies”. (Mujeres que hacen Cántaros). COMO REGRESA EL CÍRCULO (1981) En esta serie de poemas José-Luis ya no solo describe el mundo que observa sino asume y vive como suyo el dolor que ve. Como si se adentrara en la necesidad material y espiritual del prójimo y se erige como proscenio para expresar el sufrimiento de los demás como si fuera el suyo propio. El hombre, costra vieja de un planeta / permite que los niños de esta cansada tierra / devoren su nostalgia de pan / en la tristeza de estómagos desiertos, / mientras en los laboratorios blanquísimos se crea la génesis de un muerto. (El hombre y su cáncer). LA ASUNCIÓN DE SÍ MISMO Y LA ESPERANZA La soledad es un grillo permanente en su vida, la amistad, el amor solo son momentos, el tiempo es la calavera que siempre avanza sobre ellos y los lleva a la extinción. Entonces es cuando se dirige al Cristo crucificado como si quisiera compartir con él la angustia de su vida, el propio destierro de sí mismo. “Desde la burda altura de esa cruz / formada por maderos / mira Tu soledad. Esta es la mía. / Allí donde Tu muerte espera su momento y desde donde miras / está el principio del silencio, / está la angustia original, la desasida dimensión del tiempo.” (Tu soledad, la mía). Y nuevamente el poeta nos recuerda el sitio en que vive. La tolvanera de la opresión en la que se desarrolla su vida. Y desde allí se pregunta sobre el transcurrir del tiempo. “Desde un cielo naranja que es el mío / brota un humo que tiene de las nubes / la forma y el dolor (…). “Las viejas tolvaneras de mi patria / esconden muchas cosas dolorosas. / Y cuando este silencio se nos abre / como un libro prohibido de mil hojas / empezamos, los hombres preteridos a pensar que se está haciendo muy tarde”. (Se está haciendo muy tarde). Pero a pesar de todo y pesar del dolor de sufrir su propia vida, pareciera que aún le resta algún sol de primavera en su propio y dolorido corazón, que ilumina la esperanza. “No es un regreso, es simplemente el modo / de estar de nuevo en la mitad del río / y decirme que así, puedo y decido / ser patrón de mi paz y mi albedrío. “Quiero seguir en contra la corriente, /albergarme en las islas, fruto cierto; / ampliar mis horizontes o encontrarlos / más allá del destino y del acecho”. (Ponerle Cascabeles a la muerte) José-Luis Appleyard refería que él transitó por la vida acompañado por la poesía. Su vida no fue fácil. La pagó muy caro navegar contra corriente, ser leal consigo mismo, elegir su propia libertad en un país opresor y oprimido. Habría que preguntarse, aunque parezca triste, si toda esta dolorosa vida no fue el cuenco que le convirtió en un gran poeta, uno de los grandes de la poesía de Paraguay y una de las voces más expresivas del habla castellana.

Fuente -> http://www.ultimahora.com