Incoherencias

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A pesar de que el carnaval ha sido suspendido para el próximo año, sin embargo el baile de disfraces continúa con cercanía o lejanía, con tapabocas o sin ellos. Los números dados a conocer de la fiesta de los recursos de Itaipú prueban que es posible estar en el campanario y en la procesión al mismo tiempo, condenar la corrupción y medrar de ella, promover la transparencia pero refugiarse en la opacidad hasta darse el lujo de apoyar a organizaciones internacionales que promueven el género o dar dinero a la misma Embajada de Italia con fondos socioambientales. Hay que preguntar no solo al que da como también al que recibe el conflicto de interés que esto supone y si cuando condenan la corrupción, pero cobran sus mendrugos, no sienten que se llevan “el pan con arena” de la corrupción a la boca como lo dijo el papa Francisco. Este carnaval no puede continuar de esta manera. La discrecionalidad del poder político de sostenerse sobre estos generosos recursos le saca legitimidad a la democracia y hunde en el descrédito a organizaciones completas a nivel local e internacional. Ni decir el impacto de cara a la renegociación del Anexo C con el Brasil. Lo más importante de estos datos es mostrarnos quizás lo que todos sabíamos, pero no contábamos con las cifras. Algunos dirán que finalmente el dinero es nuestro y como tal debemos echar mano al mismo. Jueces y fiscales no se cuestionan el grave conflicto de interés que implica recibir esos recursos incluso para eventos en donde se condene la corrupción o que algunos funcionarios de la binacional tengan que ser juzgados o investigados alguna vez. Organizaciones internacionales que proclaman y promueven la transparencia han recibido millonarios recursos cuando un país con 5 mil dólares de ingreso per cápita debería ser ayudado con donaciones antes que alimentar a la burocracia internacional para sostener sus muy bien pagados ingresos. Ya ni hablemos de la UIP o la Rural, que se supone están integradas por personas ricas que deberían ser no tributarias de estos pytyvõ de Itaipú sino, por el contrario, tendrían que ser reconocidas por sus generosos aportes a la sociedad para la educación o la salud. Incluso en los recursos para la fundación Tesãi -hospital de los empleados de Itaipú- tendría que ser sostenidos con los jugosos salarios que ellos reciben mensualmente y no por ayudas que tendrían que financiar el desarrollo. Iglesias de distintas denominaciones o la misma Universidad Católica financiada en un 50% por Itaipú nos demuestran también que la moral religiosa está lejos de ser practicada por cada uno de ellos. Se nota en las cifras, las instituciones y el tiempo de su erogación que se corresponden a la absoluta discrecionalidad del jefe del Ejecutivo del momento y es una de las razones por las que se oponen a que estos recursos pasen al Presupuesto. No porque acabará con la corrupción ni mucho menos, sino porque la discrecionalidad y opacidad serán menores. Son capaces hasta de movilizar a organizaciones de campesinos para oponerse a la transparencia de esos recursos justificando a su paso a los grandes que se sonríen con una copa de champán en las manos mientras observan a lo lejos las manifestaciones. Fueron casi 400 millones de dólares en tres años (2017 y 2020). Mucha plata para este país pobre. Eso es más de 400 kilómetros de ruta pavimentada, decenas de escuelas construibles y un sistema de salud de calidad, todo eso canalizado a grupos que solo engordaron sus faltriqueras, la burocracia o la corrupción. Es demasiado dinero y excesiva incoherencia cuando se dice que uno está harto de la corrupción, mientras se pasea en la comparsa envuelto en lentejuelas y máscaras. La información pública nos ha permitido conocer al monstruo discrecional, oscuro y corrupto que teje sus alianzas para sostener el paso de estas carnestolendas del abuso, el exceso y las incoherencias.

Fuente -> http://www.ultimahora.com