Excombatiente de 107 años ruega que el covid desaparezca – Nacionales

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Don Ignacio es uno de los tres últimos sobrevivientes de la contienda chaqueña que residen en el departamento. El sábado pasado, efectivos de la Reserva Militar Activa de Itapúa lo visitaron para rendirle homenaje por su cumpleaños, y le hicieron entrega de elementos de higiene, abrigos y medicamentos donados por la Asociación de Veteranos de la Guerra del Chaco de Encarnación.

Entre bromas y anécdotas de su experiencia en la Guerra del Chaco, a la que fue cuando tenía 17 años para cumplir con el servicio militar obligatorio, don Trinidad dio muestras de estar perfectamente informado de todo lo que acontece con el problema de la pandemia del coronavirus, y rogó porque muy pronto se aleje de nuestro país ese peligro.

Recordó que recientemente lo visitó el presidente de la República, a quien agradeció el gesto y que le hayan mejorado una calle que pasa frente a la casa donde vive.

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Según recordó, durante su visita del 13 de junio pasado el presidente le preguntó qué necesita. Le dije que me gusta sentarme en el corredor de la casa, pero que el polvo de la calle me hace mal. Agradezco porque construyeron el empedrado, y porque aceptó mi invitación de venir para mi cumpleaños (el pasado viernes), señaló.

El excombatiente Ignacio Trinidad Medina, nació el 31 de julio de 1913 en la compañía Mbokapiray, San Pedro del Paraná. Tenía 17 años cuando se presentó, juntamente con su hermano mayor, Gerónimo Trinidad Medina, para defender a la patria en la Guerra del Chaco.

Ignacio Trinidad Medina, de 107 años, participó en tres frentes de batalla como Yrendagué, Ballivian y Mandyjupekua, integrando el Regimiento RI 3 Corrales (infantería). También formó parte del Regimiento 5 de caballería Akãvera.

Se presentaron en el lugar de concentración de tropas llamado Acantonamiento 1 (actual Estadio de los Defensores del Chaco). Ahí fue separado de su hermano, con quien se reencontró ya después de finalizada la guerra.

Fue servidor de ametralladora pesada, participó en tres frentes de batalla como Yrendagué, Ballivian y Mandyjupekua, integrando el Regimiento RI 3 Corrales (infantería) También formó parte del Regimiento 5 de caballería Akãvera.

Recuerda que cuando se iba abandonar su casa para presentarse al servicio su madre le entregó una imagen y le encomendó a la Virgen de Santa Librada. Una costumbre de entonces era que los soldados, además de una madrina de guerra, adoptaran una figura religiosa como “patrona” que lo proteja. Desde entonces adoptó a Santa Librada como su patrona, indicó.

El 22 de agosto de 1934, casi al final de la tarde, fue alcanzado por ráfagas de mortero que le causaron heridas en 14 partes del cuerpo. Recuerda como anécdota que su cuadro era tan grave que prácticamente le dieron por muerto.

“Parecía que una esquirla perforó mi pulmón. Cuando me evacuaron a un hospital me pusieron en la morgue directamente, pensando que ya me iba a morir. Yo me quedé dormido, y al día siguiente cuando fueron a verme encontraron que estaba vivo, y me llevaron de nuevo a la sala de los heridos”, recuerda con humor ese momento tan angustiante.

“La bala no perforó mi pulmón, yo estaba tendido en mi puesto boca abajo cuando cayó el mortero. La bala corrió bajo de mi piel en la espalda, no sé cómo, pero no entró al pulmón”, añadió.

Luego de la guerra, don Trinidad volvió a su valle natal, donde se dedicó a la agricultura. Tuvo ocho hijos, de los cuales cuatro están vivos. Actualmente vive con uno de ellos, Julio Leonor Trinidad, en el barrio San Francisco, en el centro urbano del distrito.

Fuente -> http://www.abc.com.py