¿estamos preparados para la segunda ola?

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Las CCAA ubicadas a la izquierda de la figura están mejor preparadas, y las situadas en la parte superior han mejorado sus dotaciones en los últimos años. Mientras que País Vasco, Extremadura, Castilla y León, Galicia y Navarra tienen buenas dotaciones y han mejorado sus recursos, Baleares, Ceuta y Melilla y Madrid destacan por sus bajas dotaciones y por su deterioro desde 2010.

Según el Sistema de Información de Atención Primaria, en Madrid hay 252 médicos de familia con más de 2000 tarjetas sanitarias asignadas, y la mitad (1824) tienen entre 1500 y 2000 tarjetas sanitarias. En un empeoramiento de la epidemia, como el de Madrid, Aragón o Navarra, la atención primaria ha de asumir una enorme carga asistencial de detección y seguimiento clínico de casos, que será muy dificultosa o imposible en las CCAA con escasa dotación de profesionales, y en las que la atención primaria se ha ido deteriorando.

Comportamiento de la población

La incidencia (nuevos casos de COVID-19) determina sólo hasta cierto punto el uso de los recursos hospitalarios y su eventual colapso. Entre ambos media el comportamiento de la población, que no es homogéneo. La gran diferencia entre la primera oleada y esta segunda que estamos sufriendo es que durante la primera el porcentaje de pacientes que necesitaron hospitalización y la letalidad fueron muy superiores porque no se protegía eficazmente del riesgo a los más vulnerables.

Además de las medidas discriminatorias oficiales, como la prohibición de salir a la calle a los residentes en centros sociosanitarios (Orden SND/380/2020, de 30 de abril), en España muchos mayores han aprendido a autoprotegerse mediante aislamientos preventivos, se diría que casi son arrestos domiciliarios voluntarios. Si el perfil etario de los contagiados en la segunda oleada hubiera sido como en la primera, los hospitales de algunas comunidades ya habrían colapsado en agosto.

La plasticidad del sistema sanitario

La primera oleada nos mostró una plasticidad desconocida del sistema sanitario, que ha sido capaz de crecer rápidamente en recursos estructurales. El hospital de campaña de IFEMA estuvo abierto 40 días y atendió a casi 4 000 pacientes COVID. Las camas de críticos en el país pasaron de 4 446 antes del inicio de la epidemia a 7 930 en apenas dos meses.

Esta aparente plasticidad encierra distintas definiciones de cama de cuidados críticos. Desde la más estricta, que solo incluye las camas situadas en las UCI y dependientes de su personal, hasta las mas laxas, que cuentan también las camas de vigilancia postquirúrgica, coronarias y de unidades de ictus.

Se habilitaron camas de críticos para pacientes COVID-19 fuera de las UCIs y se instalaron ventiladores, algunos de diseño y producción nacional, en urgencias y en plantas hospitalarias. El sistema sanitario español contaba en 2018 (último año con datos en el Sistema de Información de Atención Especializada) con 2 765 médicos intensivistas vinculados contractualmente a hospitales, 668 colaboradores y 733 MIR en formación. Además, había mas de 10 000 médicos con contrato o colaboradores en urgencias. Pero la flexibilidad ha permitido que una parte de los demás especialistas hayan aprendido y ayudado a tratar pacientes COVID-19.

A 10 de octubre de 2020, según el informe del Ministerio de Sanidad, hay 1 585 pacientes ingresados en UCI, tres CCAA están por encima del 30% de ocupación (Madrid, Aragón y Castilla León) y hay un 18% de ocupación media de camas UCI en el país. Todavía queda algún margen para el agravamiento de la pandemia sin que el sistema colapse, si bien epidemiólogos de renombre han cuestionado los datos de ocupación de camas UCI en Madrid.

Lamentablemente, los datos públicos sobre uso de UCI en España no permiten hacer evaluaciones del riesgo de colapso como en otros países (véase por ejemplo el informe del 10 de octubre del grupo BIOCOMSC).

¿Hasta dónde puede crecer el sistema sanitario para afrontar un agravamiento de la epidemia? Posiblemente, en las zonas más afectadas en la primera oleada (Madrid, algunas áreas de Cataluña) podrían aumentarse los recursos estructurales tanto o mas que entonces. Pero, sobre todo, el mejor conocimiento de manejo terapéutico de la enfermedad y la formación de los profesionales haría que esos recursos se utilizaran más eficientemente.

Aunque, obviamente, las claves para evitar el colapso están en ralentizar el ritmo de contagios y en proteger a las personas de mayor riesgo.

Fuente -> https://www.muyinteresante.es