Esa vacuna te hará comunista

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Siempre me dije que ese niño podría ser la última víctima paraguaya de la temible parálisis infantil, pues, desde entonces, no volví a escuchar de nuevos diagnósticos. El auge de las vacunas en las conversaciones cotidianas me impulsó a descubrir que, en realidad, el último caso nacional ocurrió en marzo de 1985 y afectó a un bebé sampedrano de un año que hoy es, pese a sus limitaciones físicas, un talentoso licenciado en enfermería. La poliomielitis fue erradicada gracias a la vacunación masiva. El mundo entero dejó de observar las dificultades de aquellos niños con fierros y muletas, comunes en la generación anterior. Lo mismo había ocurrido antes con la viruela, responsable de millones de muertes a lo largo de la historia. Y serán las vacunas las que, muy probablemente, pondrán fin a la pesadilla que vive la humanidad con la pandemia. Eso es tan evidente que sorprende que haya gente antivacuna, una de las tantas variantes del negacionismo, que florece en todos los rincones del planeta. Más inexplicable aún es descubrir entre los que abogan por extravagantes teorías conspirativas a personas que uno supone informadas, como los insólitos “médicos por la verdad”. Por suerte, estos personajes estrafalarios son raros. Quienes de verdad conviven con lo que sucede en los hospitales, reaccionan de modo distinto. El personal de blanco, apenas habilitada la plataforma de inscripción digital del Ministerio de Salud Pública para recibir la vacuna, se conectó con tal ansiedad que el sistema colapsó durante muchas horas. Hoy ya son unos 25.000 los anotados en ese segmento prioritario. Es que entre ellos ya hubo miles de contagiados y hay 23 médicos y 20 enfermeros muertos. El que debe tener motivos para angustiarse es Julio Mazzoleni. Pasan los meses y las vacunas no llegan. Las explicaciones, muy racionales, ya no son suficientes para aplacar la irritación colectiva. En toda la región se están inmunizando y aquí no tenemos una fecha segura. El ministro sabe que esta puede ser la segunda gran crisis de una gestión que, en general, tuvo muchos puntos positivos. La primera fue causada por su reticencia a dar mensajes claros contra la corrupción de los insumos chinos. Eso lo desgastó. Que las vacunas no lleguen puede costarle mucho más caro. El problema es que la guerra geopolítica de las vacunas contra el Covid tiene a Paraguay como un protagonista microscópico. Solo una enorme capacidad de negociación y de contactos, así como una hábil visión estratégica de los intereses en juego podrían compensar esta desventaja. No es algo imposible, por algo otros países pequeños ya empezaron a vacunar. Pero esa nunca fue una de nuestras fortalezas. La avidez por las vacunas desnuda el fracaso moral de la humanidad. Los países más ricos acapararon la distribución, y los intereses de los laboratorios privados primaron sobre los de los Estados. El mapa de las vacunas es idéntico al de la desigualdad humana. Pero a Mazzoleni esos argumentos no le sirven. Necesita vacunas ya. Y le han ofrecido un millón de dosis de vacunas Sputnik V, que podrían ser su salvación. Si vienen, será la Guerra Fría en versión comedia. Quién lo diría: el país más anticomunista del universo se librará del Covid gracias a una vacuna proveniente de la otrora odiada Rusia. Pagaría por ver la cara de algunos stronistas haciendo fila para recibirla.

Fuente -> http://www.ultimahora.com