El tierno juez de jueces

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Este cuadro delirante acaba de ser convertido en realidad por la Cámara de la Vergüenza. Es fácil suponer la sensación de humillación que deben sufrir los magistrados y fiscales de esta republiqueta al enterarse de que sus actuaciones pueden ser evaluadas por alguien que tiene un dudoso título de abogado, que no tiene matrícula, que jamás ejerció la profesión, que nunca litigó y nunca se metió en los vericuetos de un expediente judicial. En resumen, un completo neófito con la atribución de absolver o castigar la conducta procesal de jueces que llevan, en muchos casos, décadas acumulando méritos y experiencia en la carrera.El diputado Hernán Rivas –sobrino del cartista Tomás Rivas, acusado por el caso de los caseros de oro– fue designado como representante en el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados con votos colorados y de algunos infalibles liberales. Para ponerlo allí hubo que sacar al diputado Romero Roa, quien solo podía ser removido vía juicio político. Pero en ese festival de barbaridades, eso era un detalle nimio. Lo importante era cumplir un pacto político de impunidad y colocar a un correveidile de Cartes para dar tranquilidad a varios parlamentarios procesados.Como para que no quedaran dudas del papel al que fue mandado cumplir, el novato Rivas, inmediatamente después de jurar, votó sin ruborizarse en un caso que definitivamente no podía conocer, pues nunca leyó el expediente. Lo hizo apoyando la moción de Gladys Bareiro de Módica, quien evitó la destitución de un juez de Ciudad del Este, al solo apercibirlo suavemente. Se trataba de Marino Méndez, aquel que había otorgado un oportuno amparo que permitió el retorno al cargo de la ex intendenta de esa ciudad, Sandra McLeod. Hay que empezar a acostumbrarse a lo que será la tónica habitual de las intervenciones del principiante juzgador de jueces.Por el camino de la impunidad perenne, los diputados masacran la ya maltrecha credibilidad del Jurado de Enjuiciamiento. La decisión de imponerlo a Rivas como representante es imposible de sostener con seriedad. Sospecho que por eso el diputado cartista Basilio Núñez optó por la sátira jocunda a la hora de defender su nombramiento. Sostuvo que el hecho de ni siquiera estar matriculado como abogado era un aspecto positivo “porque quiere decir que no forma parte de ninguna de las roscas que existen dentro del sistema judicial. Además, lo vamos a hacer asesorar por gente de primera”. A veces, el simpático Bachi es tan irónico que parece que habla en serio…Por su parte, el destituido Romero Roa anunció que peleará por su cargo y emprendió dos acciones. La primera, lógica, fue recurrir a la Corte Suprema de Justicia, órgano que probablemente le dé la razón, pues hay precedentes cercanos en ese sentido. La segunda, incomprensible, fue correr a contarle todo al arzobispo de Asunción. Solo Dios sabe en qué parte de la cadena de decisiones judiciales se encuentra monseñor Valenzuela. Por último, debo decir que no solo me preocupa la autoestima de los magistrados, sino la del propio diputado Rivas. Lo menos que le dicen es que es un fantoche. Él, como todos, sabe que no está allí por su idoneidad, sino porque será sumiso a las órdenes que provengan del patrón. Qué poco respeto de sí mismo. Hacer política para terminar así, es una pena.

Fuente -> http://www.ultimahora.com