El Opel Mokka estrena rayo, un símbolo del automóvil

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Como suele suceder, con una vida nueva llega un look atrevido y arriesgado, dispuesto a conquistar horizontes desconocidos. Este pequeño SUV de 4,15 metros de largo ha sido desarrollado sobre la plataforma CMP del Grupo PSA, una arquitectura que permite integrar todo tipo de electrificación. El DS 3 Crossback y el Peugeot 2008, junto a sus variantes eléctricas, son el mejor ejemplo de su versatilidad y compromiso con la movilidad sostenible del presente. Opel ha querido llevar esta evolución un paso más allá, retocando aquello que hace más reconocible a una marca: su logo. A la hora de reinventarse no existen límites, tampoco los de la historia del rayo que ha presentado a modelos icónicos como el Astra, el Ascona o el Kadett. Con la llegada del nuevo Opel Mokka, el legendario emblema de la marca luce más minimalista y directo que nunca.

El anillo circundante es más delgado, preciso y distintivo. Según Mark Adams, vicepresidente de diseño de la marca, “esto enfatiza más el rayo”. Todo en el nuevo logo es más pequeño y discreto, como las letras Opel integradas en la zona inferior del círculo. Una finura que encaja mejor en la parrilla opaca de la variante eléctrica del nuevo Mokka. Además, se integra a la perfección con los grupos ópticos delanteros y traseros, extremadamente finos y horizontales. Justo por debajo queda el emblema Mokka, con tipografía especial y una ubicación privilegiada en el centro del portón trasero. Este lenguaje de diseño frontal se llama Opel Vizor y será compartido por los futuros modelos de la gama alemana. Una evolución más de un logo que lleva con nosotros desde 1963, que se estableció para toda la empresa en 1970 y que ha ido cambiando con el paso de los años, adaptándose a los gustos y tendencias de cada época.

Más eficiente y ecológico

El nuevo Mokka ha sido presentado en su variante cero emisiones. Sin embargo, Opel se comprometió a reducir las emisiones de sus vehículos desde buen principio. Hace 35 años, el Opel Ascona 1.8i fue el primer vehículo alemán con catalizador específico para el mercado europeo. Los ingenieros no se conformaron con adaptar los sistemas exportados desde Estados Unidos, desarrollaron un convertidor catalítico ideado para las condiciones del tráfico europeo. Esta introducción, requirió de numerosas modificaciones sobre el diseño del modelo. Por ejemplo, dicho convertidor irradiaba mucho calor así que se necesitaron escudos reflectantes para las zonas sensibles y cercanas al motor. También supuso la incorporación de un sistema electrónico con muchos controles y cables a encajar sin dejar cabos sueltos.

El desarrollo de estos catalizadores comportó la inversión de mil millones de marcos alemanes, cien de ellos para la creación de nuevas plataformas y los test de durabilidad y alta velocidad. Las instalaciones fueron renovadas y se incluyó una torre de inmersión de 13 pisos de altura, un edificio aislado en el que se llevaban a cabo pruebas de emisiones de 130 automóviles de manera simultánea. El compromiso de Opel no era solo con los nuevos clientes, también con aquellos que ya tenían un modelo del rayo. Por ese motivo, los ingenieros crearon un kit para su actualización y abrieron una línea telefónica para que los propietarios pudieran obtener respuestas sobre los catalizadores.

Fuente -> https://www.muyinteresante.es