El jazz crece con miradas diversas – Espectáculos

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Pies en la Tierra es el nombre de la banda ecuatoriana que abrió el Asujazz 2020. La intervención de este grupo integrado por Carlos Albán (batería), César González (percusión), Raimon Rovira (piano), Gilberto Rivero (saxo) y Cayo Iturralde (bajo) fue posible gracias a la virtualidad.

El quinteto entregó temas originales como “Tulipe”, “Buñuelo”, “La bestia” o “Plegaria”, contenidos en sus discos de estudio, en los que dan una muestra de esa confluencia de ritmos y estilos entre los sonidos sudamericanos, con énfasis en lo andino y afroecuatoriano, con el jazz.

Su conjunción sonora más un toque fino y con clase dan como resultado una propuesta altamente disfrutable e interesante, ya que con el gozo llega el aprendizaje, pues conocemos estilos propios de Ecuador como el yumbo, el yaraví o el albazo.

En esta misma línea de fusión de diferentes influencias vino después, de manera presencial en el escenario del Teatro Municipal, Nicolás Cañete & Heartbeat, proyecto creado y dirigido por el bajista que le da nombre al grupo. Tras un periodo tocando en Estados Unidos y Europa, Cañete regresó con ideas frescas y desafiantes.

En dicho sentido, junto con Paz Martínez (voz), Nico Vera (voz), José Burguez (batería), Mark Medina (percusión) y Víctor Scura (piano y teclado), presentó temas originales como “Hearbeat” o “That’s how remember Victoria”, y arreglos también propios de obras como “Crazy”, “Billie Jean” e incluso su homenaje personal a Mangoré con una moderna “Danza paraguaya”.

Lo interesante de Nico y su Heartbeat es que cumple con hacernos sentir que cada ritmo que interpretan tiene realmente ese corazón que nombra al grupo. Hay una hermosa química entre los integrantes, riesgos asumidos y cumplidos con altura. Interesantes juegos entre el inglés, el español y el scat con las voces. Sorprende Paz, una voz que esperamos escuchar más, junto con la de Vera que ya nos tiene acostumbrados al buen nivel.

Nuevamente de la mano de lo virtual pudimos ver y oír al Guaú Trío, desde Resistencia, Chaco Argentino. El trío conformado por Lucio Sodja en piano, Jorge Castro en batería y Alejandro Ruiz, entregó otras ideas de confluir sonidos. Lo suyo busca aunar el folclore del litoral con el género sincopado. En ese sentido interpretaron sus versiones de clásicos como “Canto al río Uruguay”, “Alma guaraní”, “Suave como pincel de Dalí” o “La exiliada”, y el tema propio “El acordeón del abuelo”.

Presenciar, aunque sea a través de un video, un toque del Guaú Trío es cautivante, pues su presencia escénica y sensibilidad traspasan la pantalla. El trío suena gigantesco y es un gusto viajar a su ritmo, aún más percibiendo esa mirada poética que buscan dar a la música del litoral con mucha madurez interpretativa.

Nuevamente sobre el escenario del Municipal, en esta especie de ping pong entre la presencia en escena y la presencia “en esencia”, llegó el turno de un retorno al Asujazz: el de la Band’Elaschica, que hizo su debut en la edición del año pasado. Si bien en aquella entrega ellas subieron a escena encantando con lo compacto de su ensamble y su entrega, esta vez redoblaron esa apuesta presentando netamente temas compuestos por sus integrantes. Lo más valioso es que su paleta resonó en diferentes puntos cardinales sonoros.

El grupo conformado por Paula Rodríguez (bajo), Magalí Benítez (piano y teclados), Mar Pérez (trompeta), Diana Quiñónez y Fátima Abramo (trombones), Lucero Núñez y Lara Barreto (saxos), Norma Lara (violín) y Julieta Morel (batería), se presentó con “Antes de la luz”, “Primer viaje” o “Morning rain”, que son solo algunas de las obras en las que cada una plasmó una visión personal y que todas supieron adoptar como propia. Esto dio muestra de sus inquietudes y sus necesidades de expresarse desde lo íntimo. Cabe resaltar que es uno de los pocos, sino el único, grupo de jazz con nueve integrantes (además de ser todas mujeres) y que defiende sus obras originales con seguridad y desde una mirada sensible.

Tras esta gran presentación viajamos a territorio español para encontrarnos con Raúl Rodríguez. Solo con su “tres flamenco”, una estación de loop y percusiones, el sevillano montó un gran espectáculo en el que hizo un despliegue de talento para manejar diferentes climas. La estación de loop, que consiste en una pedalera de efectos y con la que también puede grabar y volver a reproducir sonidos, fue un recurso que generó ese estado de hipnosis en temas como “El negro curro” o “Let the rhythm lead”, navegando entre el flamenco, lo electro-pop y los beats.

Con una energía por todo lo alto el cierre estuvo a cargo de la Jazz Band de la Policía Nacional. Bajo la dirección de Óscar Barreto, este ensamble logró un sonido de sólidas estructuras al ritmo de standards de jazz. Luego de una demostración de talento por parte de casi cada uno de sus integrantes, ingresó como invitado el histórico baterista Riolo Alvarenga, quien destacó por su destreza y swing adquirido a lo largo de tantos años tras el instrumento de percusión.

Jazz de todos los colores

El segundo día del Asujazz, el domingo 20, comenzamos la travesía en Francia de la mano del pianista Cedric Hanriot. En un formato de piano solo, el músico demostró ser poseedor de una musicalidad exquisita, guiándonos a un universo de piezas brillantes como “La chanson des vieux amants” o “Couler Café”, en un derroche de groove, hasta una mezcla entre “Come as you are”, de Nirvana, y “Teardrop”, de Massive Attack.

Sobre las tablas del Municipal ingresaba luego el Gustavo Viera Trío, formación que el guitarrista nacionalizado paraguayo armó con Dani Pavetti en batería y Josías Montanía en bajo. Lo de este trío fue un hermoso viaje de inmersión hacia paisajes etéreos y eléctricos. Una propuesta que subyugó pues cada músico se desdobló para dar origen a una atrapante travesía. Viera se mostró en todo su esplendor guitarrístico, no apoyado sino sumando fuerzas con el toque certero de Montanía y la maestría de Pavetti.

Cruzando el océano nos situamos en España para encontrarnos con la pianista y cantante Sheila Blanco, el pianista Moisés P. Sánchez y el saxofonista y cantaor Antonio Lizana. “Roja, toda roja” comenzó entregando Sheila al piano, haciendo gala de una voz de profundo cuerpo. Siguió con “En la tierra de nadie” y más allá de una técnica asombrosa, fue capaz de penetrar la pantalla con su emoción.

Luego apareció Sánchez, dotado de un carácter interpretativo hondo, sacó lustre de las teclas blancas y negras del piano, paseándose en melodías tan potentes como emotivas. Seguidamente Lizana se presentó con un quinteto para hacer temas propios como “Mi estrella” o “¡Alegría Mari!” en los que abraza al flamenco de raíz pero desde el arrojo de un carácter más rockero, atravesado por el filtro del jazz.

De vuelta en Paraguay, fue la oportunidad para José Villamayor y su cuarteto de ofrecer una mirada propia en que la música tradicional paraguaya se encuentra con el jazz. Junto con José González (bajo eléctrico), Víctor Álvarez (piano) y José Burguez (batería), entregaron un recital impecable. Entre temas propios como “Gotas de luz”, “La selva que nos queda”, “Paseo por el río” o “Tereré de las fronteras”, fue una gran alegría notar la evolución de grupos que se presentaron en ediciones anteriores y este es uno de ellos.

Villamayor es un gran guitarrista y compositor, y alegra verlo rodeado de nuevos valores del jazz nacional, nombres que son sinónimo ya de calidad interpretativa en la escena y que tiene mucho más potencial por desarrollar.

La última incursión internacional fue la de Vince Abbracciante Trío, desde Italia, que dio un notable concierto con el acordeón como protagonista, por momentos hasta de temple psicodélico. Hizo temas de sus diferentes discos, que pueden encontrarse en plataformas, como “Chanson pour a film a faire”, “Requiem per un ulivo” o “Cirano”.

Algo que destaca en su biografía, y que es algo que se disfruta en su concierto, es que se presenta con un acordeón que diseñó personalmente y que cuenta con un sistema de cambio de registro que permite ampliar la gama sonora de su instrumento. Este hecho sumado al trío que conforma, hace que cada obra que presenta sea como una historia en sí, que puede ser imaginada por cada uno, debido a la expresividad de cada instrumento. Un verdadero placer.

El festival cerró con el grupo creado para esta ocasión denominado Maestros del Jazz Paraguayo, integrado por Carlos Schvartzman en el piano, Tato Zilli en bajo eléctrico, Toti Morel en batería, Miguel Kunert en guitarra y Rudi Elías en saxo tenor.

Este grupo fue conformado como homenaje a músicos formadores de nuevas generaciones de músicos de jazz, pues también esta edición recordó al Jazz Club Paraguayo. El baterista Víctor Morel, parte de la organización de Asujazz, manifestó que dicho club formado en 1963 impulsó el primer festival de jazz paraguayo en 1964. Recordó a algunos de sus miembros como Palito Miranda o Kuky Rey, a quienes “debemos esta escena que hoy continúa”.

De esta manera, los Maestros del Jazz Paraguayo pusieron broche de oro a dos noches donde el género sincopado se vistió de gala para mostrarse más expandido que nunca. Entre temas como “Triste”, de Tom Jobim, “Dolphin dance”, de Herbie Hancock, u “Horizonte nuevo”, del mismo Kunert, este toque tuvo ya el sabor de una celebración de un estilo que une y hace difusa cualquier frontera.

Si el jazz tuviera colores, definitivamente el Asujazz se constituye, a pasos firmes, en una paleta casi infinita de esa muestra de cómo este género puede recibir a tantos otros, y que estos puedan convivir en armonía dentro de sus estructuras, o des-estructuras, porque el jazz implica esa libertad, esa no necesidad de poner fronteras ni etiquetas a los sonidos. Es más que un género específico, un estado del alma. Y en ese estado en el que el alma celebra, es aún más un motivo de emoción notar el crecimiento del género en nuestro país, sobre todo al constatar que la mayoría de los grupos compuestos por jóvenes están a un buenísimo nivel sonoro y lo mejor: con composiciones propias.

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