El futuro de nuestro sistema solar

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Pero, como en cualquier motor, el combustible no es infinito. Llegado a la senectud, el Sol terminará sus reservas de hidrógeno, con lo que tendrá que comenzar a fusionar átomos de helio en su lugar. Cuando esto suceda, tal reacción física le proporcionará más energía, que hará que el Sol comience a sobrecalentarse a cientos de millones de grados centígrados, y también a expandirse. Las estrellas son la única cosa que se calienta antes de enfriarse, dando paso a una gigante roja.

Las gigantes rojas, pues, son estrellas en los estertores de la muerte. Durante su transformación, el Sol aumentará de tamaño. Tanto es así que alcanzará las órbitas de Mercurio, Venus y, probablemente, la Tierra. Nuestro astro rey, que otorga vida, también reparte la muerte, puesto que se tragará, literalmente, buena parte de los rocosos planetas interiores. 

En su último aliento, el Sol se desprenderá de sus capas exteriores, pero no explotará en forma de supernova. Existe consenso científico acerca de que el Sol no es lo suficientemente grande como protagonizar este espectacular final, propio de estrellas de un tamaño mucho mayor. Si este fuera el caso, probablemente los elementos químicos complejos que dejase atrás esta explosión acabarían formando una nueva estrella y nuevos planetas, como de hecho creen los científicos que ocurrió en el nacimiento del sistema solar. 

Pero, en el final, la gravedad hará que el Sol colapse sobre sí mismo, para dar lugar nada más que a un pequeño núcleo del tamaño de la Tierra, una enana blanca; un mero y frío cadáver del otrora poderoso astro que es todavía nuestra estrella. 

Fuente -> https://www.muyinteresante.es