El FBI de perros y gatos

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Podría ser el guion de una película humorística, como el de la serie La pistola desnuda, si no fuera porque la Fiscalía y la Policía lo han tomado de modo dramático, como si fuera un operativo contra una banda de narcos del PCC o del Comando Vermelho. El martes, la Policía Nacional informó oficialmente que, bajo la dirección de la fiscala Carmen Gubetich de Cattoni, allanaron el local comercial Aldemar & Cía., en Villa Elisa, por el “supuesto hecho de fabricación ilícita de cédulas paraguayas”. Como evidencias presentaron lotes de cédulas de identidad de perros y gatos, hallados en el lugar. El relato del procedimiento agregó más tonos de comedia. Habían recibido denuncias de que en el sitio se falsificaban cédulas de identidad, así que un agente especial se presentó como cliente a través del WhatsApp para una compra simulada. Pidió copias de cédulas para personas. Los dueños de la empresa respondieron que solo hacían cédulas de fantasía para mascotas y las entregaban a domicilio. El agente encargó 12 cédulas, insistió en retirarlas personalmente y pidió la localización del local. “Cuando se concertó la entrega, costó que nos digan el lugar, tuvimos que persuadir mucho”, relató la fiscala Gubetich. Bastaba con mirar la página de Facebook de la empresa, en donde consta el domicilio, pero al parecer eso es mucho pedir al FBI paraguayo de perros y gatos. El agente encubierto se presentó a retirar las cédulas y en ese momento aparecieron los policías con chalecos y armas, rodeando el local y ordenando manos arriba. Probablemente, la fiscala y los agentes no lo sabían, pero los jóvenes emprendedores dueños de Aldemar & Cía., dedicados a servicios de etiquetas, codificación e identificación para empresas venían promocionando en forma pública la confección de cédulas de identidad para mascotas, inspirados en servicios similares en otros países. Hasta la famosa Gata Clarita, mascota de la Manzana de la Rivera, gran influencer en las redes sociales, había recibido su cédula el mes pasado. El caso generó burlas de todo tipo. Que, en lugar de mostrar apoyo, las autoridades persigan como delincuentes a emprendedores que buscan reinventarse ante la crisis del Covid-19 genera indignación. Principalmente, cuando no demuestran la misma aparatosidad y eficacia en perseguir a verdaderos delincuentes, dejando escapar al brasileño Wilmondes Sousa Lira o sin hallar nunca a la empresaria Dalia López, ambos involucrados en el sonado caso de falsificación de cédulas y pasaportes del astro del fútbol Ronaldinho. El perjuicio económico a los emprendedores es grande, por las cédulas de fantasía ya encargadas y pagadas por clientes, que fueron incautadas. La fiscala Cattoni alega que el diseño de las cédulas transgrede la Ley de Marcas, al usurpar comercialmente símbolos patrios. En realidad, los escudos de la bandera que usan ya no son los oficiales, han sido cambiados en el 2013 por otro diseño. Además, hay tantos otros casos de remeras, termos, banderines, etc., que usan símbolos patrios y se venden libremente, incluyendo el caso de las mascotas de un conocido banco que también aparecen con cédulas similares. El blooper de fin de año del FBI de perros y gatos al menos nos ha proporcionado un momento de diversión entre tantos hechos negativos, aunque desprestigia aún más a nuestro ya desprestigiado sistema de Justicia.

Fuente -> http://www.ultimahora.com