El Congreso se burla de la ciudadanía – Editorial

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En un contexto de crisis total en la que se encuentra sumido el Paraguay desde hace nueve meses a causa de la pandemia del covid, diputados y senadores han dejado en claro cuáles son sus prioridades con la sanción del Presupuesto General de la Nación (PGN) 2021. Pese a las advertencias realizadas por el Ministerio de Hacienda sobre limitaciones de recursos, quiebra de miles de empresas, aumento de desocupados y extensión de la pobreza, los legisladores incluyeron incrementos salariales para sus funcionarios, aumentos mau para un grupo de privilegiados elegidos a dedo en otras entidades públicas, y hasta decidieron dejar de lado el concurso de méritos para incorporar personal al Poder Legislativo. Queda patente que les importa un bledo el sufrimiento de miles de familias paraguayas a las que a la par imponen un pesado yugo para financiar estos privilegios.

07 de diciembre de 2020 – 01:00

En un contexto de crisis total en la que se encuentra sumido el Paraguay desde hace nueve meses a causa de la pandemia del covid, diputados y senadores han dejado en claro cuáles son sus prioridades con la sanción del Presupuesto General de la Nación (PGN) 2021. Pese a las advertencias realizadas por el Ministerio de Hacienda sobre limitaciones de recursos, quiebra de miles de empresas, aumento de desocupados y extensión de la pobreza, los legisladores incluyeron incrementos salariales para sus funcionarios, aumentos mau para un grupo de privilegiados elegidos a dedo en otras entidades públicas, y hasta decidieron dejar de lado el concurso de méritos para incorporar personal al Poder Legislativo. Queda patente que les importa un bledo el sufrimiento de miles de familias paraguayas a las que a la par imponen un pesado yugo para financiar estos privilegios.

El plan de ingresos y gastos públicos salido del Parlamento asciende a 13.010 millones de dólares, incluyendo la Administración Central y las Entidades Descentralizadas. La versión que se impuso finalmente es la del Senado de la Nación, la peor, conforme al criterio del propio Ministerio de Hacienda, debido a que incorpora aumentos en los gastos rígidos por 50.000 millones de guaraníes y eleva aún más el endeudamiento del Estado. Los representantes del Ejecutivo han anticipado que el documento no será vetado, aunque aplicarán determinadas medidas a fin de postergar erogaciones consideradas prescindibles. Lo consideran “manejable”. Ciertos “analistas” pontifican que lo adicionado es ínfimo dentro del total del Estado, olvidando que cada guaraní sale del sacrificio y del sudor de cada uno de los trabajadores paraguayos. De una vez por todas se debe entender que un solo guaraní malgastado es una verdadera ofensa a aquel que lo contribuye.

Desde el principio, las autoridades gubernamentales han coincidido en que el 2021 será un año clave para la recuperación económica. Se entendió que las estadísticas del 2020 son catastróficas con consecuencias lacerantes en todos los niveles sociales, pero especialmente en los más débiles. Se habla de decenas de miles de establecimientos empresariales cerrados, con sus consecuentes despidos, el cese temporal de actividades para cerca de 150.000 compatriotas, la caída de más del 50% de las ventas de aquellos que pudieron sobrevivir, un aumento asegurado en el número de pobres, un mayor endeudamiento del Estado cuyos compromisos crecieron 2.500 millones de dólares en apenas diez meses, una caída de más del 2% para la economía, solo por mencionar algunos de los datos más angustiantes.

Una estadística difundida por el Ministerio de Hacienda indica que 8 de cada 10 guaraníes que recauda el Estado en tributos son destinados al pago de remuneraciones al personal público. Si a esto se suman las jubilaciones, pensiones y deudas (conocidos como gastos rígidos), el Tesoro debe echar manos a otras fuentes de financiamiento. Queda claro que hay poco margen de maniobra. La ciudadanía ingenua creyó que ante tamaña realidad, nuestros gobernantes darían muestras de su patriotismo aprobando un presupuesto público racional, en el que se prioricen las necesidades de nuestros compatriotas, en el que se optimice cada guaraní obtenido y, fundamentalmente, en dejar de lado la politiquería y los intereses sectarios en la asignación de rubros.

Nunca antes existió una mejor oportunidad para afrontar los cambios que se requieren en el manejo del presupuesto público. Desde que se inició la pandemia, la ciudadanía paraguaya fue sometida a todo tipo de restricciones a sus libertades, violentadas sus garantías constitucionales básicas, obligada a dejar de trabajar y a endeudar hasta a sus futuras generaciones. Las consecuencias ya fueron mencionadas. Mientras el “comunacho” tuvo que sufrir, ningún funcionario estatal fue despedido, todos siguieron cobrando sus salarios y algunos hasta sus demás beneficios (privilegiados por cierto ante cualquier otro trabajador), no dejaron de tener seguro médico, siguen manteniendo sus expectativas de jubilación y en la mayoría de las instituciones tenían la obligación de acudir a sus oficinas solo una o dos veces por semana.

El despropósito de nuestras autoridades legislativas tiene mucha coherencia. Por ello han metido en el freezer el proyecto de ley de reforma del servicio civil que duerme el sueño de los justos en alguna comisión legislativa. Es seguro que el proyecto de reforma en el sistema de contrataciones públicas corra la misma suerte. Es ingenuo pensar en una reforma de la Caja Fiscal, viendo que a partir del 2021 tendremos años de elecciones con intenso proselitismo político, campañas prebendarias y despilfarro público. La realidad es triste, considerando que informes internacionales hablan del malgasto de unos 1.500 millones de dólares anuales en burocracia, salarios innecesarios, corrupción y robos en compras y contrataciones públicas.

No solo el Legislativo se ha mostrado irresponsable al mantenerse ajeno a la realidad del país. Ninguno de los tres Poderes de Estado se ha puesto a la altura de las circunstancias para adecuar el presupuesto público a las difíciles condiciones que soportan estoicamente nuestros compatriotas. No hay dudas de que estamos ante dos Paraguay: uno, de los sometidos a las duras exigencias del covid, y otro que sigue ajeno disfrutando del dinero que el Estado esquilma minuto a minuto a los contribuyentes.

Fuente -> http://www.abc.com.py