El Chico López: el empuje de la amistad – Espectáculos

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Las fiestas en los boliches no eran lugares cómodos para Gonzalo, un adolescente quien no se sentía identificado con ese contexto, no por la música sino por la situación de obligación de tener que vestirse de cierta formar para “encajar”. Tampoco le agradaba que en estos sitios haya discriminación, como no dejar entrar a gente por tener “tez más oscura”.

Pero un día se encontró en su Lanús natal con Club Bizarro, una casa donde tocaban bandas periódicamente. Su primer encuentro fue inolvidable para él, porque una banda punk le “voló la cabeza”. Gonzalo tenía 14 o 15 años y sintió que encontró su lugar y refugio en el mundo: la música.

Fue flechado por el punk desde el comienzo, pero su curiosidad lo movió siempre por diferentes caminos. Empezó siendo sonidista de la banda hardcore punk Eterna Inocencia, porque le atrapó la escuela de la “lírica pensante”. “Quieras o no la música que escuchas te junta con gente que piensa parecido”, expresa hoy el Chico López, nombre artístico de Gonzalo, quien con la música, pudo conectar de forma especial con Paraguay a través de sus amigos de Ripe Banana Skins y Kita Pena.

Así, luego de lanzar “Desde arriba”, en colaboración con Kita Pena, y “Para cuando vengan a buscarme”, un western que funciona de soundtrack de una película argentina recientemente estrenada (“Los Errantes” de Irene Franco), El Chico López presenta “El viento que me empuja”, coproducida artísticamente junto a Jeibrix Müller, y mezclada y masterizada por Roy Ota, de Estudios del Sol Naciente (Buenos Aires). Además cuenta con la colaboración de Fernando Moreno en la batería, Hernán Colantuono en bajo y sintetizadores, y Blas Rodrigo en los coros.

“A ellos los conozco hace más de diez años”, comenta sobre su relación con los músicos paraguayos, con quienes entabló como una hermandad musical y familiar. Entre venidas del Chico a Paraguay o idas de los Kita Pena a Buenos Aires, el lazo se fue afianzando. “Amo encontrarme con ellos también cuando nos vemos esporádicamente. Me pasa una cuestión que te pasa con ciertas personas, cuando no las ves todo el tiempo pero sentís que cuando los ves está todo bien. Es como muy puro”, afirma el músico que actualmente reside en España.

Acerca de su paradero geográfico por estos días, cuenta que fue a causa de tener que volver a cuidar de su padre que enfermó a fines del año pasado. La cuarentena lo encontró allá y entonces debió clavar bandera en el país europeo, por ahora. “Mi vida entera está en pausa allá”, dijo por su vida en Argentina, no obstante, asegura que es sano ponerse en esa situación, como de frenar, pero que esta vez fue algo obligado por el confinamiento.

“Es muy sano ponerse en esta posición de que lo único que sos, sos vos. Sacarte el equipaje de encima de todo lo que es material o rutinario. Más allá de que nunca tuve una rutina clara, pero a veces lo cotidiano te agobia. El parón te hace replantear todo emocionalmente. A mí me ayudó a componer, a cerrar cosas, sacarlas muchas veces de lugares oscuros. Con todo esto de la cuarentena es como que te revisas un poco. Es como un ejercicio”, reflexiona en conversación telefónica.

Sobre su nuevo tema “El viento que me empuja”, recuerda que si bien ya tenía la mitad de la canción trabajada antes de que empiece la cuarentena, porque la produjo con Jeibrix durante el viaje de los paraguayos a argentina, pudo terminar el resto ya durante el encierro. Sin embargo, recordó ese momento compartiendo con sus amigos, resaltando que Müller lo incentivó mucho y también el baterista, Marcelo Soler, le dio un empujón para que siga componiendo. “Me gusta que la letra tenga la energía de diferentes momentos”, reconoce el Chico, para luego pensar que su nueva canción “tiene un dejo nostálgico pero con fuerza. Es energía punk pero es pop. Estoy contento”, reconoce sobre su trabajo.

“Está buenísimo compartir con otros artistas porque te llevan a mundos que quizás no ibas a ir, entonces hay que ir para todos lados”, plantea también a la hora de hablar sobre su composición del soundtrack para la película “Los Errantes”, de Irene Franco. Acerca de ese proceso, comparó con el mismo de hacer música para su proyecto. López tiene una necesidad de visualizar lo que está escribiendo. “Cuando escribo algo me lo estoy imaginando delante mío. Me cuesta escribir conceptualmente. Necesito que me sorprenda la imagen, por más que sea algo cliché o que las palabras sean fáciles. Necesito escribir lo que siento y veo, y si me miento a mí mismo después voy a tener que mentir siempre, en cambio si yo lo puedo imaginar y visualizar, es real”, señala.

En ese sentido de trabajar tanto con colegas y amigos en el mundo de la música como también del cine, para él es algo que le genera ganancias pero como ser humano. Tener la oportunidad de interpretar, en el caso de la película, algo que ya la directora “interpretó sobre una situación inventada sobre algo de su vida, que creó” es como poner “el corazón arriba de la mesa, en exposición”. “Cruzas tu información con la de otra persona. Cruzar tu corazón con el otro ya es algo de a dos, y para mí es muy difícil hacerlo (la creación) como una hamburguesa de McDonald’s con una receta. Lo puedo hacer pero no lo quiero hacer. Este espacio de libertad que tengo lo necesito, no puedo someterlo a la manufactura. Necesito que sea libertario y poder decir lo que quiera, y también decir que no quiero decir algo. Imagino que a nivel discográfico muchos artistas no pueden decir que no a un montón de cosas”, plantea.

En esa línea de pensamiento, para él “hoy en día la música está súper manejada”, en el sentido de que “los algoritmos que manejan la música están súper agarrados de empresas que te dicen qué tiene que sonar”. Puso como ejemplo a Estados Unidos y Puerto Rico, que “manejan unos patrones de música totalmente repetitivos y atados a un marketing de imagen y a un flujo de dinero casi imposible de llegar como artista independiente”.

“Lo único que hacen es venderte hamburguesas constantemente, que son súper divertidas y ricas, pero son tan efímeras como el amor de una noche. Yo soy un romántico con la música, me gustan artistas que escucho hace muchos años, entender la obra a través del tiempo y al artista como artista, fuera de la canción, lo que piensa, lo que dice, su coherencia sociopolítica. Kita Pena es una banda súper real que debería estar sonando en todos lados”, ejemplifica.

Si uno se pone a escuchar el ranking mundial de todos los países, piensa, “son iguales”, y a veces incluso “muchos artistas no quieren ser artistas, quieren tener visualizaciones, buscan tener la mayor cantidad de likes, sin embargo yo disfruto mucho del crecimiento incluso de cómo me equivoqué en canciones anteriores”, asegura.

Así, para el Chico no hay idea del siguiente paso, porque siempre escuchó de todo y le gusta navegar entre sonidos distintos. Punk, hardcore, ska, indie rock, pop, para él todo vale si el mensaje está claro. “Estoy encontrando una manera de cantar y no estoy cerrado a nada. No busco atarme a un concepto. Escucho bastante música aleatoria, me gustan algunos elementos sonoros que los voy guardando. Así vas anotando tus espacios de comodidad para estar más cómodo, pero siempre hay que dejar un lado donde te sientas incómodo, porque esa incomodidad es la que te hace buscar, y si no buscas de algún modo repetís, y yo trato de siempre buscar algo nuevo. Eso es lo que me da vida, esa búsqueda”, reafirma López, para quien la música es el “motor” de su vida y quien siempre pregona que la “primera consigna” es no limitarse en la creación.

El Chico Lopez es el proyecto de Gonzalo, que nació en Lanús. Desde presentó los singles “Cabras”, “Esperar”, “Súplica” (junto a Lucy Patané), “Canción del Ballotage” (cover de Los Besos) y “Desde arriba”, con Kita Pena. Estas canciones lo llevaron a recorrer diferentes espacios culturales por Argentina y Uruguay en el formato “más urgente”: guitarra y voz.

Fuente -> http://www.abc.com.py