El cambio climático local aceleró la evolución de un homínido extinto

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Un cambio climático local lo alteró todo

¿Por qué se produjo ese cambio? Se sabe que en esas localidades se produjeron cambios ambientales que además alteraron los patrones de alimentación de las especies que allí habitaban. La evidencia de un cambio climático rápido pero significativo durante este período en Sudáfrica proviene de una variedad de fuentes. El registro fósil, por ejemplo, revela que ciertos mamíferos asociados con entornos boscosos o de matorrales se extinguieron o se volvieron menos frecuentes, mientras que empezaron a surgir otras especies asociadas con entornos más secos y abiertos.

 “Una de las características más significativas de P. robustus es su adaptación a una dieta consistente en alimentos duros o muy duros”, explica David Strait, investigador en la Universidad de Washington y participante en el estudio. “A medida que el ambiente se fue haciendo más frío y seco, la vegetación local también cambió, y las adaptaciones anatómicas de P. robustus le permitieron sobrevivir en este entorno con alimentos más difíciles de masticar”.

“Pero los especímenes de Drimolen exhiben características esqueléticas que sugieren que sus músculos masticadores estaban colocados de tal manera que los hacían menos capaces de morder y masticar con tanta fuerza como la población posterior de P. robustus de Swartkrans”, añade. “En el transcurso de 200 000 años, un clima cada vez más seco probablemente llevó a la selección natural a favorecer la evolución de un aparato de alimentación más eficiente y poderoso en la especie”.

Nuestros antepasados ya pululaban por ahí

Se sabe que P. robustus apareció casi al mismo tiempo que nuestro antepasado directo Homo erectus. “Hablamos de dos especies muy distintas: H. erectus con sus cerebros relativamente grandes y sus dientes pequeños, y P. robustus con dientes grandes y cerebros pequeños, que representan experimentos evolutivos divergentes”, explica Angeline Leece, investigadora de la Universidad de La Trobe. “Si bien fuimos el linaje que consiguió sobrevivir, el registro fósil sugiere que hace dos millones de años P. robustus era mucho más común que H. erectus”.

Por otro lado, los autores consideran que este descubrimiento debería servir como advertencia para ser más cautos a la hora de extrapolar conclusiones generales a partir de unos escasos restos fósiles. Durante los últimos años se han descubierto una gran cantidad de especies humanas fósiles, y muchas de sus descripciones se basan en una cantidad muy pequeña de fósiles de uno o pocos yacimientos localizados en áreas geográficas muy próximas y en rangos de tiempo muy pequeños.

“Creemos que la paleoantropología debe ser un poco más crítica al interpretar la variación en la anatomía como evidencia de la presencia de múltiples especies”, dijo Strait. “Dependiendo de las edades de las muestras fósiles, las diferencias en la anatomía ósea podrían representar cambios dentro de los linajes en lugar de evidencia de múltiples especies”.

Fuente -> https://www.muyinteresante.es