Dura realidad se afrontó con el negacionismo de Petta

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Desde el día siguiente, comenzaron las clases a distancia, en un país donde 8 de cada 10 alumnos y alumnas no cuentan con conexión a internet ni computadoras en sus hogares (EPH 2019). Una encuesta de la Unicef reveló que el 22% de escolares accedía a plataformas digitales, mientras que un 52% lo hacía por WhatsApp, el método más utilizado a lo largo del curso lectivo.“En esta casa somos pobres. No tenemos internet. Tenemos celular común; el MEC no sabe nuestra realidad señor ministro”, reclamaba una familia que instaló este mensaje en un cartel en su vivienda desde Puerto Casado, en el Chaco. Desde la Región Oriental, se vio cómo directores de establecimientos educativos trepaban hasta lo alto de árboles, tanques de agua en la búsqueda de señal de internet, como ocurrió en un asentamiento de San Joaquín, Caaguazú.Pese a las estadísticas, encuestas y a las necesidades de las familias, las autoridades educativas con el ministro de Educación Eduardo Petta al frente, negaron estas evidencias, condicionaron la entrega de alimentos y hasta pusieron en duda el estrés de alumnos y docentes. “Puedo mostrar miles de videos donde niños saltan frente a NPY haciendo lo que hace la profe, comparativamente con esa foto que se sube al árbol (un docente en busca de señal), te puedo contrastar y poner 10.000 fotografías donde están mirando la tele, haciendo su tarea”, expresó a fines de abril. En ese entonces, los datos del MEC sobre el acceso a clases virtuales indicaban que la mitad de los alumnos matriculados (700.000) accedía a clases virtuales.Sin diálogo. Las críticas a la falta de apertura de parte de las autoridades de la cartera educativa también estuvieron presentes. Como no se abría una mesa de trabajo con actores de la comunidad escolar, referentes apoyaron el pedido de interpelación al titular del MEC ante el Senado el pasado 13 de mayo.La Cámara Alta recomendó al presidente Mario Abdo el cambio de timón en el MEC. Pero el Ejecutivo lo sostuvo pese a reclamos desde el mismo oficialismo.Recién ahí se abrió una mesa de consenso con estudiantes, docentes y padres de familia, que terminó sin la participación protagónica de estos actores.La Federación de Padres de Instituciones Educativas Públicas (Fedapy) cuestionó esta falta de apertura de las autoridades, asegurando “que no se tuvo resultados positivos en términos de aprendizaje de nuestros hijos”. La Unesco también destacó en un reporte que el 32% de familias paraguayas calificó este 2020 como un año perdido en el sector.El capítulo de educación del informe anual sobre Derechos Humanos de Codehupy 2020, recuerda que el negacionismo de las autoridades educativas se da antes de la pandemia del Covid-19, cuando se reimprimieron nuevas ediciones con dinero público del libro Semillitas, publicado durante la dictadura de Alfredo Stroessner y condecoraron a un ex ministro de esta época (Carlos Ortiz Ramírez, alías Ñandejára Taxi).Este suceso se dio en febrero, días antes del inicio del curso lectivo.“El que el gobierno en el poder y su máxima autoridad educativa nacional sean personas negacionistas de la realidad impide que ocurra la educación. Si la educación no mira la realidad no se puede llamar educación; en todo caso hablamos de instrucción o de adoctrinamiento”, sostiene Ana Portillo, coautora del capítulo sobre el Derecho a la Educación.Explica que detrás de ese negacionismo de la dictadura hay un proyecto de sociedad que no pretende ser para todas y para todos los ciudadanos.“Es un proyecto excluyente para que la población no cuestione la realidad, para que se mantenga pasivo aceptando desigualdades y las injusticias”, agrega. Sostiene que se demuestra que la crisis educativa se profundiza y recrudece porque no está orientada a ser accesible a los sectores vulnerables y excluidos de la sociedad.

Fuente -> http://www.ultimahora.com