Dante Spinetta: Metamorfosis musical – ABC Revista

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Dante Spinetta nació en el seno de una familia que le inculcó el amor por la música sin líneas que dividan los estilos, y que lo motivó a desafiar las ideas de límites, haciéndolo soñar con un arte más universal.

De niño aprendió no solo a tocar un instrumento, sino también a escuchar, sentir que la música es vivir, es felicidad. Hoy, tras discos exitosos tanto con su dupla Illya Kuryaki and The Valderramas, con la que patearon el tablero del rap en una Argentina de principios de los 90, y de discos como solista cargados de mucha sensibilidad, humanidad y sinceridad, el artista atraviesa un momento en el que no para de crear, de ser curioso y de disfrutar de la metamorfosis de la música.

–Hola, Dante. Gracias por hablar con ABC Revista. ¿Cómo estás atravesando esta pandemia?

–Hola, un gusto. Sí, creo que pasé por todos los estados emocionales que existen. Hay una semana o un día en que ya estás harto, triste, mirando la tele, comiendo comida chatarra; después al otro día capaz estás reactivado, haciendo ejercicios, escuchando música, con un positivismo. Toda esa energía que quedó encapsulada en los cuerpos también son como erupciones volcánicas de las almas. Pero también hay gente en situaciones mucho más vulnerables, que no tiene un techo, un plato de comida, que tiene que salir a exponerse para trabajar; gente que está contagiada, internada; gente en primera línea de salud o de limpieza. Hay tantas personas que están en situaciones mucho más complicadas y vulnerables.

–¿Este encierro te hizo replantear ciertas cosas?

–Algo positivo fue que nos forzó como humanidad a que tengamos esa charla interna, a parar un poco, bajar la velocidad de la vida diaria. Empezar a pensar en cosas no resueltas, objetivos. Creo que todos nos hemos vuelto un poco… –se me está olvidado la palabra–, pero es eso de cuando podés entender al otro, aceptando las diferencias, teniendo en cuenta lo que le pasa al de al lado. Pasaron muchas cosas como lo de George Floyd en Estados Unidos, que despertó la charla en todo el mundo acerca del racismo. Esperemos que queden algunos cambios después de esta pandemia, que haya conceptos positivos que duren, pero es importante la salud mental. Considero también que no está bueno mirar todo el tiempo las noticias y todo lo que está pasando, porque por momentos uno cree que no hay una salvación de nada, que no hay esperanza, entonces hay que cuidar la cabeza. Creo que la música y el arte nos ayudan.

–Si bien es un momento terrible, tenemos estas excusas para charlar como Niguiri Sessions o el show virtual…

–Lo del Niguiri arrancó en diciembre del año pasado terminando un tour, estábamos pasando tan bien, cuando se me ocurrió que la gente que no puede venir a los conciertos o de países a donde no estoy pudiendo ir, vea cómo está sonando el grupo. La idea nació una noche cenando en un sushi bar muy chiquito que se llama Nare y se me ocurrió hacerlo ahí. Cuando fueron los técnicos de escenario dijeron: “Vamos a entrar apretados, pero entramos”. Y nos mandamos y grabamos. Lo bueno de Niguiri es la honestidad de la situación y que tenga esa crudeza de lo que tiene el vivo. Si tiene errores, no son errores, es la musicalidad y la humanidad, porque no hicimos regrabaciones en el estudio. Sí tocamos cada tema tres veces para las cámaras, pero elegimos una sola toma de sonido y eso no se alteró. Lo filmamos un mes antes de la cuarentena y salió en medio de todo. Fue como ¡guau! Qué bueno, Dante, que estás haciéndonos llegar esta data justo ahora que la gente más que nunca necesitaba cosas que estén hechas con amor, como la comida casera. De repente hay demasiada comida rápida, fast food musical, y cuando hay algo casero creo que nos hace bien, nos pega en otro lado, no solamente en la panza, sino en el espíritu.

–Al hacer el show en este bar fue como pensar en un lugar físico más allá de lo que es…

–Fue como: “Bueno, entren a un día de mi vida diferente”, y compartirlo honestamente y hacerlo bien. Con calidad, con amor, que suene rebién, bien filmado. De ahí se desprende la idea del streaming que será el 9 de octubre en el Movistar Arena, que es la presentación de este show, pero también habrá otras canciones. Le vamos a dar un tratamiento superpró, no lo queríamos hacer en estudio, por eso elegimos el Movistar Arena como escenario. Aparte es la primera vez que voy a tocar para todo el mundo en simultáneo. Están llegando mails de gente de México, España, que tienen entradas y ¡guau! Ojalá en Paraguay se copen y vengan.

–¿Qué te genera pensar que estarás en vivo, pero sin gente presente?

–Va a ser diferente. La verdad que más que fijarme en lo que me va a pasar, quiero desarrollar eso de no sentirnos solos de manera virtual, porque sabemos que al otro lado hay un montón de gente con la que estamos compartiendo. Entonces voy a imaginarme a la gente al otro lado de los celulares, televisores y computadoras. Nos tenemos que adaptar a este mundo y, te digo la verdad, para mí tener la posibilidad de tocar para la gente en un show con todo mi grupo es un paso que hace tres meses no sabíamos cuándo íbamos a poder darlo. Estar haciéndolo ahora es un avance y es un acercamiento a la humanidad de nuevo. Lo voy a tomar sintiendo a la gente conectados por la magia de la música.

–De hecho eso pasó desde que existió un vinilo que se podía llevar a la radio y sonar en otro continente…

–La música flota por encima de las barreras y las fronteras, como de golpe el rock se expandió por todo el mundo o el hip hop o la música urbana. Cuando hay gente que nos dice: “Che, ¿cómo hicieron cuando para, en el año 91, con 14 años estar haciendo rap tan lejos del Bronx?” Y no sé, la música llega, yo creo que esas cosas ni uno las elige. No podés mentir el funk o el amor que tenés por algo, no podés mentir cuando algo te hace bailar, te saca una sonrisa y te hace bien. Algo bueno que está pasando en estos tiempos es que la gente aceptó mucho más las diferencias de estilos musicales. Uno acepta básicamente lo que le hace bien. Antes un concierto como Lollapalooza hubiera sido una guerra mundial porque no podías poner a Rosalía y Metallica el mismo día. Hoy pasa y está buenísimo. Y que se disfrute, que cada uno tenga empatía –esa era la palabra que no me venía hace rato– con los demás, y que nos demos cuenta de que nos parecemos mucho más de lo que parece.

–Darnos la oportunidad de conocer lo desconocido…

–Sí. A mí como músico me gusta seguir estudiando a los clásicos, a los grandes maestros que pasaron antes y a los que están apareciendo también todo el tiempo. Siempre hay algo que te va a conmover en el camino si lo buscás. Para mí, esa especie de antropología cultural de buscar cosas, de descubrir nuevos mundos me vuelve loco. De repente encontrar un artista que no conocías y decir: “Mirá este disco de 1960 lo que es” y de golpe se te abre un mundo nuevo. Eso es básico.

–En una parte de la última biografía sobre tu padre “Ruido de magia” hablabas con él de Fabrico Cuero (primer álbum de Illya, 1991). Le mostrabas las letras y le asustaba cierta violencia y le explicaste que eso era la calle.

–Sí, es muy loco, pero hay gente a la que la criticaron cuando era joven con su movida y hoy esa gente critica a los jóvenes. Pasa lo mismo con los instrumentos y hoy es todo con computadora, dicen. Hoy las herramientas son estas y mañana serán otras. Hay una evolución y una cuestión donde creo que lo mejor es ser real. No te tiene por qué gustar lo nuevo, pero no te podés cerrar porque de golpe hay cosas que te estás perdiendo por, justamente, cerrarte o encasillarte. Podés hacer música increíble con una computadora y también con una guitarra o con un piano, pero lo que importa es el alma y la intención. Imaginate que pasaron 30 años de que sacamos Fabrico Cuero. En ese momento si salías a la calle con un look de rap te podían agredir; el rock duro odiaba la calle. Hemos pasado situaciones hostiles donde también nosotros tuvimos que ponernos hostiles.

–Tu nuevo sencillo “Aves” tira secuencias y beats muy interesantes, además encarás un tema como la donación de córnea. ¿Qué te movilizó a esto?

–Aves es una canción que a mí me gusta mucho y tenía algo muy visual. En toda la canción hay ruidos de pájaros metidos en el beat, y cuando la pensaba tenía la sensación de que era la música que escuchaba el pájaro mientras volaba y nos veía a nosotros. De golpe me llega esta propuesta de hacer una canción para concienciar. Acepté porque era un proyecto realmente artístico, era contagiar desde una buena idea. Cuando el video salió tenías que verlo con un celular enfocando los ojos de la otra persona con la cámara, y si lo corrías, se veía todo borroso, de alguna manera era “necesito tus ojos para poder ver”. Esperamos que la gente no tenga miedo a inscribirse en donaciones, total uno muere y creo que ayudar a que alguien siga viendo o haga un upgrade (mejora) en su vida me parece superimportante.

–También estuviste trabajando con artistas nuevos como Duki o Neo Pistea. ¿Cómo ves a la música de hoy?

–Hay mucha gente creativa. La posibilidad de poder subir tu material generó un montón de expresión nueva. En el caso de Duki y Neo son dos de mis raperos favoritos locales y estuvo buenísimo lo que hicimos. Yo con un montón de artistas jóvenes me siento identificado también porque en un momento el rap en Argentina era muy sectario. Nosotros en la época de Illya, a principio o mediados de los 90, mezclábamos estilos porque siempre éramos mestizos. Yo siempre me considero un músico mestizo, que mezcla culturas. Hay una paleta de sonidos increíble y el mundo es un lugar para seguir investigando y disfrutando de eso.

–Como que muestran que no hay que pensar en la música como muy territorial, donde hay fronteras.

–El mundo es mucho más grande de lo que uno piensa y hay muchas más cosas para conectar, por eso para mí el hecho ya de haber sido músico me rompió las fronteras. Cuando hicimos Chaco en el 95 con Kuryaki ya estábamos hablando de eso, de que la música también iba por encima de todos esos límites políticos que muchas veces tienen que ver con que son parte de la política, y el arte va por otro lado.

–Hablando de ello, ¿qué significa Kuryaki para vos?

–Kuryaki es una etapa de mi vida muy linda donde hemos compartido con Emma (Horvilleur) momentos inolvidables y con un montón de músicos con los que hemos sido parte de una revolución urbana y de rock al mismo tiempo. Que hoy músicos más jóvenes nos digan “yo los seguí a ustedes y me inspiraron” está buenísimo, y ser parte de la cultura popular latinoamericana también. Kuryaki no va a volver a grabar discos, por ahora, pero vamos a hacer un documental que va a salir en unos años.

–¿Podés notar qué tanto de lo que te enseñó tu padre y qué tanto son las cosas que aprendiste por vos mismo?

–No puedo discernir exactamente. Uno desde que es chico va aprendiendo de todos lados. Obviamente lo que me quedó muy marcado es el amor por la música. Haber tenido la suerte de crecer con mi viejo que, para mí, es el compositor de rock hispano más fuerte que hay y ha hecho unos discos que son increíbles y estar ahí mientras componía esas canciones es muy loco; escucharlas en el living de mi casa porque capaz las iba perfeccionando y las tocaba y cantaba, tarareaba, anotaba. No solamente mi papá, sino haber tenido acceso a ver conciertos desde chiquitito, ensayos de Fito Páez, de Charly García, que ellos hayan sido mis tíos también es muy groso.

–Y que esto ahora lo puedas compartir con tus hijos…

–Mis hijos son lo más importante de la vida y después viene todo lo demás. En casa también tenemos esa experiencia de poner un disco y bailar, disfrutar los conciertos, la música cada uno con su style, pero mostrándonos cosas. Es mucha magia eso.

El nuevo disco y el Niguiri

El nuevo disco –confiesa Dante– será más funkero. Más Niguiri Sessions. Habrá beats, pero va a girar en torno a melodías y un groove más humano. Un material muy rico en la instrumentación en el que colaborarán los mismos músicos de Niguiri, que van a estar el 9 de octubre. Dicha formación fue con Matías Rada (guitarra), Matías Méndez (bajo), Axel Intoini (teclas), Pablo González (batería), Carlos Salas (percusión) y Julieta Rada en voz, como invitada. Como los Rada están en Uruguay y no pueden venir, cubriendo a Matías estará Rama Molina que es un guitarrista muy joven, que toca increíble y tiene un talento tremendo. “La parte de Julieta no puedo contar quién la va a hacer todavía, es sorpresa”.

Los sueños de Dante

El cantautor confiesa que quiere más empatía. Un mundo menos violento y manipulado. “Siento que estamos siendo demasiado manipulados, y hay un montón de cosas que atentan contra el desarrollo espiritual”.

“Empatía con la tierra y con la naturaleza, porque cada vez nos vamos alejando más de eso y forzando al colapso del balance que había entre los animales, los árboles, el cielo, el clima. Estamos forzando a que las cosas se vayan al carajo. Que el mundo encuentre un poco de paz, donde los pueblos latinoamericanos dejemos de ser víctimas de la corrupción política, de los estallidos sociales y las falsas esperanzas que nos dan muchos líderes. Que sea un mundo un poquito más justo para la gente.

Hay mucha información dañina que de alguna manera también causa lesiones en la mente y el espíritu de la gente. Entonces tratar de concentrar en cosas positivas y empujar para adelante. No desde un lado más político, sino humanista, de decir “che el tiempo pasa, aprovechémoslo y dejemos algo, una buena huella”, es la sentencia de Dante.

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Fotos: Gentileza / Sony Music Argentina y dantespinetta.com / Marina Mónaco / Theo Lafleur.

Portada: Fotografía de Milos Nasio. Producción de POGO, Creative Co.

Fuente -> http://www.abc.com.py