Cuidar el bienestar emocional, un debate ineludible para el mundo pospandemia – Bienestar

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Sobre esta y otras cuestiones versará el Primer Simposio Virtual sobre Neurociencias y Bienestar de la Fundación INECO, un encuentro de la comunidad científica internacional que arranca este miércoles en Buenos Aires y cuyo principal propósito es brindar las herramientas necesarias para preservar nuestro bienestar emocional durante y después de la covid-19.

Este contexto tan particular llevó a los organizadores a abrir el simposio a todo el público, adaptando de esta forma las conferencias con la intención de que puedan ser comprendidas por quienes no pertenezcan al ámbito científico.”Decidimos hacerlo abierto a la sociedad internacional, va a ser en castellano e inglés, gratuito. Ya tenemos más de 15.000 inscritos y va a ser masivo, porque la gente está muy interesada en qué tiene que decir la ciencia del bienestar”, afirma a Efe por videoconferencia Facundo Manes, neurólogo y fundador de la Fundación INECO.

“Espero que el mitin tenga esta dinámica, con mucha rigurosidad científica, que alguien muy instruido en neurociencias pueda aprender y que también la sociedad pueda tener herramientas para construir un mejor bienestar en esta época”, agregó el experto, quien comparte panel con profesionales e investigadores de América Latina, España y Estados Unidos.

El bienestar como “construcción” cotidiana

Desde hace siglos, el ser humano ha tratado de desmenuzar conceptos como el de inteligencia, felicidad o bienestar, tan frecuentes en nuestro habla cotidiana como complejos de analizar desde el punto de vista científico y filosófico. Según Manes, hoy la ciencia “ha hecho avances” en este campo hasta certificar que “parte del bienestar se puede construir”, una tarea que requiere del estudio no sólo de las neurociencias, sino de otras muchas disciplinas académicas, como la economía y las artes, lo que explica el carácter interdisciplinar del simposio.

Un foro de debate que llega en un momento verdaderamente excepcional, puesto que “nunca en la historia se dio una cuarentena de estas características, tan amplia y que involucre a tantas personas al mismo tiempo”, haciendo más difícil que nunca la construcción de un bienestar sostenible en el tiempo. “Es una crisis de salud pública, pero también una crisis económica y social, es un golpe al orden internacional, una crisis política, ideológica y también moral. Todas estas crisis tienen un gran impacto en nuestras emociones y nuestros comportamientos, tanto a nivel individual como comunitario”, reflexiona Manes.

La pandemia lleva al límite nuestras capacidades

En lo referente a la salud mental, pieza indispensable en la construcción del bienestar individual y colectivo de una sociedad, ¿en qué medida se deterioró como consecuencia de la pandemia? Para el fundador de la Fundación INECO, la irrupción del coronavirus en nuestras vidas nos ha dejado “agotados” mentalmente, con nuestras “capacidades de autorregulación” al límite. “Hace meses que nosotros hacemos cosas que no hacíamos. Yo ahora salgo a la calle, veo a un amigo y me freno para abrazarlo.

Hacer cosas que no hacíamos habitualmente, como nuestros hábitos, requiere un esfuerzo mental y los recursos mentales y emocionales son limitados”, afirma Manes. La pandemia también nos ha despojado de un horizonte al que aferrarnos y ha disparado la incertidumbre sobre el futuro, un estado de fatiga mental que consume “muchísimos recursos cognitivos”.

“El alargamiento de la pandemia, la falta de horizonte en muchos países, la imposibilidad de predecir cuándo va a terminar esto y también la complicación económica aumentan el desgaste cognitivo y emocional: aparecen síntomas como ansiedad, angustia, estrés, agotamiento, insomnio, desapego, irritabilidad…”, expone Manes.

Un golpe a la salud mental

Los propios datos de la Fundación INECO avalan esta realidad: según un estudio de esta organización tras los primeros 72 días de cuarentena, los síntomas relacionados con la depresión y la ansiedad aumentaron entre la población argentina, certificando un impacto emocional tanto del coronavirus como de las medidas de aislamiento obligatorio.

Los más perjudicados emocionalmente son los jóvenes de entre 15 y 24 años, las mujeres, por el mal reparto de las tareas domésticas y la violencia machista; los ancianos, por la soledad, y los trabajadores de la salud, que llevan más de medio año trabajando a destajo para contener los efectos del virus. Esta circunstancia es común en todo el mundo, pero se hace aún más grave en el contexto latinoamericano, una región con profundas desigualdades y en donde la construcción del bienestar es aún más complicada.

“En países tan desiguales como los nuestros, aunque a uno le vaya bien en lo personal, la desigualdad social, la pobreza y los altos índices de corrupción son temas que hoy se sabe, con evidencia científica, que afectan el bienestar de uno. Creo que esta crisis debe tener una respuesta comunitaria, por eso una palabra clave es resiliencia y otra palabra clave es empatía”, destaca el neurólogo. Durante su intervención en el simposio, Manes propondrá algunas acciones cotidianas para mitigar los efectos emocionales de la pandemia: mantener una rutina sostenible, con horarios razonables; seguir en contacto con nuestros seres queridos y cuidar de la salud física son algunas de ellas.

También resulta “fundamental”, en opinión del neurólogo, “regular la exposición” a las noticias sobre la pandemia “para evitar la sobreinformación y la desinformación”, así como “saborear las pequeñas cosas” del día a día, como bailar, pintar o cantar, en aras de generar ese estado placentero en que “la noción del tiempo, del espacio y de uno mismo disminuyen”.

Una “psicoeducación masiva” para después de la pandemia

¿Y qué pueden hacer los Gobiernos para revertir esta situación? En opinión de Facundo Manes, los políticos y funcionarios de la administración, tanto en Argentina como en otros países, deberían lanzar una campaña de “psicoeducación masiva”, algo indispensable para preservar los “recursos emocionales, sociales y mentales” de la población tras la pandemia.

“Los gobiernos deberían usar los canales de información que tienen con una psicoeducación masiva y no lo hacen, no hay psicoeducación. Separar la salud física de la mental es algo muy antiguo, obviamente tenemos que preocuparnos por el virus, ¿pero cómo se recuperan económicamente los países si la gente está quemada?”, se pregunta el experto.

Precisamente, el simposio de este miércoles tratará de exponer qué elementos existen para, en la medida de lo posible, evitar ese estado de “quemazón” y alcanzar el bienestar incluso en medio de una crisis sanitaria y económica de alcance mundial.

Fuente -> http://www.abc.com.py