¿cómo sabremos que las vacunas funcionan y son seguras?

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¿Qué grado de seguridad presenta la vacuna?

En el caso de que la vacuna se administrara de forma generalizada, tanto la comunidad médica como la sociedad en su conjunto podrían estar tranquilos respecto a su seguridad.

La vacuna de Pfizer se administró a 21 999 personas. Algunas transmitieron una reacción similar a la experimentada tras vacunarse contra la gripe estacional. Hasta el momento, no se ha informado de efectos secundarios graves. No obstante, ¿cómo podemos tener la certeza de que esto seguirá siendo así cuando el fármaco llegue a millones de personas?

Para ello, los estadísticos desarrollaron la regla de los tres. De acuerdo con dicha regla, si 21 999 participantes fueron vacunados y no presentaron efecto secundario alguno, es decir, que quedó demostrada una seguridad de un 95 %, se espera que las probabilidades de que la vacuna tenga efectos secundarios estarán por debajo de tres (de ahí el nombre) dividido entre 21 999 y, por consiguiente, serán inferiores a 1 de cada 10 000. Las posibilidades de que puedan aparecer efectos secundarios parecen incluso inferiores, pero los investigadores prefieren seguir avanzando en el ensayo para confirmarlo.

La seguridad es tan importante como la eficacia. Si nos quedamos con la probabilidad de 1 de cada 10 000 y la trasladamos a los 300 millones de personas a los que se prevé vacunar solo en Estados Unidos, el número de personas que sufriría los efectos secundarios ascendería a 30 000, una cifra elevada. Está claro que los médicos tienen que garantizar que no van a causar daños, además de que cualquier efecto secundario grave atribuible a la vacuna dañaría, y mucho, su prestigio y afectaría significativamente a su acogida.

¿Cómo se debe utilizar la vacuna para que sea eficaz y segura?

Las autoridades sanitarias están ahora trabajando en cómo incorporar la vacunación en sus programas nacionales, pero los detalles al respecto dependen de distintos factores. El Gobierno de Reino Unido ha adquirido ya 40 millones de dosis de la vacuna de Pfizer, con las cuales, teniendo en cuenta que se administra en dos dosis, se vacunaría a 20 millones de personas, es decir, a toda la población de 55 años en adelante. Sin embargo, la vacunación no será rápida, ya que tanto la producción como la distribución de las vacunas llevarán su tiempo.

La estrategia también depende de lo que el programa de vacunación se proponga lograr. Las vacunas para niños, como la del sarampión, se administran a los recién nacidos para mantener inmunidad de grupo. En este caso, hablamos de que solo un porcentaje relativamente pequeño de la población necesita ser vacunado. Dada la rápida propagación de la covid-19 y los elevadísimos niveles de infección existentes, la vacuna debería llegar a un número mucho mayor de gente.

Las predicciones respecto al nivel de inmunidad necesario para alcanzar la inmunidad de grupo dependen de nuestro cálculo del número reproductivo básico de la covid-19, R₀. En ausencia de cualquier otra medida de control, este valor ronda el 3, por lo que al menos el 67 % de la población debería ser totalmente inmune para lograr que la epidemia deje de crecer. Si el objetivo fuera erradicar el virus, se tendrían que lograr valores aún más elevados.

Este nivel es difícilmente alcanzable con una eficacia del 60 %, aun cuando se decidiera vacunar a toda la población. El valor R₀=3 da por sentado la vuelta al comportamiento previo a la pandemia. Si mantuviéramos cierto nivel de restricciones y siguiéramos utilizando mascarillas, R₀ podría ser inferior y la inmunidad de grupo se volvería más fácil de conseguir.

Entre los aspectos positivos, cabe señalar que nuestros sencillos modelos podrían estar siendo demasiado pesimistas con relación a los niveles para hablar de inmunidad de grupo. Además, si resulta que alrededor del 20 % de la población ya habría contraído la COVID-19, el nivel de vacunación necesario podría resultar infinitamente más asequible.

Otra opción sería administrar la vacuna a los segmentos de la población que tuvieran un alto riesgo de infección (sanitarios y cuidadores) o que presentaran un elevado riesgo de muerte (personas vulnerables, pacientes en residencias). De hecho, esta es precisamente la estrategia recomendada en Reino Unido.

Fuente -> https://www.muyinteresante.es