¿Cómo ha cambiado la COVID-19 nuestras vidas?

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A cara tapada

Algo parecido sucedió con las mascarillas, ya imprescindibles. A lo largo de la pandemia, “se han dado pautas que confundieron a la población”, afirma Pampa G. Molina, redactora jefa de la agencia pública de noticias científicas SINC. La geóloga Teresa Moreno, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), argumenta que en un principio se debió a un “problema de disponibilidad” y a que “no había investigaciones para sostener que el agente patógeno se propagaba por el aire”. Ahora sabemos que son fundamentales para no contagiar y no ser contagiados, pues el virus “es como un aerosol, como otras partículas en el aire, y puede viajar dos metros fácilmente; de ahí la distancia de seguridad interpersonal”, añade Moreno.

Nuestros mayores, en el punto de mira

Con la población de más edad, todas las precauciones a tomar son pocas: la mortalidad por COVID-19 es muy alta en mayores de ochenta años. Y el hecho de que España sea uno de los países más envejecidos del mundo, según el sociólogo Diego Ramiro, del Instituto de Economía, Geografía y Demografía (IEGD-CSIC), resulta clave para entender qué ha ocurrido con la pandemia. Ramiro recuerda que unos 322 000 españoles viven en residencias, y que la media de edad en estos centros es de 86 años. Además, “con la mortalidad que ha habido, se perderán unos 0,7-0,8 años de esperanza de vida, más en varones que en mujeres”, augura Ramiro.

Oficinas de andar por casa

En el ámbito laboral, el teletrabajo ha sido la gran apuesta de esta pandemia. Ha traído grandes beneficios, como el descenso de los niveles de contaminación y un ahorro en los tiempos de transporte. Sin embargo, María Ángeles Durán, también socióloga del IEGD-CSIC, indica que no es cierto que trabajar en casa sea una ventaja para las mujeres porque así pueden conciliar. “Lo que sí pueden es sumar dos trabajos”. Y eso, según ella, ha conllevado un “estrés extraordinario”. Además, han surgido nuevas desigualdades laborales. Con el llamado pasaporte serológico, las empresas buscan contratar, preferentemente, personas que hayan pasado la enfermedad. “Da igual que sea legal o no. ¿Cómo lo vas a evitar? Antes te pedían que estuvieras vacunado y ahora, como no hay vacuna, te piden un certificado de anticuerpos”, argumenta Durán. Aun así, la socióloga dice que van a necesitar suerte para encontrar a alguien que responda a ese perfil si, según el último estudio nacional de seroprevalencia, solo un 5,2 % de la población española ha tenido contacto con el coronavirus.

Fuente -> https://www.muyinteresante.es