“Chonguismo” sobre meritocracia, un viejo vicio difícil de vencer

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Aparentemente, el “chonguismo” se apoderó de la administración del intendente Miguel Prieto (Ind.), quien ganó el cargo presentándose como una “alternativa diferente”. Sin embargo, rápidamente llenó la comuna de amigos y allegados. Tal es el caso de la directora de prensa, Adalid Monzón, excompañera de la universidad de Prieto, “amiga” de hace muchos años. No es comunicadora ni está capacitada para ocupar el cargo, pero ingresó a la institución tras la salida de la periodista Sofía Masi, a cambio de “favores”, conforme con las denuncias.

A su llegada, rápidamente el Grupo Nación de Comunicaciones se embolsó G. 95.000.000 en concepto de anuncios y publicidad. No es para menos pensar que sería el nexo Adalid Monzón, quien trabajó con Benjamín Livieres Plano, militante del cartismo en diversos medios de comunicación. Otra de las que sería pareja circunstancial de Miguel Prieto es la directora de medio ambiente, Karen González, quien desde que asumió en reemplazo de Juan Manuel Martínez, hace más de un año, no ha hecho prácticamente nada desde su dirección, salvo esporádicas y superficiales campañas de limpieza. Además González ubicó a su hermano en el plantel de funcionarios, Derlis González Vergara. Otra expareja de Prieto con un cargo en la comuna es Valeria Romero, titular de CODENI. La misma actualmente es candidata a concejal por el movimiento Yo Creo. Estos son apenas algunos ejemplos del “chonguismo” que reina en la comuna del Este.

El discurso de la transparencia con el que arrancó Prieto se esfumó en menos de 2 años de gestión. Así, este joven político va rindiendo tributo al amiguismo como valor para ingresar en los puestos públicos.

Durante décadas se difundió desde el poder la perversa noción de que el Estado y las instituciones públicas son como un botín de piratas a ser repartido entre los vencedores de las elecciones. Tan es así que no solo la hicieron suya los miembros del partido Colorado, sino también sus adversarios políticos, de todos los colores, ya sea en ministerios, gobernaciones, municipalidades, etc.

Esa visión gastronómica del Estado se complementa con la percepción que los funcionarios tienen de sí mismos: no creen que deben estar al servicio de los ciudadanos, de cuyos bolsillos salen los salarios, las bonificaciones, las gratificaciones, los aguinaldos y los viáticos que cobran regularmente; están convencidos, más bien, de que deben estar al servicio del partido o de las personas que hicieron posible que estén detrás de un escritorio o de una ventanilla sin haber tenido que demostrar nunca que eran capaces de desempeñarse en el cargo.

Para superar la pobreza, se necesita a funcionarios capaces y honestos que estén exclusivamente al servicio de una ciudadanía cada vez más consciente de sus derechos. El cambio de mentalidad que ello supone será favorecido por lo que mandan el sentido común y la ley; a la función pública solo deben ingresar personas idóneas. Esto se llama meritocracia y es la única forma de introducir mejoras en el aparato Estatal.

Fuente -> http://www.laclave.com.py