Capital político y reformas |

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El coronavirus y el consecuente confinamiento han tenido enormes impactos negativos en lo económico, en lo social y en lo político; la situación internacional y regional, donde todos los países también atraviesan grandes dificultades, no ofrece el mejor escenario para nuestro crecimiento futuro; con estas perspectivas, hoy más que nunca necesitamos realizar reformas estructurales de nuestro Estado, para hacerlo más eficiente y que coadyuve a la contención social y a la reactivación económica. Pero también somos conscientes de que estas reformas estructurales generan gran oposición de sectores sociales y empresariales muy poderosos, que al ver amenazados sus intereses se organizan para impedirlo. Reformas como las que el Paraguay necesita –en salud, educación, pensiones, carrera del servicio civil- exigen como primer requisito un importante liderazgo del presidente de la República, porque casi todas ellas indefectiblemente deben ser aprobadas por el Congreso. Para poder enfrentar a estos poderosos grupos organizados que se oponen a los cambios –los sindicatos públicos, los proveedores del Estado y los políticos populistas– se requiere de un presidente con un enorme capital político que Mario Abdo no tiene. El concepto de capital político es un concepto prestado por las ciencias políticas de las ciencias económicas. Todos sabemos que en la economía el tamaño del capital económico que un empresario tiene le condiciona para realizar proyectos grandes o pequeños y algunas veces –si el capital es exiguo- su única opción es intentar sobrevivir. De la misma manera el político tiene un capital político –que es más difícil de medir que el económico- que constituye su popularidad, su prestigio, los recursos económicos que tiene o puede obtener, su poder para aprobar proyectos o realizar nombramientos. Al igual que un empresario un político solamente puede involucrarse en grandes proyectos en la medida en que tenga un gran capital. Si su capital es muy pequeño, lo único que le queda también es intentar sobrevivir. Es necesario recordar este concepto teórico de capital político para darnos cuenta de que el gobierno de Mario Abdo nunca tuvo el capital político necesario para enfrentar proyectos de la magnitud que exigen las reformas estructurales. Su base de apoyo original es Añetete, una confederación de líderes donde cada uno tiene sus propios intereses, en su mismo partido político tiene enfrente a Honor Colorado con un liderazgo fuerte y con grandes recursos económicos y la oposición se encuentra fragmentada y es impredecible. En estas condiciones fue el hermano del presidente, el ministro de Hacienda Benigno López, el que intentó liderar e impulsar las reformas estructurales, hecho que lo desgastó enormemente y el avance en los diferentes proyectos ha sido prácticamente nulo. Ahora con la salida de Benigno, con un calendario electoral donde vamos a estar llenos de elecciones hasta el 2023 y con un presidente con muy poco capital político, va a ser aún más difícil llevar adelante las reformas estructurales. Si en eso no podremos avanzar, por lo menos los ciudadanos exijamos a la clase política que no agrave aún más la complicada situación económica y social que vivimos. Tenemos que recuperar uno de los pocos activos que el Paraguay tiene, que es su equilibrio macroeconómico, reduciendo en el menor tiempo posible el déficit fiscal que hoy tenemos, limitando el aumento de los gastos corrientes y aumentando los ingresos gracias a una mayor formalización y eficiencia en la administración tributaria. Eso podemos exigir a este Gobierno y dejar las reformas estructurales para el que vendrá en el 2023.

Fuente -> http://www.ultimahora.com