Balance de una pandemia

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La anterior pandemia había sido la gripe española en 1918, cuando no existían el avión de pasajeros ni la televisión y mucho menos internet y las redes sociales. Pero cuando en este año apareció el Covid-19, el mundo era diametralmente diferente: en un día había más de 120.000 vuelos transportando a más de 10 millones de pasajeros, había más de 1.700 millones de personas viendo televisión y había más de 4.500 millones de personas conectadas a internet. Desde hace tiempo sabemos que los grandes problemas que vive la humanidad son problemas globales: lo es el calentamiento global, lo es el narcotráfico, lo es el terrorismo, lo es la proliferación de armas nucleares, y, sin duda alguna, lo es la pandemia. Sin embargo estos problemas globales los estamos enfrentando desde gobiernos nacionales, por culpa del nacionalismo, del egoísmo y de la lucha de poder, reinante entre las grandes potencias. En el combate contra esta enfermedad global que es el Covid-19, ha sido patético ver cómo en lugar de coordinar acciones entre los países, cada uno tomó sus propias y contradictorias decisiones. Algunos siguieron la teoría de la inmunidad del rebaño, mientras que otros aplicaron largas y durísimas cuarentenas, algunos no le dieron ninguna importancia al problema sanitario, mientras que otros lo tomaron tal vez con excesiva importancia, descuidando problemas económicos y sociales. Además de la descoordinación de los países en el enfrentamiento de un enemigo feroz, hemos visto con indignación el egoísmo y la falta de solidaridad, de las naciones más ricas hacia las naciones más pobres. Se vio al inicio de la pandemia con el acaparamiento en la compra de los respiradores y se ve ahora con la aplicación de la vacuna, que se realizará primero en los países desarrollados y no sabemos cuándo se realizará en los países pobres del tercer mundo. Así como el balance internacional de la pandemia es terriblemente negativo, también lo es el balance del desempeño de la gran mayoría de los Estados, por supuesto incluido nuestro Paraguay. Este maléfico virus desnudó nuestra absoluta falta de estructura y preparación en el sistema sanitario, en el sistema educativo y en los sistemas de protección social y al mismo tiempo también desnudó la gigantesca e impúdica corrupción que carcome a nuestra sociedad desde hace mucho tiempo. Pero así como el Covid-19 desnudó lo malo de la política internacional y nacional, también mostró la enorme solidaridad de nuestra población, especialmente de las clases más necesitadas. Gracias a un liderazgo inicial de las mujeres del Bañado, se multiplicaron las ollas populares a lo largo y ancho del país, y era emocionante ver cómo personas de escasos recursos donaban lo poco que tenían para permitir que más personas puedan alimentarse y acceder a una comida caliente. La pandemia nos mostró lo bueno y lo malo de la gente y lo difícil que es vivir en sociedad. Cuánta razón tenía Martin Luther King cuando decía: “Habíamos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero lo que no habíamos aprendido era el arte de vivir juntos, como hermanos”. Este arte no lo aprendieron las naciones ricas y poderosas y muchos de las clases más pudientes de nuestras sociedades, pero espero que este virus que nos ha afectado a todos, nos haga ver que hay un mundo real fuera de nuestro selecto grupo social, de nuestras computadoras y de nuestras frías estadísticas. Si como consecuencia de la pandemia, iniciamos una auténtica reforma de nuestro Estado, combatimos la corrupción y construimos una sociedad más solidaria, el balance final será positivo.

Fuente -> http://www.ultimahora.com