Asunción en llamas – Opinión

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Los incendios que afectan a Asunción no son nuevos y las causas van desde las más inverosímiles a las más graves. Aunque los historiadores nunca comentaron el motivo, el primer incendio ocurrió cuando era un incipiente rancherío en 1543. La Casa Fuerte apenas llevaba seis años desde su fundación.

Las dos terceras partes de la ciudad habían desaparecido incluyendo la primera y pequeña iglesia de La Encarnación hecha de barro y madera en Loma Cavará. La parte salvada fue gracias a un arroyo, que habría sido el Jaén.

En esa ocasión se quemaron todos los documentos que incluían el acta fundacional. Asunción tuvo que renacer de sus cenizas pero ya de forma más organizada y las casas se dispusieron en adelante de forma más espaciada, no hacinadas como se venía registrando hasta entonces.

“Desde los inicios de su existencia, Asunción sufrió las calamidades de la naturaleza y del hombre. En el mismo año de fundación vino tantas langostas que el sol oscurecía y cubría toda la tierra y la destruyó, que no dejó cosa verde en ella… Cuando el proyecto de ciudad se expandía, el 3 de febrero de 1543, se produjo un pavoroso incendio que duró cuatro días. Se quemaron 120 casas, animales domésticos y granos que se guardaban para el consumo. La primera consecuencia fue el hambre”, escribió el maestro Alcibiades González Delvalle en una columna de hace unos años.

El 4 de enero de 1889 otro pavoroso incendio en la misma Loma Cavará había destruido la Iglesia de la Encarnación, la de los tiempos del Dr. Francia y Carlos A. López, luego de que una vela propagara las llamas al pesebre que se había puesto a la espera de Reyes.

El resultado fue el traslado de La Encarnación a su sitio definitivo en otra de las siete colinas.

Pareciera que la historia se repite y las calamidades se ensañan con nuestra capital cada tanto, por obra humana, natural o de los políticos.

La noticia de esta Navidad 2020 tiene tal vez casi las mismas dimensiones de aquel primer incendio. Esta vez se quemaron más de 100 casas precarias en el mismo entorno fundacional. El origen de las llamas fueron los petardos que fueron a parar sobre un cocotero. Los incendios son frecuentes en la Chacarita, pero nunca antes habían puesto en peligro un edificio del patrimonio histórico tan valioso con todo su acervo. Porque Dios es grande el viejo Cabildo no se redujo a escombros, al igual que sus reliquias, aunque sí se quemaron las oficinas administrativas y la sala de ensayos de la Orquesta Sinfónica del Congreso.

Hay que sacar provecho de la crisis como lo hizo el resto de la ciudadanía en esta pandemia. La Municipalidad de Asunción, el Ministerio de la Vivienda, la Secretaría de Cultura, Secretaría de Emergencia y, en fin, todas las instituciones inoperantes del Gobierno deben movilizarse y revertir esta trágica situación para beneficio de la Madre de Ciudades. Que una parte de Asunción resurja una vez más de estas cenizas, obviamente, para bien.

Restaurar el viejo Cabildo con todo su entorno, quitándole la “caja de zapatos” que se le había agregado a fines de los setenta en la parte posterior, y recuperar la primera Costanera con el murallón de los Bajos del edificio debe ser el primer paso.

Dado que de nuevo las plazas del Congreso son el campamento provisorio por el grave problema social alumbrado por las llamaradas (incluso peor que el que causan las inundaciones porque hay gente que quedó con la ropa puesta) sería bueno tomar una medida definitiva en bien de estos prójimos –utilizados por los políticos para cada votación– y de la República misma.

Existe un proyecto de recuperación de la fachada litoral del Cabildo con un parque que llega hasta la actual Costanera, pero como sucede con muchos planes –cuya elaboración costó millones a la ciudadanía–, duerme el sueño de los justos.

Es de esperar que las autoridades municipales y nacionales aprovechen este drama para actuar con patriotismo e inteligencia: Solucionar definitivamente el problema social en el área afectada y recuperar ese espacio genuino sobre la Bahía de Asunción. Es lo que merecen los asuncenos.

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Fuente -> http://www.abc.com.py