Artesanos musicales del hoy – Espectáculos

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Con faros como Berta Rojas, Popi Spatocco, Carlos Aguirre, “Pinchi” Cardozo Ocampo y Sergio Cuquejo, el “Pytû Mimbi” que surgió de la mente creativa de un grupo de músicos logró plasmar emociones, sensaciones, colores, paisajes, para atravesar con esperanza estos tiempos inciertos que corren.

“Pytû Mimbi” (brillo en la oscuridad) comienza con “Admonición”, de Fátima Abramo y Asunción Cantero, quienes dotan de vientos y percusión a una apertura de camino en calidad cinematográfica. Del caos y la belleza que es el miedo a entregarse, pero sabiendo que es mayor el temor a no hacerlo, las artistas traducen en su obra la fortaleza de arriesgarse.

La duda como disparadora hacia la reflexión es el mensaje de “Claroscuro”, de Esteban Godoy, quien con piano solo se abre paso entre lo cristalino y lo sombrío. Una introspectiva melodía en la que se sumergen cuerdas y batería nos cuentan que a veces sí es bueno abrazar la duda para emerger con seguridad.

La ternura y la emotividad se desprenden de “Kambuchi pyahu”, canción donde Edu Martínez empuña la guitarra y encanta con su tersa voz. Él nos entrega una pieza que nos mece y arrulla, mientras aprendemos en el día a día a renacer para ser mejores. Su sonido remite al agua fresca y las notas se elevan de ese barro del que habla, brotando de la tierra.

La “Sintonía” que Liz Martínez compuso para hablarnos de la empatía presenta colores tonales diversos que se unen de la mano de dos guitarras. Se amalgaman como lo que ella afirmó en su búsqueda de “espacios culturales más diversos, plurales e inclusivos”. Percusión y clarinete bañan los deseos de la compositora, quien plantea un tema necesario.

Con “Valentía”, Alex Cubilla nos dice que hay que perseverar. Su música refleja esa pujanza y entereza que se necesita ya sea en momentos complicados personales como colectivos, como ahora. Cuerdas en tensión sobre un clarinete que transita con esta obstinación que Alex expresa nos llegan al fondo del alma.

José Cabrera nos dibuja los ríos, la tierra roja, la amabilidad de un Paraguay que a veces está lejos en todo sentido. Con “Kunu’û renda” el clarinetista y cantor dispara melodías desde el corazón movidas por la nostalgia. Esos pensamientos son traducidos en cálida y luminosa música tradicional paraguaya, que conecta con ese país justo que anhelamos, donde sea que estemos.

El retorno a lo verdaderamente humano: la conexión entre el espíritu de las personas. Eso dice Javier Acosta con “Retorno”. El compositor toma la batuta para contarnos sobre el volver al origen, a la raíz, a lo principal de la humanidad: el entendimiento. Acosta dirige con templanza y precisión un apasionante diálogo de cuerdas que viajan entre la calma y la intensidad, como esa búsqueda constante que vivimos.

Gonzalo Cativelli dibuja el “Amparo” que significa esa fuerza superior y espiritual que representa la solidaridad. El músico consigue transmitir ese alivio, esa paz que produce que alguien te tienda una mano, con una melodía que refleja el calor de un abrazo fraterno en momentos de desesperanza.

El valor del tiempo versus el ritmo acelerado en el que veníamos es lo que cuenta “Girar”, de Franco Pinazzo. El músico subraya la importancia del hogar, del tiempo y la familia, cosas que la intensidad pareciera habernos arrebatado y no podíamos ver. Esta canción habla también de un “mundo ciego”, que a pulso de guitarra y violín él presenta con garra, esperanzado de que abramos los ojos.

A caminar juntos invita Juan Pablo González con “Andar”, pieza que navega por diferentes polos musicales en concordancia con su idea de hacer convivir sonoridades diversas en plena armonía, desde lo profundo. Cierra así de forma ideal todo “Pytû Mimbi” como concluyendo todo lo expuesto por cada autor y por la idea de Jeporeka, de hacer coexistir ideas, sueños, pensamientos, como ojalá la humanidad toda pueda un día llegar a ser. Nos dicen que soñando pero perseverando en eso es la única forma de ir hacia adelante y no atrás. Eso confirman con la música más plural pero honesta, donde imprimen en sonidos sus deseos y nos pintan sobre un lienzo no de un futuro sino ya de un presente que construyen juntos con amor por la música.

“Pytû Mimbi” es, en ese sentido, una creación colectiva que llega a puertos distintos según el cristal con el que cada compositor ve y vive la realidad que nos toca hoy por hoy. Cada micropieza que da vida a la obra citada lleva la carga emocional de cada participante que participó del encuentro virtual Jeporeka, que desafió las barreras de la distancia para unir visiones, generaciones y personalidades diferentes pero con un fin en común: canalizar a través de la música.

La mente detrás de todo es Berta Rojas, inquieta y con ideas para no dejar pasar la oportunidad de intentar sacar de un contexto desfavorable algo que nos eleve y muestre esa luz que brilla a pesar de todo y que nos sirva para, justamente, reflexionar sobre estos tiempos que corren y cómo podemos, potenciados por la música, encontrar un camino hacia la honestidad y el civismo, sin odio ni rencor.

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Fuente -> http://www.abc.com.py