Año de sueños rotos y esfuerzo por sobrevivir en la industria de la moda

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Como es habitual, el año arrancó con un agitado calendario, con la feria florentina Pitti Uomo, los desfiles masculinos y la Alta Costura de París en una edición marcada por el adiós de Jean-Paul Gaultier.Ingresando al modo Covid. Llegó la Semana de la Moda de Milán de mujer, y tras celebrarse varios desfiles con miedo al coronavirus, Giorgio Armani decidido celebrar el suyo a puerta cerrada, en el Teatro Armani, y sin invitados, como medida de precaución ante la alerta de coronavirus, pero retransmitido en directo en las redes sociales. Aunque la Federación de Alta Costura y Moda, organizadora de la pasarela parisiense, descartó anular el calendario. En aquel momento aún no se hablaba de epidemia en Francia.Nueva York y Londres también celebraron sus respectivas semana de con ausencias y menos público. Se empezaba a distribuir en la entrada de los desfiles geles hidroalcohólicos y también mascarillas. Pero con la propagación mundial del Covid-19 y la llegada de la cuarentena, todo se paralizó. Fue un golpe a la industria textil que vio cómo se cerraban la fabricas y tiendas, con el sector nupcial como uno de los más dañados y aunque algunos se reconvirtieron con diseños de día a día, otros cerraron.Un nuevo panorama. La pandemia sirvió para abrazar la calidad, la responsabilidad y la sostenibilidad, “el producto artesanal y la compra responsable de moda”, como explicó a EFE Héctor Jareño, de la firma Reliquiae, quien asegura que la moda necesita “recuperar los oficios, la fabricación local y hacer hincapié en la artesanía contemporánea, la base del consumo responsable”.Lo positivo. Con el Covid-19, los desfiles se democratizaron y se volvieron más interactivos, gracias a las redes sociales, que dieron la posibilidad de descubrir las nuevas colecciones en tiempo real y como si se estuviera en la primera fila. Dejando atrás la exclusividad y el rango social que marcaba los asientos de la primera fila, el llamado “front-row”. Se vio la solidaridad cuando grandes ateliers se volcaron a la confección de mascarillas. Muchas firmas apostaron por lanzarse definitivamente a la venta online. La conciencia sostenible aumentó, muchos diseñadores se plantearon que en menos de diez años todas sus prendas sean sostenibles o procedan de materiales reciclados. Y es que la moda sostenible se volvió un modo de vida, una emergencia medioambiental. Tanto que Carlos de Inglaterra, este año lanzó su propia colección de moda ecológica, creada por artesanos británicos. EFE

Fuente -> http://www.ultimahora.com