Anexo C, de nuevo el secretismo

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Si hacemos un recorrido por nuestra historia, los tres eventos más importantes para nuestro país han sido la Guerra contra la Triple Alianza, la Guerra del Chaco y el Tratado de Itaipú. Los dos primeros fueron enfrentamientos con nuestros vecinos y nos trajeron muerte y destrucción, el tercero fue de cooperación con un país vecino y nos abrió las puertas para hacer posible el desarrollo de nuestro país. A pesar de que el Tratado de Itaipú fue negociado en la época de la dictadura, el mismo fue ampliamente debatido en el seno de la sociedad paraguaya. Los que tenemos más años recordamos el intenso debate en la Facultad de Ingeniería entre Enzo Debernardi y Domingo Laíno y las acaloradas y apasionadas discusiones en el Congreso Nacional. No era para menos, muchos miraban al pasado y tenían una enorme desconfianza del Brasil, que con una política imperialista se había quedado con gran parte del territorio de América del Sur y que había sido el principal responsable del holocausto paraguayo en la Guerra Grande. Pero había otros que querían mirar hacia el futuro y esa obra gigantesca nos abría posibilidades nunca antes soñadas para un país pequeño, pobre y mediterráneo. Este debate sobre las ventajas o desventajas de dicho tratado ha continuado en estos 50 años de vigencia del mismo, en algunos momentos con mayor o menor virulencia; muchas veces impulsada por emociones e ideologías y otras veces por la racionalidad y los fríos intereses. Ahora que nos acercamos al año , donde el Anexo C del Tratado de Itaipú debe ser revisado, nuevamente vuelve a subir la temperatura en las discusiones sobre este tema tan importante. Recordemos que el año pasado un Acta Bilateral de contratación de energía entre la ANDE y Electrobras casi llevó a la destitución del presidente Abdo Benítez, acusado de entregar nuestra soberanía y de traición a la patria. Para apaciguar los ánimos y para hacer más transparente el proceso de negociación del Anexo C el año pasado la Cancillería creó un Consejo Asesor ad honórem compuesto por más de 40 personas de los más diversos sectores –entre los cuales estuve como invitado– que nos reunimos unas 6 veces aproximadamente, solamente para ver presentaciones en Power Point y nunca para debatir propuestas concretas de negociación. Este Consejo Asesor ad honórem ya no funciona desde hace mucho tiempo y desde fines del año pasado fue nombrado oficialmente el Equipo Negociador con miembros de los Ministerios de Relaciones Exteriores, de Obras Públicas, de la ANDE, y la coordinación a cargo del ingeniero Héctor Richer. En estos 10 meses este Equipo Negociador no ha informado a la ciudadanía sobre cuál es la visión o lineamientos que tiene el Ejecutivo sobre este trascendental tema. Se usa como pretexto que no puede hacerse pública la estrategia de negociación, pero ese comentario no resiste el menor análisis. En toda negociación, sea esta diplomática o política, los grandes objetivos y lineamientos los definen los líderes y muchas veces debe ser pública para tener el apoyo de la ciudadanía; mientras que la estrategia y los planes para alcanzar dichos objetivos son elaborados por técnicos o especialistas y estos sí pueden ser confidenciales. Cuando la Argentina invadió las Malvinas, la decisión sobre recuperar las islas por la diplomacia o por la fuerza fue de Thatcher y fue pública, la estrategia y los planes de guerra fueron diseñadas por los militares y por supuesto fueron confidenciales. Por otro lado, recordemos que vivimos en democracia y en una república, palabra que viene del latín res (cosa, asunto) y pública, populus (pueblo) que significa que los asuntos del Estado son un tema público. Si el Gobierno no define sus objetivos sobre las negociaciones del Anexo C, y luego los debate con la ciudadanía, las sospechas sobre el “secretismo” irán en aumento y tendrán impredecibles consecuencias que debemos evitar.

Fuente -> http://www.ultimahora.com