Agujeros negros y ondas gravitacionales: la detección más importante

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La detección se ha producido de la fusión de dos agujeros negros de masas mucho mayores de las que estamos acostumbrados a captar. Un agujero negro es un objeto cósmico con tanta gravedad que nada puede escapar de él, ni siquiera la luz. Y los hay de dos tipos: los agujeros negros de masas inferiores a 60 veces la masa de nuestro Sol, que se supone que se formaron por estrellas muy masivas que murieron y su gravedad las hizo colapsar sobre sí mismas; y los agujeros negros supermasivos, de más de 1000 masas solares.

Todas las detecciones de ondas gravitacionales se han producido siempre de la colisión de agujeros negros estelares, de menos de 60 masas solares; excepto esta que ha sido protagonizada por un agujero negro de 66 masas solares, y otro de 85, resultando en un agujero negro de 142 masas solares. Digamos que es un rango de masas que la física no contemplaba.

Por eso, algunos medios de comunicación han incidido en que ha sido una detección que no debería existir, o que los científicos no saben cómo ha ocurrido. Pero hay formas de explicar esta detección, sin que tengamos que refutar a Einstein ni reescribir los libros de física. Una posibilidad es que haya que revisar o retocar la física estelar; y la segunda posibilidad es que los dos agujeros negros que colisionaron a su vez sean fruto de otras colisiones de agujeros negros estelares más pequeños.

 

Esta última es la opción más probable según Alicia Sintes y Sascha Husa, dos investigadores del proyecto LIGO en España, que tuvimos la oportunidad de entrevistar aquí.

Fuente -> https://www.muyinteresante.es