A confesión de parte

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Darío Messer, el “doleiro dos doleiros”, lavador de dinero de marca mayor, cerebro del esquema que movió ilegalmente 1.600 millones de dólares en más de 52 países, el que obtuvo la nacionalidad paraguaya en 2017, el más buscado por la Justicia que estuvo oculto y protegido en nuestro país por casi un año, en estos días ha decidido cantar como un canario ante la Justicia brasileña, acogiéndose a la figura de la delación premiada y no dudó en mandar al frente a sus ex socios, incluyendo a su “hermano del alma”, el ex presidente paraguayo Horacio Cartes. Lo dice un clásico axioma jurídico: “A confesión de parte, relevo de pruebas”. La delación de Messer confirma mucho de lo que ya sabíamos y agrega detalles de una historia que supera a películas y series como El Padrino, Gomorra y O Mecanismo, profundizando los interrogantes sobre la impunidad del corrupto sistema político y jurídico que padecemos.Messer relató su larga odisea criminal internacional, que tuvo al Paraguay como escenario privilegiado. Confirmó las conexiones con Cartes en los años 80, cuando su padre Morko Messer lo auxilió financieramente en épocas difíciles, recibiendo como pago tres estancias en Amambay, propiedades transferidas a través de una empresa de maletín en Panamá. Dijo que lo visitó como presidente en Mburuvicha Róga, y que cuando empezó a tener problemas con la Justicia brasileña, le pidió cuide sus estancias.El capítulo más denso es cuando Messer, requerido por la Justicia a partir de mayo de 2018, pasó a la clandestinidad, primero oculto en la estancia del brasileño Roque Fabiano Silveira (Zero Um) en Canindeyú, a quien delata como un zar del tráfico de cigarrillos, y luego en propiedades de Joaquim da Mota, también ligado a operaciones ilegales, en Amambay. Confirma que a través de Ferreira envió la famosa carta de puño y letra a Cartes, pidiendo 500 mil dólares, y que en enero de 2019, su novia, Myra Athayde, retiró 600 mil dólares de un directivo del banco del ex mandatario.Messer no tuvo empacho en afirmar que Cartes tiene más del 60% del mercado de cigarrillos, que excede en gran medida el consumo interno, y que los fabricantes saben que la mayor parte de lo vendido va de contrabando al Brasil. No es ninguna novedad, pero sostenido ante la Justicia del país vecino por quien fue llamado de “hermano del alma” tiene un efecto distinto. Menciona otros nombres, de quienes hasta hace poco aparecían en las secciones de sociales como grandes empresarios y hoy evitan toda presencia pública, aunque no los molesta la Justicia local. La delación del “doleiro” genera un escándalo de imprevisibles consecuencias en Brasil. Mientras aquí, un equipo de la Fiscalía que se ha enterado poco y tarde, se sigue moviendo con la velocidad de un caracol para investigar lo ya investigado y no se preocupa de producir ningún resultado, menos ahora que la Operación Cicatriz ha unido las grietas en el partido oficialista y calmó cualquier acción investigativa. Solo quedan algunos molestos prints de pantalla de aquel celebrado tuit presidencial del 31 de julio de 2019, que decía “¡Acepto la pelea! ¡Por un Paraguay sin mafias!”, instalado en el inconsciente colectivo como un lejano eco de lo que no pudo o no quiso ser.

Fuente -> http://www.ultimahora.com