A cien años de la Liga de las Naciones Unidas

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La caída del Imperio Romano (476 d.C.) significó la partición de un territorio inmenso y densamente poblado, que abarcaba la mayor parte del mundo conocido, en multitud de reinos de orientación inicial bárbara, y luego romanizado por adopción. En la fragmentación dicha, corrió igual suerte la moneda y la religión. La unicidad cristiana se desgajó con la aparición de los musulmanes (desde el siglo VII d.C.), que con violencia exterminaron a los no creyentes en sus territorios. La respuesta cristiana fueron las cruzadas (s. XII y XII d.C.). En occidente, la reforma luterana significará el fin de la unicidad religiosa cristiana, con sus guerras, la de los 30 años (1618-1648) que significó empero su culminación, con un encuentro inmenso para su tiempo a través de las paces de Westfalia, primera paz internacional que radicó parte del acuerdo en pautas políticas y/o religiosas. Hija inconclusa de Westfalia fue el congreso de Viena (1814-1815), el que a partir de lo político tratara de crear una paz universal, a partir de la implantación de un severo conservadurismo en lo gobernativo. EL CONGRESO DE VIENA Esta reunión de más de 30 estados va a significar, por la cantidad de participantes (y hubo tres encuentros más en una década), un movimiento para combatir básicamente los signos perdurantes de la revolución francesa. A consecuencia de ese espíritu, surgieron con fuerza el liberalismo, el nacionalismo y el imperialismo. Estas fuerzas llevarán a que, sobre todo en 1914, estalle la gran guerra, en donde se contraponen estas corrientes y concluirá ese estado de cosas por la firma de los Tratados de Versalles, Saint Germain, Trianón y Sévres. La paz principal, la de Versalles, será signada por Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Estados Unidos, Portugal, Bélgica, entre otros. Suscripta en junio de 1919, contiene, amén de sus cláusulas económicas, territoriales, coloniales, de responsabilidad bélica, etc., a ingresar a un organismo internacional que se denominara la Liga de las Naciones, o sea, la nucleación de los estados en guerra y de otros estados soberanos. Este acuerdo conciliador fue idea principal de los Estados Unidos y, sin embargo, fue precisamente este país el que, al no ser ratificado este tratado por el congreso norteamericano, no formó parte de él. El tratado debilitó ocasionalmente a Alemania, país perdedor de la guerra, pero sobre todo lo perturbó, dando así un golpe fuerte a la búsqueda de paz. PARTICIPACIÓN DEL PARAGUAY La Liga de las Naciones comenzó a funcionar el 15 de noviembre de 1920 en Ginebra, Suiza. Fueron 52 estados los miembros iniciales, entre los que figuró el Paraguay. No eran muchos los Estados miembros, porque pocos eran los Estados independientes. Se eligió Suiza como sede de la Liga por ser un Estado de permanente neutralidad desde hacía siglos. La Liga de las Naciones reunió a grandes europeístas partidarios de la paz y la conciliación, pero carentes de medios compulsivos para detener la guerra. La organización no pudo obtener la paz en las guerras que se sucedieron (la guerra chino-japonesa 1931, el conflicto etiope-Italiano 1935, la guerra boliviano-paraguaya, la invasión de Austria y Checoslovaquia por Alemania y ni qué decir la Segunda Guerra Mundial, 1939, y tantos otros acontecimientos). En el caso del Paraguay, en la Guerra del Chaco, la Liga confió al ABC (Argentina, Brasil y Chile) la solución del caso. Al prolongarse el estado bélico envió una delegación de diplomáticos encabezada por Julio Álvarez del Vayo (noviembre de 1933 a enero de 1934) que se constituirá en el Paraguay, el Chaco y Bolivia y cuyo informe presentado al organismo motivara que, en febrero de 1935, levantara el estado de embargo de armas contra Bolivia y lo declara subsistente respecto al Paraguay. El Paraguay se retiró un día antes de la Liga. La Liga de las Naciones va a seguir subsistiendo en teoría hasta 1946, en que todo su acervo será entregado al nuevo organismo internacional que se va a crear. Un gran jurista e internacionalista paraguayo, el Dr. Juan Stefanich, tanto en su tesis universitaria como en diversas exposiciones, defendió el proyecto. El organismo internacional, sin embargo, parecía lejano y sin fuerzas. A 75 AÑOS DE LAS NACIONES UNIDAS En mayo de 1945 terminaba la guerra en Europa. En el espíritu de los estados que habían asistido a esa horrorosa hecatombe está el de crear un organismo de paz, con la experiencia ya surgida de la liga. Así, ese mismo año va a suscribirse la carta fundacional de las Naciones Unidas, nombre ya con fuerte influencia norteamericana mientras que la Liga era de preferencia europea. Amén de ello, el organismo estableció su sede en Estados Unidos, New York, entonces más que ahora centro comercial y político mundial. Estados Unidos parecía en ese momento un país dotado de un gran espíritu democrático y pacifista. El Paraguay fue uno de sus miembros fundadores, porque tuvo que declarar la guerra (febrero de 1945) a Alemania, como tuvo también que hacerlo la Argentina (marzo de 1945), último país americano en hacerlo. Tenían que demostrar por la declaración de guerra su espíritu antifascista, el Dr. Celso R. Velázquez, también ilustre jurista e internacionalista, fue el suscriptor de ese cuerpo de paz. Desde su creación, las Naciones Unidas demostró tener sus puntos altos y bajos. No pudo conciliar la paz durante la larga, cruel y bárbara Guerra Fría (1946-1989), dio su respaldo a la Guerra de Corea (1950-1953), no pudo frenar la Guerra de Vietnam (1964-1973), tampoco la invasión a Afganistán por Rusia y las guerras de y con Irak, como tantos otros conflictos que engalanan las páginas diarias de los periódicos. Actualmente Naciones Unidas tiene más de 180 estados miembros (y varios estados observadores), la Santa Sede, Suiza, etc., pero la voz y la figura del secretario de las Naciones Unidas, hasta hace 50 años profunda e importante, hoy en día pareciera haberse vuelto más bien un cargo de gobernar un organismo mastodóntico y burocrático. Para el común de las personas, las Naciones Unidas carecen de relevancia e importancia y su peso es menos que el simplemente moral. A veces la propia acción de otros países consigue un resultado mejor, como el de la propia Santa Sede, que en 1978-1979 evitó la guerra entre Chile y Argentina. Y si falta hacer cumplir los grandes principios las Naciones Unidas es hoy en día un organismo internacional de alto vuelo y poco resultado.

Fuente -> http://www.ultimahora.com